El precio de la hacienda en pie no encuentra techo, y las preocupaciones se acrecientan en torno a qué sucederá cuando este aumento alcance a los mostradores. Por el momento, el consumidor optó por comprar menos con la misma cantidad de dinero, lo que produjo una baja en el consumo de carne per cápita.
Pero la incógnita no se resuelve tan fácil: ¿Seguirá la demanda acomodándose a la oferta reducida? ¿Qué medidas tomará el gobierno para frenar la inflación en las góndolas? Lo cierto es que a la fecha no hay declaraciones oficiales, lo que da un poco de aire a aquellos productores que durante años perdieron dinero, y hoy están aprovechando la recomposición de precios. Sin embargo, esta situación actual dista de ser la ideal para los ganaderos. Gran parte de ellos se han desprendido de la mayoría de su rodeo cuando no valía nada, y muchos hasta se han pasado a la agricultura como único camino para la subsistencia. Los valores favorables de estos días son el producto de años de destrucción de la ganadería de cría, que llevó a la falta de millones de animales en una oferta escasa. En diálogo con La Hora del Campo, Alberto Frola de CARBAP lo explicó de este modo: “primero se perjudicó a la producción y luego al consumidor porque forzosamente este tipo de políticas de restricción de las exportaciones y de control de precios termina con una explosión del precio del producto. Después se iba a perjudicar a la cadena frigorífica y a los obreros de la carne, que es lo que está pasando. Es lamentable –continuó- que se haya aplicado una política mintiendo, en aras de la defensa de la mesa de los argentinos cuando todos los que estamos en el sector sabemos que esto no es así, sino en contra también de la producción del país en general”. Las medidas intervencionistas de la administración kirchnerista son el punto clave para los productores de todas las actividades, como lo evidencia la crítica situación de los trigueros, y en su momento, de los tamberos. Las constantes intromisiones, en lugar de favorecer a la producción, han establecido trabas para el comercio y complicadas cuestiones burocráticas que afectaron la confianza de los productores. Para muestra está la situación del trigo. Después de varios anuncios del gobierno, el tan mentado sistema de devolución de retenciones para los productores de pocas toneladas no está funcionando, al punto de que ya van varios pedidos del sector solicitando que se cumpla con lo prometido. De algún modo, esto es lo que está sucediendo con la ganadería. Hoy ante nuestros ojos pasa lo que para muchos eran advertencias vanas y agoreras, y que para el sector no era más que una consecuencia lógica que, de tan obvia, caía de madura. El cierre de las exportaciones afectó el comercio, tanto como el tope en el peso de faena lo hizo con la producción tranqueras adentro. Y ahora que en el mercado de Liniers hace tiempo no se llega a las 30 mil cabezas por semana, se acrecienta el temor de que esto se mantenga por mucho más tiempo. La única medida que combate al fantasma del desabastecimiento y la inflación, es una mayor producción. Pero además de las vacas, queda claro que el otro bien que escasea es la confianza. Y al igual que la recomposición del ganado, lleva tiempo recuperarla. Agro-noticiasAlejandro Cánepa
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