La rebelión del desconcierto

La rebelión del desconcierto
Entre sus propias y marcadas contradicciones y desprolijidades, el quintelismo trata de poner marcha en su postura anti-todo y busca un punto de acercamiento que, en rigor de verdad, acentúa las debilidades del sector.
Cuando allá por enero o febrero La Rioja comenzó a debatirse en medio de una contienda que tenía como eje fundamental las consignas minería sí o minería no, algún analista desvelado y con sueños truncos de grandezas -avaladas por un tecnicismo universitario que se torna dudoso y frágil en el terreno de la política real- se animó a profetizar un desenlace nefasto para el bederismo, un desgranamiento que terminaría con el gobierno de Beder Herrera.

Y en su desvelo -sólo de esa manera se puede explicar-, llevó al quintelismo, y más específicamente a su jefe máximo, Ricardo Quintela a plantear una pelea para la que el sector, evidentemente, no estaba ni está preparado, no sólo por las fracturas internas, sino también y fundamentalmente, por la falta de recursos. Y de ideas.

Para ser gráficos, el quintelismo salió a plantear una pelea muy larga -con aspiraciones de cara a los próximos cuatro años-, se puso los cortos, los guantes y apenas si duró de pie un round, aún cuando no termina de tocar la lona por aquello que, se sabe, el mencionado sector nunca deja de tocar fondo.

Y no es sólo una cuestión -valga la redundancia- de fondos. Hay, también, mucho de profundas contradicciones y desconciertos que se ven reflejadas, en definitiva, en los actos de gestión. Nadie puede negar que los recursos están. Pero tampoco nadie puede negar que no se asignan correctamente. Las ambiciones del quintelismo son ampulosas. Sin embargo, baches, oscuridad y basura por doquier chocan de plano con anuncios como el del nuevo sistema de recolección de residuos Easy (montado parcialmente y ya con serios daños estructurales como consecuencia de la dilación en los tiempos), o la remodelación del Edificio Municipal y la obra del Pueblo Cultural, ambas obsesiones de un secretario al que muchos dentro del mismo sector miran con recelo, tanto por sus ambiciones como por su objetivo de “pasar a la historia” como lo hiciera el arquitecto Miguel Angel Roca en la Córdoba de la dictadura.

Mientras tanto, el común de la gente percibe cómo permanentemente se incrementa la planta de empleados municipales (por miles) y los servicios esenciales están cada vez peor -basta con salir a los barrios para darse cuenta de ello- y ni miras de mejorar.

Y percibe, al mismo tiempo, que al parecer sería muy fácil la tarea del Intendente, toda vez que se aguarda, casi sistemáticamente, que sea el Gobierno de Beder Herrera el que resuelva los problemas que, demás está aclararlo, le son ajenos.

Y para muestra, basta el botón de los PIL (Programa de Inserción Laboral), que fue el eje de la última polémica en el distanciamiento que planteó el quintelismo en relación al bederismo, y que en realidad terminó siendo un aislamiento del sector en relación a todos los otros sectores que plantearon ya, en varias oportunidades, el apoyo irrestricto a las políticas del Gobierno en todas las materias que el quintelismo, en su anti-todo se empeña en criticar.

El reclamo Q al Gobierno por un incremento salarial a los PIL que no resultó tal, derivó en una grave denuncia del radicalismo que no dejó muy bien parado al quintelismo en cuanto al manejo de los fondos que vienen directamente de Nación para dichos programas, y sobre los cuales se estarían aplicando retenciones indebidas -sin el correspondiente depósito tanto en el APOS como en el ANSES-, que superarían el millón de pesos.

Las explicaciones del Municipio capitalino en torno a esta cuestión fueron absolutamente endebles y tuvieron a la contadora Claudia Ortiz -encargada del área de Hacienda- como eje de todas las críticas posteriores. La sensación que quedó flotando luego de la fallida salida de la funcionaria, fue que la “mandaron al frente” para explicar lo inexplicable, lo que no resiste el menor de los análisis.

Una vez más, como el niño que hace la “macana” y luego mira para otro lado, el quintelismo intentó infructuosamente culpar al Gobierno provincial por los fondos que le llegan directamente de Nación y que, evidentemente, manejaría a discreción.

De echo, trascendió en las últimas horas que una nueva y grave denuncia circunda al Municipio, también en torno a los PIL, ya que estaría comprobado en Hacienda de la Nación que los fondos para el mencionado programa comenzaron a llegar a la Municipalidad en mayo de 2011, pero recién se los habría dado de alta en noviembre del mismo año.

Por lo pronto, la última polémica Q se cobró la cabeza del ahora ex titular del SOEM, Carlos Del Giorno, quien renunció a su cargo afirmando que “la patronal nunca está del lado de uno”, y eso que el ex DT hizo ingentes esfuerzos para estar al lado de todos. El sentimiento de soledad de Del Giorno tiene que ver con el hecho de que se sintió abandonado por el quintelismo en el reclamo por incrementos salariales, coparticipación y antiminería, para los cuales, vale decirlo, puso el cuerpo.

Algunos ya se frotan las manos y esperan que, al igual que renunció a su cargo en el gremio, renuncie también a su banca quintelista en el Concejo Deliberante, aunque habrá que ver para creer.

Bajar un cambio

Lo que no resultó curioso -tal como se anticipó en anteriores columnas- fue que la postura antiminera del quintelismo, puso finalmente en evidencia que la rebelión fue más corta de lo previsto. Tras la participación -y “financiación” según afirman algunos- en las marchas en contra de la minería sobrevino la Ordenanza de Municipio No Tóxico y el posterior reclamo por la coparticipación. Pero todo quedó en la misma nada.

La mencionada ordenanza duerme ahora en el fondo de algún cajón porque desde Buenos Aires bajó claro el mensaje de no sacarla y así no interferir en el proyecto Atucha II, para el que es esencial el uranio de Sanagasta y Capital.

Las grandes y ampulosas marchas por la coparticipación tampoco fueron tales y a Q le recordaron rápidamente -también de Buenos Aires- el voto no positivo de su hermana.

Y en este contexto, tuvo que mandar palomas a negociar con el bederismo, pero dado el tiempo transcurrido -y el enojo de Beder Herrera con quien ya no quiere como antes- fue bastante más abajo en la pirámide jerárquica de lo que los “negociadores” aspiraban.

Lo cierto es que desde el sector pretenden bajarle un cambio a la disputa y esto se puso claramente en evidencia en la última marcha antiminera, que muy lejos estuvo de alcanzar la temperatura de otras veces, como consecuencia de una merma notable en la presencia de manifestantes, y la marcada ausencia de representantes del quintelismo.

Ni una ni otra cosa resultan extrañas. Por un lado, la disminución de manifestantes no habla de que la protesta contra la minería haya perdido fuerza, sino más bien que se trata de un fenómeno propio de este tipo de protestas en las que se produce una especie de adormecimiento. No cambian las posturas, pero la gente deja de participar.

Y en cuanto al retroceso del quintelismo en esta materia, es evidente que la postura casi “suicida” que había adoptado, sería insostenible en el tiempo. Queda por ver ahora si las secuelas -debilidades- de la rebeldía Q no resultarán permanentes.

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