Hubo una inspección ocular en la Jefatura de Policía, la cárcel, el RIM 20 y en la casa de un desaparecido.
El fiscal ad hoc, Pablo Pelazzo, y el querellante por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, Juan Sivila, manifestaron que van a evaluar un pedido de “falso testimonio” sobre policías que declararon ante el Tribunal Oral Federal.
Coincidieron que era “imposible” que no vieran a detenidos en la jefatura, donde funcionaba un sector restringido del Area 323, cuyo jefe era el coronel Néstor Bulacios y en la policía el comisario Ernesto Jaig, y hoy hay un cartel interior que reza “Sala de disciplina”.
Enfrente se estacionaban vehículos del Ejército y Gendarmería, que realizaban traslados de detenidos.
Los jueces René Vicente Casas, Marcelo Juárez Almaraz y Daniel Morín y la comitiva, visualizaron los lugares de detención en la Jefatura y donde los testigos Ernesto Samán y Felipe Noguera, reconocieron a sus represores.
En la cárcel de barrio Gorriti caminaron por los pabellones 3, 5 y uno, reconociendo el lugar donde estuvieron, como Noguera que ocupó la celda 113 del pabellón 3, cuando no tenía colchón, ironizó.
Samán, detenido en Libertador en junio de 1976, como Noguera, describieron su paso por la jefatura y la cárcel antes de ser llevados a La Plata.
Samán era empleado del Ingenio, muchos de cuyos trabajadores fueron detenidos en la “Noche del Apagón”, hecho por el que están procesados Carlos Pedro Blaquier y el exadministrador Alberto Lemos.
Otro de los imputados es Antonio Orlando Vargas, director del Servicio Penitenciario jujeño.
Noguera, ubicado en la oficina del director del Penal dijo que allí había sido interrogado por los represores Braga y Bulgheroni, confirmando la injerencia que tenían en la cárcel.
La inspección en el RIM 20 marcó la galería del casino de oficiales donde atendía Bulacios y cuyo secretario era Braga. Estuvieron en la oficina de éste último, lo mismo que en la guardia y una cancha de pelota a paleta, donde hubo detenidos, cuando Braga había dicho que nunca hubo detenidos en esa unidad.
Más tarde, en el domicilio de los padres de Julio Rolando Alvarez García, en Ciudad de Nieva, su esposa Inés Peña, y tres amigos Marcos Medina, Eduardo Salazar y Miguel Maidana, a su turno indicaron lugar y circunstancias que vivieron frente al secuestro del joven estudiantes de la Juventud Universitaria Peronista.
Maidana dijo que escuchó personalmente cuando Ulises Orellana, cuñado del padre de Julio Rolando le dijo a éste: “viejo ese es el teniente Braga, el que está a cargo del operativo”, además de reconocer la cicatriz en su rostro.
Ariel Ruarte, abogado de la querella en el caso Alvarez García, manifestó al final de la jornada que “los testigos ratificaron lo que dijeron en el juzgado, la ubicación de los represores dentro y fuera de la casa y desde donde observaron el secuestro del grupo de tarea”.


Comentá la nota