Cuál es la receta para desarrollar una gestión integrada de las playas

El cuidado del soporte ambiental implica una evaluación correcta del tipo de turismo que se puede recibir. La prestación de servicios de calidad debe estar en armonía con las condiciones naturales del lugar.
El desarrollo sustentable de las playas como recursos insoslayables en una ciudad que -como Mar del Plata- vive del turismo se presenta como una necesidad irrefutable para hacer un manejo óptimo de la preservación, manteniendo el equilibrio de intereses superpuestos y contrapuestos.

En este contexto, es recomendable analizar y aplicar lo que más sirva de los estudios que se llevan a cabo en el ámbito científico internacional. Uno de los analistas especializados es Camilo Botero, ingeniero de la Universidad del Magdalena (Santa Marta, Colombia), que días atrás brindó una disertación convocado por el Foro ProCostas (Foro Promotor de Gestión Integrada del Litoral Bonaerense).

"Las dos funciones más relevantes de las playas son las de recreación y protección. La segunda se basa en la gran capacidad que tiene la playa, debido a su bajo perfil y la conformación por sedimentos no consolidados, para reducir la energía de las masas de agua y proteger las zonas interiores. Este espacio costero es -ante todo- un sistema natural y existe la comprobación científica del impacto ambiental que genera cualquier actividad humana sobre el entorno natural. Por ello, cobra relevancia el rol que juega la sostenibilidad de la base natural para la actividad turística que se desarrolla en las playas", señaló Botero en su disertación, que se repitió en Pinamar.

"Se debe partir de las condiciones iniciales de la playa en el momento en que se toma la decisión de hacer una gestión, revisando el tipo de turismo que se desea y el que se puede llegar a tener. En otras palabras, no podemos pretender un turismo de familia en una playa con infraestructura peligrosa para los niños, ni tener una playa con bajas densidades de usuarios en el centro de una ciudad de medio millón de habitantes", consignó Botero.

Historia

El científico colombiano recordó que "antes del siglo XVII la costa era un lugar tenebroso y lleno de peligros. Con el acercamiento a la playa por pequeñas élites, se descubrió una nueva función, relacionada con la medicina: Empezó a ser vista como un lugar curativo. Luego, el proceso de industrialización y la migración a las ciudades, a mediados del siglo XX, generó el gran salto en la función recreativa de la playa, de la mano de la creación de las vacaciones remuneradas". Y añadió: "El turismo de sol y playa es -en realidad- un invento reciente dentro de la historia occidental".

Para ejercer un uso óptimo de los recursos, sin dañar el medio ambiente, Botero propone: "Cada playa debe ser evaluada de forma particular, en especial cuando se habla de playas turísticas. Y para denominarse turística, debe contar además de la base natural, con instalaciones físicas (equipamiento e infraestructura) y servicios ligados al turismo (hoteleros y extrahoteleros). A partir de estos conceptos, es que se hace necesario realizar una gestión integrada de playas turísticas".

Gestión integrada

"Para controlar la afluencia de visitantes -de manera que se limite el impacto antrópico a la base natural-, sin reducir los niveles de calidad, debemos conocer la Capacidad de Carga Turística (CCT). Esta herramienta se basa en el documento de Miguel Cifuentes (1992), investigador costarricense, que utiliza en el cálculo tres niveles: Inicialmente, calcula la Capacidad de Carga Física (CCF) -que es la relación entre el espacio disponible y la necesidad normal de espacio por visitante; un segundo paso es la Capacidad de Carga Real (CCR) -entendida como la CCF afectada por factores de corrección propios de las características de cada área protegida-; se termina el procedimiento con la Capacidad de Carga Efectiva (CCE) -que incluye el límite aceptable de uso del sitio, en relación a la capacidad de manejo del área-", relató el investigador colombiano, Camilo Botero.

Para Botero, "un objetivo poco valorado -pero central en la gestión- es la optimización del uso espacial de la playa, de manera que varias actividades humanas se puedan realizar simultáneamente, minimizando los conflictos sociales y/o ambientales".

Acto seguido, recuerda que en Colombia se aplica un modelo con cinco zonas en la arena (activa, de reposo, de transición, de articulación con el espacio público y de servicios turísticos) y tres zonas en el mar (de bañistas, de deportes náuticos y de tránsito de embarcaciones).

"El siguiente paso es la integración de los dos tipos de zonificaciones, dejando como centro de la organización al turista y ubicando cada una de las zonas en forma concéntrica a él", recalcó.

Asimismo, enumeró el tercer objetivo en la gestión integrada, que es "conocer y definir las potencialidades de la playa, de manera que se logre el mayor beneficio social, sin ir en contra de las particularidades naturales y humanas". Desde su óptica, Botero enumera los requisitos para evaluar la clasificación de una playa:

* Uso del suelo: De acuerdo con las normas de ordenamiento territorial de cada municipio, el suelo puede ser urbano o rural, lo cual a su vez afecta el tipo de servicios e infraestructura que tendrá una playa.

* Tipo de turista: Con el desarrollo y masificación del turismo se ha diversificado el tipo de colectivos que visitan los destinos. Son las familias, los turistas independientes, los mochileros y los turistas de lujo, entre otros. Cada tipo de turista busca condiciones particulares, por lo cual el gestor debe revisar los atractivos y condiciones de su playa.

* Población circundante: El ambiente externo afecta de manera crucial el tipo de turismo que llega. Mientras una playa puede estar dentro de una megaciudad -como Río de Janeiro-, también puede estar en un pequeño poblado -como en algunas regiones del Caribe colombiano-. Esta diferencia va a definir desde los niveles de presión humana a la base natural, hasta la infraestructura y equipamiento a disponer para la atención de esta demanda.

* Grado de naturalidad: Se debe tener en cuenta que prácticamente ningún lugar del planeta está por descubrir, con lo cual todas las playas van a tener algún nivel de degradación -que se puede definir como una reducción en su grado de naturalidad-. No será igual la gestión que se deba hacer en una playa con altos niveles de degradación, que una que esté en condiciones casi prístinas.

* Infraestructura turística: Aunque muchas variables afectan la cantidad y tipo de infraestructura que se construye en una playa, se debe destacar el efecto que tiene el ambiente construido sobre la función turística de la playa. En este sentido, Botero remarca: "La influencia de la actividad hotelera (principalmente complejos de alta gama) se debe al tipo de turismo de sol y playa imperante en Europa y que -desafortunadamente- se está expandiendo en América Latina".

Comentá la nota