Con el visto bueno del titular de la casa de estudios, el secretario de Hacienda de la institución maneja discrecionalmente cerca de 2000 millones de pesos. El funcionario es acusado por irregularidades en la adjudicación de licitaciones.
Al frente de la Secretaría de Hacienda y Administración de la UBA, Giusti maneja un presupuesto que ronda los 2000 millones de pesos. El funcionario enfrenta ahora serias acusaciones por malversación de fondos.
Así se desprende la denuncia hecha ante Tiempo Argentino por la empresa Indeco Sudamericana SRL, que responsabilizó a la secretaría que dirige Giusti de haberla excluido injustificadamente de tres licitaciones. La compañía aseguró que en todos los casos sus ofertas fueron las más económicas, pero que terminaron desestimadas por haberse negado a "dejar ciertos beneficios internos".
La historia comenzó a finales de 2009, cuando se llamó a licitación para la renovación de instalaciones eléctricas en el Hospital de Clínicas, dependiente de la Facultad de Medicina de la UBA, y ocho firmas se presentaron para pujar por la adjudicación. Una de ellas fue Indeco -dedicada a la ejecución de obras electromecánicas-, que se posicionó en el primer puesto en cuanto al monto presupuestado, $ 5.047.002, mejorando las ofertas de sus competidores. A esto se sumaban los buenos antecedentes que la empresa había mostrado en tareas realizadas con anterioridad para la UBA, según se desprende de la evaluación hecha por los inspectores de obra de la universidad.
De acuerdo al relato del gerente general de Indeco, el ingeniero Gabriel Muñiz, en mayo de 2010 el subsecretario de administración de Hacienda, Adolfo Reichemberg, se comunicó telefónicamente con representantes de la empresa para informar que se les había preadjudicado la licitación.
Sin embargo, a los pocos días y de forma sorpresiva para Muñiz, las tareas fueron asignadas a otra firma. Efectivamente, la obra resultó adjudicada a Green SA que, según consta en el expediente 28345/09 begin_of_the_skype_highlighting 28345/09 end_of_the_skype_highlighting, ofertó $ 5.920.232, es decir, casi 900 mil pesos más que la compañía de Muñiz.
En un comunicado enviado a la Secretaría de Hacienda el 30 de agosto del año pasado, Indeco sostuvo que la empresa adjudicataria cotizaba algunos valores hasta 7,5 veces más caros.
Luego del episodio del Clínicas, otras dos licitaciones de la UBA en las que Indeco participaba y donde también hizo la mejor propuesta económica, resultaron preadjudicadas a otras firmas.
Uno de los casos fue en la Facultad de Psicología, en el marco de un llamado a concurso público para la renovación de la instalación eléctrica. En esta licitación, la compañía denunciante ofertó $ 1.783.352, pero de acuerdo al expediente 0018539/09, la tarea fue preotorgada a la contratista Coinal SA, que para las mismas refacciones pedía $ 1.867.572. Otra vez, Hacienda escogió una opción que demandaba mayores gastos, en este caso, $ 84.220.
Otro tanto pasó en los pabellones "Uballes" y "Genética" de la Facultad de Agronomía, donde la UBA dispuso realizar similares tareas de mantenimiento que en Psicología y en el Hospital de Clínicas. Nuevamente y de acuerdo al expediente 13452/10 begin_of_the_skype_highlighting 13452/10 end_of_the_skype_highlighting, Indeco hizo la oferta más baja: $ 1.295.414, pero volvió a quedar en el camino. La preadjudicación resultó ser, otra vez, para Coinal SA, que había tasado la obra en $ 1.493.000, casi 198 mil pesos por sobre lo propuesto por Indeco.
Si se suman los montos de los casos objetados por Muñiz, la diferencia entre lo que presupuestó su compañía y la opción escogida por la universidad alcanza $ 1.155.036. Y si bien Indeco impugnó estas tres licitaciones, sólo obtuvo respuesta por una: la del Clínicas, donde la Comisión Evaluadora de la UBA sostuvo que su estructura operativa resultaba "insuficiente" en cuanto a la "capacidad requerida para plazo de obra".
En el resto de los casos, ya en las actas de evaluación la Secretaría de Hacienda había sostenido que la firma poseía malos antecedentes como contratista de la universidad. Sin embargo, la documentación aportada por Muñiz indica que las tareas hechas fueron calificadas positivamente por los funcionarios de la Dirección General de Construcciones Universitarias (DGCU), dependiente de la UBA.
