Ayer los hijos de Héctor Espil hicieron entrega del local a Antonio Corredera, por lo que se presume que la céntrica confitería La Recova no volverá a abrir sus puertas. Cerrada desde el fallecimiento de Espil, ocurrida el 21 de mayo último, la situación dejó en la calle a dieciséis trabajadores que, imprevistamente, de un día para otro se quedaron sin trabajo.
Uno de los mozos que trabajó hasta el último día en el lugar, le contó a LA ARENA que los empleados quedaron "en muy malas condiciones, porque si bien en mi caso alcancé a cobrar, hay otros compañeros a los que les debían dos meses y no pudieron hacerlo. Además el dueño (Espil) le debía dos meses (unos 50 mil pesos) a Antonio Corredera, quien le alquilaba el salón". Algunos trabajadores han tenido que concurrir a entidades bancarias donde tienen compromisos asumidos para solicitar que se tuviera en cuenta la situación por la que atraviesan y les reconsideraran las condiciones de pago.
Vía judicial.
El hombre, quien se desempeñaba como mozo de la confitería, y que empezó a trabajar en el lugar desde que abrió -con un breve interregno en que se fue del comercio-, dijo que "fue todo muy imprevisto. Cuando falleció Héctor esperamos los tres días de duelo, y enseguida fuimos a hablar con sus hijos (Martín y Florencia que están en Santa Rosa. El tercero, Juan, permanece en Lincoln, provincia de Buenos Aires), quienes nos pidieron que le diéramos un plazo muy breve para ver qué iban a hacer. Lo cierto es que cuando volvimos nos dijeron que ellos no estaban dispuestos a reabrir", lo que obligaría a los empleados a plantear el cobro de sus haberes por vía judicial. No era lo que queríamos pero no tenemos otra opción", dijo mientras revelaba que el Gremio Gastronómico está actuando en el tema.
"Ellos por supuesto no tienen obligación de hacerse cargo del negocio", admitió el trabajador, quien ahora tuvo la suerte de conseguir trabajo exactamente en la vereda de enfrente. "Somos dos los que vinimos aquí y conseguimos empleo", contó, pero no sabe qué pasará con los otros catorce compañeros, algunos de los cuales estaban "en negro" en La Recova.
En la tarde de ayer, en el estudio jurídico Palazzani-Ramos, los hijos de Espil hacían entrega de las llaves a Antonio Corredera. Todos los elementos del comercio, mesas, sillas, máquinas, etc., quedaron dentro del local y por ahora no serán retirados. Algunos serían propiedad de Espil, y otros del propio Corredera.
Una versión da cuenta que Antonio Corredera -por un problema sucesorio- estaría inhibido por la justicia para volver a alquilar a un tercero el local. Todo indicaría que de no ser el propio Corredera quien se haga cargo, La Recova no volverá a abrir sus puertas.
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