Hubo críticas al Gobierno nacional por sus nexos con Venezuela, pero especialmente a Macri por la vinculación de las escuchas ilegales con el familiar de una de las víctimas.
Kirchner, que llegó casi veinte minutos más tarde al acto, agachó la cabeza cuando Marina Degtiar, integrante de la agrupación Familiares y Amigos de las Víctimas del Atentado contra la AMIA,cuestionó al Gobierno nacional por sus relaciones con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en virtud de la relación que éste mantiene con Irán, al que identificó como un estado “que financia y sostiene al terrorismo”.
Similar actitud tomó Cobos, quien se encuentra a cargo del Poder Ejecutivo a raíz del viaje de Cristina Fernández a China. El vicepresidente, que sí llegó con puntualidad, prefirió no hacer comentarios sobre el cuestionamiento de Degtiar.
La ceremonia comenzó a las 9.53 frente a la sede de Pasteur 633, en el barrio porteño de Once. A esa hora había una sensación térmica de un grado, pero el ruido de la sirena que comenzó a sonar a la misma hora en que el 18 de julio de 1994 voló la AMIA creaba un ambiente helado. Aunque no fue uno de los oradores durante el acto, el vicepresidente de la AMIA, José Scaliter, también criticó las relaciones de la Argentina con Irán. Las catalogó como “una contradicción”, mientras el Gobierno denuncia al país islámico ante los organismos internacionales por la falta de colaboración con la Justicia en la causa de la mutual judía, el incremento comercial entre ambos estados aumenta.
“En el país damnificado que es la Argentina, los jueces argentinos demostraron y sancionaron a los iraníes que se supone intervinieron en este atentado, y seguimos hablando con un Gobierno que no sólo no lleva a estos criminales para ser juzgados sino que, además, les da cargos ministeriales. Es una verdadera burla”, se indignó el vicepresidente de AMIA.
Para Scaliter, “el eje entre Irán y Venezuela es un eje del terror y el antisemitismo, y a pesar de ello, Chávez sigue siendo un aliado preferencial de la Argentina, con un trato preferencial”. A la vez que consideró que “hay intereses políticos” para que la investigación del atentado “no avance”.
Durante su discurso, el presidente de la AMIA, Guillermo Borger, pidió al Gobierno que “extreme y agote todas las medidas a su alcance” para detener y condenar a los responsables del atentado.
Borger mantuvo un discurso diplomático, evitó criticar al Gobierno y respaldó la investigación del fiscal del caso, Alberto Nisman. “Vimos algunas luces de esperanza, pero en éste, mi último discurso, debo confesar que mucho, muchísimo falta por hacer”, advirtió antes de alentar a “continuar gritando, exigiendo el esclarecimiento de la causa AMIA, y prevenir al mundo que, sin justicia, sólo hay negacionismo que genera terror, espanto, muerte, fundamentalismo”.
Quien más críticas cosechó fue el ausente jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, procesado por el escándalo de las escuchas ilegales. Justamente el caso estalló por una denuncia de uno de los espiados: Sergio Burstein, uno de los principales dirigentes de la agrupación Familiares y Amigos de las Víctimas del Atentado contra la AMIA.
Fue Degtiar quien habló sobre las escuchas ilegales: “Nos inventaron causas para escucharnos ilegalmente. Este fue el costo que nos hicieron pagar por reclamar al jefe de Gobierno de la Ciudad la destitución de quien estaba a cargo de la Policía Metropolitana (Jorge ‘Fino’ Palacios), involucrado en el encubrimiento del atentado”. Sólo los ministros de Educación de la Ciudad, Esteban Bullrich, y de Cultura, Hernán Lombardi, fueron los funcionarios del gobierno de Macri que se animaron a estar bajo la mirada de todos.
Kirchner prefirió estar a la mayor distancia posible de Cobos. Se mantuvo al lado de Baltazar Garzón y de la titular de las Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto. El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y los ministros Julio Alak, Carlos Tomada, Alicia Kirchner, Juan Manzur y Alberto Sileoni, fueron las caras visibles del Gobierno.
















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