Así fue en una instalación eléctrica realizada en 2007 para la Facultad de Odontología y en otras tres obras que datan del año 2009: el remplazo de transformadores en la Facultad de Ciencias Exactas, la "optimización eléctrica" en la Dirección General de Salud y Asistencia Social y la remodelación de baños en el edificio de Ciencias Económicas.
En cuanto a la obra en Económicas, donde Indeco y la UBA rescindieron de mutuo acuerdo su contrato, la empresa obtuvo de todas formas la mejor calificación en cuanto a "calidad de los trabajos ejecutados, materiales utilizados y detalles de la terminación", según consta en un informe de la DGCU fechado en diciembre de 2010.
Para Muñiz, todos estos elementos vienen a confirmar su acusación. Y las sospechas que pueden surgir de su relato son las mismas que suelen escucharse hacia el interior de la propia institución universitaria. Así quedó registrado en diálogos informales entre personal jerárquico de la DGCU a los que accedió este diario. En esas charlas, es común escuchar frases como "todos sabemos que están pidiendo guita"; "hay empresas que tienen ocho obras, se dice que son amigos, que son socios, pero bueno… siempre pasó"; o "me hicieron firmar una licitación que no sé de qué era, me agarraron en un rincón y me apretaron".
Tiempo intentó contactarse con Hacienda para escuchar su versión sobre los dichos de Indeco, pero al cierre de este artículo no había obtenido respuesta. En esa cartera, el secretario Giusti está secundado por otros dos funcionarios que, al igual que él, se encuentran ligados al sector privado de la construcción y con los que incluso comparte negocios: Adolfo Reichemberg y Eduardo González Feilberg.
Giusti, que fue nombrado en julio de 2009 por el rector Rubén Hallú, es un economista de 43 años, formado políticamente al calor de Franja Morada, la agrupación universitaria del radicalismo. Con el tiempo, sin embargo, fue acercándose al PRO, tanto que en 2009 fue candidato a legislador porteño por el partido del jefe de gobierno Mauricio Macri. Se quedó afuera del parlamento por apenas un lugar en la lista: ingresaron once y él tenía el puesto número 12. Luego de esa frustración electoral, llegó a la gestión académica. Hoy, al tiempo que controla las finanzas y las obras que se licitan en la UBA, Giusti integra el directorio de Inmu-Ideas SA, dedicada a la construcción "por medios de licitaciones públicas o privadas en el país como en el extranjero". Según figura en la declaración jurada presentada por Giusti ante la Oficina Anticorrupción (OA), la empresa se especializa, justamente, en "residencias universitarias". Tiempo pudo ratificar la información al comunicarse con la sede de Inmu-Ideas, en el segundo piso de Montevideo 711.
En cuanto a Reichemberg, que se desempeña como subsecretario de Administración, conoció a Giusti en los años noventa, en la Facultad de Ciencias Económicas. De hecho, ambos ocuparon la Secretaría de Hacienda de dicha institución. Pero no sólo comparten el manejo de las arcas universitarias, sino que también son socios de la compañía Estrategia y Gestión SA, dedicada a la consultoría. Reichemberg, además, es parte del directorio de otra consultora, Nexo Económico SA, y como Giusti, participa de sociedades vinculadas a la construcción: Broker Energético SA, Energix SA y Emana SRL, abocada al "mercado electrónico de gas".
La mesa chica de la Secretaría de Hacienda la completa González Feilberg, otro funcionario que reparte sus horas de trabajo entre la actividad pública y la privada. Según la tarjeta con la que él mismo se presenta, Feilberg es "asesor de instalaciones termomecánicas" del Estudio GF Instalaciones SRL, firma dedicada a "proyectos y dirección técnica de obras civiles, industriales y de equipamiento". En la UBA, Feilberg ocupa un cargo similar: "asesor de instalaciones termomecánicas y especiales" en la comisión evaluadora dependiente del Rectorado. Se trata del organismo que desestimó a Indeco en la licitación del Hospital de Clínicas.
Si bien Giusti y la mayoría de quienes lo acompañan en la toma de decisiones llegaron a los cargos actuales junto con Hallú, sus antecedentes se remontan a la gestión del rector Oscar Shuberoff, una de las más cuestionadas y salpicadas de escándalos en la UBA. Giusti, en especial, creció bajo el protectorado de Shuberoff. Ya había manejado las finanzas de la universidad entre 1998 y 1999, cuando se intentó arancelar el ingreso y la institución comenzó a adaptarse, cada vez más, a los intereses del mercado.


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