El dictador había ofrecido negociar una salida diplomática; la insurgencia avanza hacia Sirte
Para los insurgentes, la fallida invitación de Khadafy a negociar delata su precaria situación. Desde hace más de una semana, al coronel sólo se lo ha escuchado en grabaciones de audio, alentando a sus seguidores a defender la capital, ya casi bajo control total de los rebeldes.
Su paradero, como el de varios de sus hijos, se desconoce. Algunas versiones ubican a los Khadafy en los bolsones de resistencia gubernamental que todavía quedan a unos 40 kilómetros al sur de Trípoli. El líder libio y la cúpula del régimen también podrían haber optado por refugiarse en Sirte, ciudad natal del líder libio, o en la frontera con Argelia.
La iniciativa del régimen fue planteada por el vocero del régimen, Musa Ibrahim, que telefoneó a varios medios de comunicación internacionales para transmitir una oferta de diálogo que fue rechazada contundentemente en Trípoli por el CNT, el órgano de gobierno provisional de los rebeldes, instalado ya en la capital libia.
"No hay negociación posible; son [Khadafy y sus hijos] criminales en fuga", dijo el ministro del Interior provisional, Ahmed Darrat, que aseguró que el rais "recibirá un trato justo y legal" cuando sea detenido.
Por su parte, el ministro de Exteriores británico, William Hague, calificó la propuesta de "delirante", y subrayó que la transferencia del poder en Libia ya está en curso.
Todo apunta a que un desesperado Khadafy está jugando sus últimas cartas. Además de los tardíos llamados al diálogo, las tropas del coronel pusieron en acción una lanzadera móvil de misiles balísticos Frog 7, que fue rápidamente neutralizada por la OTAN. El general británico Nick Pope dijo que aviones de su país lograron destruir la lanzadera, ante la "significativa amenaza que representaba para la población civil de Trípoli".
Para el CNT, la prioridad pasa ahora por restablecer los suministros básicos en la capital y fortalecer la seguridad en una ciudad tomada por las armas y donde las ejecuciones, por parte de los dos bandos, son moneda corriente. Entre los horrores de la batalla de Libia, se destaca la masacre perpetrada en un galpón situado junto al cuartel general de la Brigada 32, dirigida por Khamis Khadafy, hijo menor del rais. Tras los combates, los rebeldes descubrieron decenas de esqueletos cubiertos de cenizas (ver aparte).
Objetivo
Con combates esporádicos todavía en el sur de la capital, el principal foco de combate se encuentra ahora en los alrededores de Sirte, el último bastión importante que permanece fiel a Khadafy. Las fuerzas rebeldes continúan su avance por el Este. Los combatientes se encuentran acantonados en la localidad de Ben Jawad, unos 140 kilómetros al este de Sirte. Los insurgentes concentraron en el frente oriental una gran cantidad de armamento pesado para traspasar la línea defensiva que las tropas gubernamentales levantaron en las afueras de Sirte.
Los milicianos del CNT pretenden realizar una maniobra envolvente, con ataques también desde el oeste de Sirte. Según fuentes de los insurgentes citadas por la cadena árabe Al Arabiya, cientos de combatientes procedentes de la ciudad de Misurata se encontraban ayer a unos 30 kilómetros de Sirte.
Situada en la costa a unos 450 kilómetros de Trípoli, Sirte es una plaza vital para los rebeldes. Si cae en sus manos, el CNT pasaría a controlar toda la ruta costera del país, donde vive la mayoría de los seis millones de libios.
En los últimos días, los dirigentes del CNT aseguraron haber propuesto a los jefes tribales de la ciudad, leales a Khadafy, una rendición negociada para evitar el derramamiento de sangre. Pero el tiempo para el diálogo se agota. "Estamos negociando con las tribus de la zona para que Sirte se rinda pacíficamente", dijo Mohammed al-Fortiya, comandante de las fuerzas rebeldes.
Pero el CNT ya advirtió que las negociaciones "no serán interminables". Si no se llega a una solución negociada, los rebeldes confían en su capacidad militar para tomar la ciudad en menos de diez días.
No entregarán al atacante de Lockerbie
TRIPOLI (AP).- El gobierno provisional rebelde libio dijo ayer que no deportará al ciudadano condenado por el atentado contra un avión que estalló en 1988 en la localidad escocesa de Lockerbie y que dejó un saldo de 270 muertos, informó ayer el ministro de Justicia, Mohammed al-Alagi. Senadores de Nueva York le pidieron al gobierno de transición de Libia que Abdel Baset al-Megrahi, único condenado por el ataque, enfrente a la justicia por el atentado contra el vuelo 103 de PanAm. Ayer, el hijo de Al-Megrahi dijo a la CNN que su padre se encuentra en coma y "cerca de la muerte" en un domicilio de Trípoli.
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