La vida y la obra de Fray Mamerto Esquiú fueron reseñadas hoy durante un emotivo homenaje realizado en el paraje El Suncho, a unos 220 kilómetros al sur de la capital catamarqueña, donde murió hace 129 años.
El incidente "me paralizó un brazo y se me corrió la boca", describió Cabrera y comentó que al pasar por la localidad de Esquiú, mientras lo trasladaban a la capital provincial en ambulancia, se encomendó al ilustre franciscano.
"Le pedí con toda la fuerza de mi corazón al padre Esquiú que me ayudara y así llegue al Hospital San Juan Bautista. El médico me dijo que era grave, que tenía como mínimo 15 días de internación y yo le repetía `mañana me voy`", y "así fue que al otro día estaba sano y salvo, y me levanté", afirmó.
El cura dijo que quiso celebrar la misa en El Suncho "en señal de agradecimiento" y que también se comprometió "a llevar el nombre de Fray Mamerto al lugar donde vaya, porque es una vergüenza que muchos catamarqueños no conozcamos su vida, su historia.
La asesora de la Filial 1 de Esquiú, Sila Ávila agradeció la presencia de los fieles y les pidió "que sigan creyendo en el Padre Esquiú, que les transmitan a sus hijos y amigos de su existencia y humildad".
Humberto Valdez, intendente de la localidad que lleva el nombre del religioso, destacó que "el padre Esquiú fue el ejemplo más vívido de la defensa del respeto y la dignidad del hombre como de los pueblos, por lo que siempre mantuvo una lucha permanente y constante por un mundo mejor.
Fue el hombre y religioso acérrimo defensor de la justicia, de la igualdad de todos, marcando una página inalterable en la historia catamarqueña, con una entrega permanente al prójimo, virtudes que todos debemos imitar, exhortó el intendente.
Fray Mamerto de la Ascensión Esquiú y Medina nació el 11 de mayo de 1826 en la localidad de Piedra Blanca, en el departamento que hoy lleva su nombre, ubicado a unos 20 kilómetros de la capital de Catamarca.
Desde 1880 hasta 1882 se desempeñó como Obispo de Córdoba y murió en Pozo del Suncho, paraje ubicado en el departamento La Paz, cuando regresaba de La Rioja, el 10 de enero de 1883.
Luego de dos días de sepultado el gobierno nacional ordenó desenterrar el cuerpo y enviarlo a Córdoba para practicarle la autopsia.
Fue entonces que llamó la atención la incorruptibilidad del corazón de Esquiú, que fue extraído y colocado en un recipiente con alcohol para enviarlo al Museo de Ciencias Naturales de Buenos Aires, hecho que no llegó a concretarse debido al reclamo de uno de sus hermanos.
Una vez recuperado el corazón fue entregado a la Orden Franciscana de Catamarca, donde permaneció en una urna de vidrio hasta enero de 1997, cuando lo robaron y hasta ahora no fue recuperado.

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