El reconocimiento al pueblo guaraní, política de la Renovación

La problemática del pueblo guaraní ocupa un lugar importante en las políticas de Estado de la provincia, para revertir años de atraso y olvido
Desde 2003, la situación de los aborígenes figura entre las prioridades del Estado misionero. El bienestar de sus integrantes, pero también una participación activa en la vida comunitaria, son el reflejo de los resultados obtenidos. Hace poco, además de las políticas dirigidas a este sector, hubo una intervención directa en un conflicto por tierras. El caso fue divulgado hasta por el diario "El País" de España, con elogios.

El importante espacio que ocupa en la actualidad el pueblo guaraní en las políticas de Estado de Misiones, constituye un verdadero bálsamo para las aflicciones de sus integrantes, históricamente postergados en sus derechos y bienestar.

Sin indagar con relación a un sometimiento que se remonta a la conquista por parte de los españoles, es cierto que ninguna de las administraciones provinciales que se sucedieron desde la instauración de la democracia en 1983, tuvieron en cuenta a los guaraníes.

Los intentos no fueron más allá, hasta que en 2003 el Frente Renovador de la Concordia Social incluyó a la etnia mbyá, mayoritaria en esta parte de la Argentina, entre los sectores de preferente atención, con un interés exclusivamente humanitario pero sobre todo, de neto corte reivindicativo.

Así se puso fin a una acción simplemente discursiva que, a lo largo de los años, se fue instalando en los distintos estamentos provinciales toda vez que los gobiernos de turno procuraban mostrar un costado social sensible, pero nada más que esto.

La gestión de gobierno del Frente Renovador puso al pueblo guaraní entre las prioridades, al lado de la producción, el turismo, la energía, la ganadería, la educación, la salud y la seguridad, por citar los ejes de las políticas instrumentadas desde 2003.

El otorgamiento de viviendas, de tierras, de un mejor acceso a la salud y la educación, por ejemplo, fueron medidas que apreciadas en su justa dimensión, contribuyeron para empezar a revertir años de atraso, olvido y estancamiento de los aborígenes que habitan este suelo, el mismo que antes se les negó hasta para radicarse y conservar sus costumbres ancestrales.

A través de distintos organismos, pero en especial de la Dirección de Asuntos Guaraníes de la Provincia, en forma pausada pero sin descanso se fueron canalizando, y aun hoy continúa, los objetivos de un mayor bienestar para los aborígenes.

A tal punto, mientras se fijaba la mira en las necesidades primordiales, también se avanzó en cuestiones convivencia, de participación y de discusión de su propia realidad, como un mecanismo para afrontar los desafíos de este tiempo.

Hoy, a diferencia de lo sucedido en el pasado reciente, los integrantes de la comunidad mbyá-guaraní ya no miran con desconfianza al funcionario o al político que no ha recurrido al engaño para acercarse a ellos. Al contrario, saben que serán éstos los encargados de darles respuestas.

Tal vez por eso no dudan en sumarse a los acontecimientos políticos, por ejemplo, como una demostración de activismo que ha prosperado en las comunidades, hartas del sometimiento y la utilización por parte de sus propios congéneres.

Ese grado de participación, cuyo importante reflejo se puede encontrar en las filas de la juventud política, se puede evidenciar en las concentraciones o actos, donde tienen oportunidad de acceder a las tribunas para expresar su pensamiento.

Otro reflejo

Como un reconocimiento de las acciones encaradas desde el Estado misionero en beneficio de los aborígenes, recientemente el diario “El País” de España dio cuenta de un acuerdo entre tres comunidades guaraníes, una ONG conservacionista británica, un terrateniente y el Gobierno de Misiones.

En particular, el artículo periodístico refiere que en esta zona “desde tiempos ancestrales viven los guaraníes, que mantienen su lengua, el mbyá guaraní, y no hablan español”.

“Uno de los santuarios de la mata atlántica es la Reserva de la Biósfera Yabotí, de 130.000 hectáreas. Allí se emplazan dos parques provinciales y el título de propiedad del resto de las tierras está en manos de terratenientes”, agrega.

Pero “los indígenas, amparados en el reconocimiento de sus territorios ancestrales que formuló la Constitución argentina de 1994, reclaman su propiedad.

En concreto, las tres comunidades guaraníes de 70 adultos en total que habitan el llamado Lote 8 de la Reserva de la Biósfera Yabotí habían recurrido a la justicia a principios de la década de 2000 para reclamar” ese predio.

La demanda fue dirigida al Estado argentino y al provincial, ya que la titularidad de ese predio, que en los papeles pertenecía a Moconá SA, una sociedad anónima de la familia Laharrague, de Buenos Aires, que toma el nombre del vecino Salto del Moconá, una catarata de 10 metros de altura sobre el río Uruguay.

El trámite

El artículo refiere que “mientras el juez correspondiente dilataba su decisión, apareció una ONG conservacionista británica, World Land Trust (WLT), con la intención de comprar todas las tierras que separan a los dos parques provinciales, de modo de ampliar la zona preservada. Una de ellas era el Lote 8” y la WLT consiguió el dinero para comprarlo en 2006.

La ONG fue a anunciarle a los guaraníes que compraba el terreno, pero los indígenas pidieron que el Gobierno de Misiones desistiera de apoyar la transferencia del terreno a World Land Trust.

Ahora, los guaraníes que no estaban sentados en la mesa de discusión, se sumaron a los propietarios de Moconá SA, a la Provincia, a los conservacionistas y en igualdad de condiciones para encauzar el conflicto que llegó a feliz término.

¿Un negocio inmobiliario?

Dice el periódico español que “otro elemento distinto fue que antes parecía que había un negocio inmobiliario y no se quería hablar de conservación y reconocimiento de derechos”, según uno de los mediadores.

Después de reunirse con las autoridades provinciales, el gestor fue a entrevistar a los guaraníes, con quienes “fumó y bebió mate durante largas horas hasta que lo vieron como alguien confiable, con traductores de por medio.

“Hubo que adaptar conceptos a la cosmovisión guaraní, en la que no existe la propiedad privada sino que se habla de “ser parte”, comentó uno de los participantes, quien reivindicó la razón ancestral de los guaraníes.

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