Un reclamo soberano y pacífico

Por Martín Sabbatella

La recuperación de nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur y su entorno marítimo es una bandera de todos los argentinos y argentinas; un anhelo profundo que se renueva año tras año, a medida que crece la injusticia por la persistencia de la usurpación.

La recuperación de nuestra soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur y su entorno marítimo es una bandera de todos los argentinos y argentinas; un anhelo profundo que se renueva año tras año, a medida que crece la injusticia por la persistencia de la usurpación. Un sentimiento intenso que se llena de dolor cada vez que recordamos a los soldados muertos hace 30 años, condenados a un destino que no eligieron y que no merecían, al que los llevó la soberbia irresponsable y asesina del gobierno militar y del dictador de turno. Un sentimiento doloroso que se ahonda ante la angustia, la agonía y la muerte de quienes sobrevivieron a la guerra pero no a sus secuelas; a los que pudieron enfrentar a la muerte que llegaba desde miles de kilómetros, pero fueron impotentes ante la artillería de los recuerdos, ante la memoria de sus compañeros heridos y ante la infamia de la desmalvinización.

La vergonzosa actitud del Estado británico de ignorar el llamado al diálogo, impulsado por la ONU entre numerosas voces de la comunidad internacional, es mucho más que una mera actitud de arrogancia colonial o imperialista. A casi 180 años del comienzo de la usurpación, la conducta británica responde indudablemente a una estrategia geopolítica, a la vez que económica.

El envío de buques de guerra o el asentamiento militar en una región conmovida por lo que ocurrió hace tres décadas, contrasta con la actitud pacífica de nuestra Argentina democrática. Ese despliegue se enlaza con su decisión de obtener grandes dividendos, explotando la pesca y el petróleo. No sólo usurpan nuestro suelo y nuestro mar, lo cual es motivo suficiente de repudio y de reclamo, sino que quieren apropiarse de la renta por la explotación, producción y comercialización de nuestros recursos naturales y energéticos.

Los argentinos y argentinas queremos la paz, y en ese marco vamos a recuperar nuestra soberanía sobre las islas y los mares del sur. Ese deseo, que es al mismo tiempo un derecho, está cabalmente expresado en las palabras de Cristina y en el desempeño de la diplomacia argentina en todos los ámbitos internacionales. Además, la exigencia de nuestros derechos soberanos se potencia y se enriquece con declaraciones unánimes como la expresada hace dos semanas en el Congreso.

Argentina tiene y deberá seguir teniendo absoluto respeto por la forma de vida de los colonos que ocupan las Malvinas; lo cual no significa, en modo alguno, considerar que su opinión pueda ser una bandera más importante o más atendible que la legítima soberanía nacional, tal como lo expresara un conocido grupo de personalidades. La sorpresa y el desagrado que generó ese provocativo documento opositor se compensó rápidamente con la nula trascendencia que le asignó la sociedad, para la cual las Malvinas fueron, son y serán una bandera prioritaria e inclaudicable.

Ante el avance de esa política hostil por parte de la Corona Británica debemos reafirmar en todos los ámbitos internacionales nuestros derechos sobre las islas y nuestra voluntad de diálogo. Argentina, la inmensa mayoría de sus habitantes y de sus representantes, estamos comprometidos con la paz y recorreremos incesantemente este camino hasta poner fin al coloniaje y recuperar la soberanía argentina en las Malvinas, las Georgias y las Sandwich del Sur. En este recorrido nos encontramos con gran parte de la comunidad internacional, especialmente con los gobiernos y los pueblos hermanos del continente que, en el marco del fortalecimiento de la unidad latinoamericana, hacen propio este reclamo y lo asumen como una bandera de toda la región contra los resabios coloniales.

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