El actor, ex empleado de la aduana y periodista deportivo, entre otras actividades, es uno de los doce mendocinos que mañana recibirá la distinción provincial en la Legislatura, en la categoría Obra Artística.
También están aquellos que modifican su paradigma, tal vez al verse más cerca de estar fuera que de permanecer dentro del circuito laboral y adaptan su actitud a esta nueva visión. Y, en menor medida, están los hombres como Norberto Eduardo Aguilar, o simplemente "Cato".
Eduardo -aclara que nunca lo llamaron por su primer nombre- cumplirá 67 años el 28 de
agosto y es uno de los 12 mendocinos que mañana serán reconocidos con la distinción sanmartiniana que se entregará en la Legislatura. El hombre será distinguido en la categoría Obra artística (ver aparte).
Desde que cumplió 52 años, Aguilar cursó y se recibió en dos carreras y hoy pasa sus días entre sus amores: el teatro, el coro y su hija y "angelita", Mariana.
"El teatro, la actuación me dio fuerza para seguir en la lucha, me devolvió la vida", destaca el hombre quien es un claro ejemplo de que -como él mismo dice- "nunca se es viejo para nada".
Volver a vivir
Tras 30 años trabajando en la Aduana, Aguilar fue una de las víctimas del menemismo caníbal en los '90 y en esa década perdió su empleo.
"Entré en un pozo depresivo muy fuerte y no tenía ganas de hacer nada", recuerda en diálogo con Los Andes el hombre que vive en Chacras de Coria.
Con 52 años era consciente de que ya había recorrido un tramo importante de su vida y la idea (que ya era una realidad) de volver a empezar no era fácil. Pero bajar los brazos y rendirse no estaba entre sus planes.
"Una vez que me quedé sin trabajo empecé a estudiar. Hice la carrera de Comercio Internacional, que la terminé el 1997 y después estudié Periodismo deportivo", destaca "Cato".
Una vez recibido, aún con las secuelas de la depresión, Aguilar tuvo que enfrentarse a otra dura lucha: la de su edad. Se perfeccionó en computación y hasta aprendió inglés, pero con sus 54 años a cuestas le costó mucho reinsertarse al mundo laboral, "al sistema" como él dice.
"Me rechazaron por la edad en todos lados. Me di cuenta que tenía conocimientos, estaba capacitado, pero la edad me excluía del sistema", vuelve Eduardo sobre aquellos años.
Fue en ese momento de su vida cuando apareció ese a quien él llama su "salvador": Darío Anís, director del elenco teatral "Viejos... Los trapos" y quien lo acercó a la actuación.
"Cuando me conoció, me insistió desde el principio con que tenía habilidad para el teatro y quería que empezara a actuar como fuera. Pero yo estaba algo deprimido aún y tenía miedo por la edad. Yo solito me ponía la traba, el límite. Hasta que me animé y con 57 años empecé a actuar", relata. Corría el año 2002 y a fines del año anterior se había recibido de periodista deportivo.
Sus pasiones
Por resumirlo de algún modo, podríamos decir que Cato Aguilar empezó a vivir a los 57 años. ¡Y vaya que ha vivido!.
"Recuerdo el primer ensayo al que fui, yo era el más joven. Y sin embargo estaba tan mal y bajoneado que parecían todos más jóvenes que yo. Habían compañeros de 90 años y estaban todos con la emoción y la alegría de adolescentes. No te voy a mentir, pensé que estaban todos locos al principio", sigue, entre risas.
Fue el teatro lo que reinsertó a Aguilar al sistema, a la vida. Y más allá de haber participado ocasionalmente de otros elencos y hasta en cortos y series de TV ("Estoy en el staff de Bhiper Dumas -serie mendocina que se emite por Canal 7 de Mendoza-. Hacía de un político, pero a mi personaje ya lo mataron en la ficción", aclara con una sonrisa), jamás dejaría el elenco de "Viejos...".
"Ellos me ayudaron a crecer, a vivir", reitera una y otra vez a lo largo de la charla.
Su trayectoria sobre las tablas y en la pantalla grande está por cumplir diez años y es más que destacable. En el 2004 participó del corto "La leyenda de Baltimore", dirigido por Andrés Llugany y luego participó de "Alicia se muere otra vez", cortometraje que fue premiado en el Festival de cine de Mar del Plata y con el que fueron distinguidos en 23 países.
Otro de sus amores (si es que no es la base de su pirámide de afectos) es su hija Mariana, de 35 años.
"Tiene capacidades diferentes y es un ángel, mi ángel. Más allá de que tiene 35 años, nunca va a tener más de cuatro o cinco. Y con ella comparto todo en mi vida. Hemos actuado juntos, ahora estamos cantando los dos en el coro del Cejupen de la Universidad de Cuyo", agrega Cato, aclarando con mucho orgullo que su hija ha ganado un premio en Madrid con su participación en un corto. Justo la noche anterior a que se aprobara en Mendoza la Ley de Discapacidad. "Fue una doble satisfacción", recuerda.
Además del teatro y el coro, padre e hija comparten cuanta actividad hacen. Así, por ejemplo, no sorprende encontrarlos en la platea de la cancha de Gimnasia y Esgrima cuando el Lobo del Parque disputa algún partido en su cancha o viendo hockey sobre patines.
Feliz
La distinción que se le entregará mañana a Aguilar es otro condimento para este momento tan especial de su presente, ese que comparte con su esposa Marisa, su hijo Rodrigo (36), su nuera Tati y su nieto de 20 meses, Joaquín.
"Creo que este premio es un regalo de la vida", aclara con mucha humildad. En su mente siempre hay tiempo para nuevos proyectos. Quizá por eso no sorprende verlo entusiasmado con la interpretación de "La Verbena de la paloma" que hará junto al coro en el Teatro Independencia el 29 de agosto o con su intención de estudiar para chef. Sí, con casi 67 años.
"Después de lo que me pasó, creo que no soy ni voy a ser grande para hacer nada", sentencia al cierre de la entrevista.

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