La niñez de Marta Minujín, Gino Bogani, Sara Facio, Cristiano Rattazzi, Pepe Cibrián, Eleonora Cassano, Teté Coustarot y Carlos Bilardo.
Con motivo de la celebración del Día del Niño, PERFIL reunió a ocho personalidades destacadas en distintos ámbitos para que recuerden momentos especiales de su niñez: desde sus libros y juguetes preferidos, hasta los veranos en familia y los pasatiempos que atesoran en un rincón de la memoria.
Cristiano Rattazzi, Teté Coustarot, Marta Minujín, Pepe Cibrián, Gino Bogani, Eleonora Cassano, Carlos Bilardo y Sara Facio comparten las imágenes y anécdotas más representativas de una infancia que los formó y marcó el camino que los llevó al lugar que ocupan hoy.
Marta Minujin
“Los Reyes me regalaron un plato de frutas”
“De niña vivía en la misma casa donde ahora funciona mi taller. Recuerdo mi fiel amor por los Reyes Magos. Los esperaba con tanta ansiedad que no me olvido del primer regalo que me trajeron: fue un plato lleno de frutas. Yo era un diablo desde chica. Jugaba dentro de esa casa, no salía al barrio. Era peligroso San Cristóbal por los años 50. Venían mis primas y subíamos y bajábamos los 48 escalones de una larga escalera blanca que había en la casa porque representábamos la historia de Aladino. Me pasaba las tardes enteras jugando o leyendo.
La tragedía ocurría a la hora de la cena. Odiaba sentarme a la mesa. Mi padre era médico y sobre todo muy estricto. Yo me ponía a comer en el piso junto al perro boxer, que adoraba. Y mi padre me sacudía fuerte y yo sufría. Mi madre era buenísima. Cantaba y tocaba en el piano canciones andaluzas. Tuve un hermano que era pupilo en la escuela y hablaba idiomas. El contraste era muy fuerte, yo era la oveja negra.
En la escuela era buena alumna, me la pasaba dibujando en clase, leía mucho y no necesitaba estudiar demasiado. Era muy existencial y buscaba algo que no sabía qué era. A los 7 años me di cuenta de que era artista. Recién a los 11 pude escaparme de la escuela y hacer el examen de ingreso para el Bellas Artes. En ese momento sentí que había crecido de golpe. Lo que buscaba lo encontré en el arte. Y finalmente a mis 15, lejos de ser una nena, conocí la felicidad con mi primera exposición”.
Pepito Cibrian
“Era fanático de Peter Pan”
“Era un niño muy solitario; tenía que compartir a mis padres con su profesión. Los domingos me encantaba ir a ver a mi madre al teatro. Entre la primera y la segunda función había varias horas de descanso. Los actores se reunían a charlar en su camarín, y yo quería estar con ellos. Al otro día tenía que levantarme temprano porque iba a colegio pupilo. Con mis amigos armaba proyectos como si fuera director y escribía obras. Me gustaban las historias de faraones. Era fanático de Peter Pan, tenía el libro siempre bajo la almohada. Con el correr del tiempo supe que quería sentir que me gritaran “bravo”, y siento que lo logré”.
Sara Facio
“Un circo se instaló en casa”
“Viví en una casa grande, llena de luz y con muchas mascotas. Tenía varios perros, gatos, pájaros. Se vivía una libertad que no existe más. Me crié en San Isidro y me gustaba andar por las calles del barrio, libre para observar y permitirme ser curiosa. Junto a mis dos hermanos nos divertíamos mucho. Yo era la del medio y como única mujer, era la mimada de papá. Mi mamá estaba muy presente con nosotros. Era ama de casa y además organizaba el restaurante familiar, que funcionaba al lado de nuestra casa.
Una de las muchas imágenes que recuerdo es el circo que se instaló en casa. Todo fue por unos amigos de mi papá, que eran de la municipalidad. Durante un tiempo papá le permitió a la compañía circense que se instalara en casa. Tendría 6 años y cada mañana veía a los trapecistas y bailarines, con sus trajes de colores, salir de la carpa. Además, había payasos, que me hacían reír mucho. Siempre los observaba para ver cómo hacían cada una de sus piruetas.
En ese mismo tiempo empecé a dibujar, pasaba horas con mis lápices y hojas. Mi familia me apoyó mucho, al igual que mis maestras del primario que me incentivaron para que practicara técnica de dibujo y pintura.
Pasaba los veranos utilizando mi imaginación o jugando con los amigos del barrio. Una de nuestras actividades era buscar todo tipo de insectos. Después los coleccionábamos en cajitas. Nos encantaba mirarlos y pasábamos horas hablando de ellos. Mi infancia es el mejor de mis recuerdos, la viví con mucha ternura y amor familiar”.
Carlos Bilardo
“En el verano vendía flores”
“Caminaba desde casa para ir al colegio, vivía en La Paternal y era muy obediente. Mi mamá a los 6 años me llevaba tres veces por semana para hacer ejercicio físico. Tomábamos dos colectivos y la recuerdo con amor porque tenía una paciencia increíble.
Una vez dije una mala palabra y mi abuela, que era costurera, me pinchó la lengua con un alfiler, y nunca más la repetí. Mis padres eran muy estrictos.
Mi mamá no me dejó salir por un mes porque en el boletín tenía una materia con “suficiente regular”. En vacaciones, vendía flores con un carro o a veces verdura. A los 12 mi papá me llevó a probarme a San Lorenzo y gracias a que insistió me dieron una oportunidad”.
Gino Bogani
“Llamaba a la radio para ganar entradas de cine”
“Voy a cumplir 70 años y puedo decir orgulloso que tengo muy buenos recuerdos de la infancia y todavía identifico en mí cosas del niño que fui. Mis primeros recuerdos son de Florencia, Italia. Iba a jugar a la Piazza della Signoria como si fuera el patio de mi casa. Vinimos a la Argentina en barco, cuando yo tenía 5 años y medio, porque un hermano de mi mamá vivía acá. No me explicaron demasiado, un chico de esa edad hoy tiene mucha más información de todo.
Mis padres, Francesco y Alma, me dieron siempre mucha libertad, pero eran estrictos. Hoy se los agradezco porque me dio una disciplina y una conducta que me vino muy bien en mi carrera. Tuve un vínculo excelente con ellos. Crecí rodeado de muchos juguetes y hermosos libros. Tenía un tanque alemán que superaba obstáculos y lanzaba chispas”.
Desde pequeño fui fanático del cine. En Rosario, donde vivíamos, había un programa de radio donde si respondías sobre las películas te ganabas entradas. Yo llamaba todos los días, hasta que un día me dijeron que no concursara más, que ellos me darían las entradas. También me encantaba actuar, en el colegio hacía un monólogo en el que aparecía con un pijama de seda celeste.
Fui buen alumno, pero no el mejor. Era bueno en castellano e historia y una bestia en matemáticas. Pero sí era líder, siempre tuve mucha personalidad y fui extrovertido. No me vestía como el común de la gente. Siempre llamé la atención.
Tete Coustarot
“Andaba todo el día en bicicleta”
“Crecí en General Roca, Río Negro, y tuve una infancia de jugar mucho en la vereda y andar en bicicleta con mis dos hermanas y amigos del barrio. Salíamos solas y no había ningún problema. Los veranos íbamos a Mar de Plata y les pedíamos a los Reyes Magos un televisor, porque en casa no teníamos. Era lo máximo para mí. También recuerdo los carnavales, cuando nos disfrazaban y nos sentábamos en la vereda a tirar bombitas de agua a la gente que pasaba. La lectura fue una cosa muy fuerte en mi infancia: me apasionaba leer los libros de Louisa May Alcott. Cuando tenía 6 años fueron Los Cinco Latinos a Roca y con una de mis hermanas los espiamos desde la vereda: cuando salió Estela Raval con su vestido blanco quedé impactada, fue mi primer contacto con el espectáculo”.
Cristiano Rattazzi
“Odiaba que me mandaran a dormir la siesta”
“Hasta los 8 años viví en Buenos Aires, después me fui a Italia. Mis recuerdos de esa época son los del campo, en Balcarce. Me la pasaba corriendo y jugábamos mucho con los regadores de agua, nos divertíamos mucho. Había un juego que era una especie de mancha a caballo donde había que ir a la cancha adversa a robar la bandera y volver, era cuatro contra cuatro. Yo aprendí a andar a caballo de muy chico, a los 5 años. También tenía un autito a motor, al que yo subía y todos me empujaban. Era celeste con el asiento rojo.
Después del almuerzo, mi madre siempre nos hacía ir a dormir la siesta, y yo odiaba eso, porque si no me quedaba dormido tenía que estar una hora y media mirando al cielo y me aburría. Escuchábamos la radio también, todo lo que pasaba, como la caída de Perón en el ’55. Mi madre nos hacía escuchar Chopin y música clásica y recuerdo que con mis hermanas escuchábamos Perfidia.
Los veranos viajábamos a Punta del Este y a veces a Bariloche, donde íbamos a pescar. Una vez se nos pinchó el gomón y nos tuvieron que ir a buscar, en el lago Espejo. Recién a la medianoche nos encontraron, yo me había dormido ya.
Ya en Italia, me acuerdo de una noche que estábamos en casa de mi tío Gianni en Torino, y los mayores vieron la película La Dolce Vita. Yo quería verla pero no me dejaban porque era chico, tenía 10 u 11 años. Por supuesto que la vi años después, pero no me dejaron hacerlo en ese momento; y eso es algo que me acuerdo mucho”.
Eleonora Casano
“Me gustaba mucho patinar”
“Pasaba las tardes patinando. Me crié en Boedo y me encantaba ir a unas cuadras cerca de casa a patinar sobre unas veredas que eran más lisas. En las vacaciones familiares, patinaba en la Rambla de Mar del Plata. Era tranquila pero siempre buscaba cómo entretenerme con mis hermanos. En casa teníamos una pileta de lona y metíamos tablas de madera y cosas para hacer desafíos acuáticos. Para mí las tardes eran para jugar y no para dormir la siesta. Pero mamá nos obligaba y lo sufría mucho.
A los 7 años me llevaron a ver ballet y salí queriendo ser bailarina. Mis padres me llevaron con Olga Ferri y luego empecé a estudiar en el Colón. Fui una nena que jugaba y estudiaba para ser bailarina. Eso hacía que fuera feliz”.


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