El gobernador comenzó su segundo mandato y cerró la puerta a una posible reelección. Hizo foco en la seguridad y la regionalización, temas que generan rispideces con el kirchnerismo
El juramento se lo tomó Gabriel Mariotto, que minutos antes había asumido en su cargo de vicegobernador. En el recinto estuvieron presentes, además de diputados y senadores provinciales, algunos intendentes -entre ellos Pablo Bruera-, el arzobispo de La
Plata, monseñor Héctor Aguer, algunos legisladores nacionales -el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Julián Domínguez y el diputado nacional Carlos Kunkel-, el embajador en Chile, Ginés González García, y personajes de la cultura. No hubo esta vez ningún funcionario de primera línea del Gobierno nacional.
Daniel Scioli habló durante 47 minutos, y evitó entrar en polémicas con otros sectores, ya sea de la oposición, empresariales o gremiales. Sólo criticó con dureza al jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri (ver aparte).
Fiel a su estilo, en un tono de consenso, su alocución no marcó mayores distanciamientos con el Gobierno nacional, aunque hizo especial énfasis en su política de seguridad, algo que fue interpretado como un tiro de elevación a sectores del Gobierno nacional. También resaltó al inicio de su discurso los nombres de Alberto Balestrini, y luego de Néstor y Cristina Kirchner. Y al final volvió a hacer hincapié en su alineamiento con el “proyecto nacional y popular”.
“Cuando asumo un compromiso lo sostengo siempre, sin especulaciones. No flaqueo en las malas ni me la creo en las buenas. Creo que la lealtad a una causa se fortalece con acciones positivas”, aseguró el mandatario bonaerense.
La gestión que se viene
Scioli hizo un recorrido por las diferentes áreas de su gobierno, resaltando los resultados positivos de la gestión: reducción de la deuda del Estado bonaerense, inversión del 6,38% del PBI en Educación, 183 días de clase, reducción de la deserción escolar, baja de la tasa de desempleo, impulso a las pymes, incremento de créditos al consumo y créditos hipotecarios, ley de Fertilización Asistida, entre otras.
El otro punto fuerte fue la descentralización política. “Desde que asumí llevamos adelante una práctica diaria de federalismo hacia dentro de la Provincia”, afirmó, y pidió luego a los legisladores: “Espero que se alcance el consenso con los debates necesarios para avanzar con este objetivo”, refiriéndose al proyecto de regionalización que espera ser tratado en el Senado y que, días atrás, cosechó críticas de Mariotto.
Además, Daniel Scioli nombró otros desafíos que encarará: “Queremos duplicar el producto bruto, alcanzar el pleno empleo y erradicar la pobreza y la indigencia en la provincia de Buenos Aires”.
Por último, pidió a la comunidad educativa llegar a los 190 días de clase, a los legisladores que traten la ley de Adopción y se comprometió a crear cuarenta parques industriales en dos años.
Claves del discurso
El eje puesto en la seguridad
El gobernador dejó para el final del discurso el punto más fuerte y el más controvertido, sobre todo por las declaraciones que realizó la ministra de Seguridad nacional, Nilda Garré, criticando las políticas bonaerenses en la materia.
En ese marco, Scioli dijo: “Ratifico mi responsabilidad por la seguridad”. Y desarrolló una serie de propuestas. Comenzó anunciando la implementación del programa de seguridad comunitaria Barrio Seguro, que incluye la instalación de un centro de monitoreo en cada zona en que se implemente, vinculando la participación de vecinos y organizaciones de la comunidad.
Además, mencionó nuevamente la creación de la Policía de Prevención Local y el envío del proyecto a la Legislatura para crear la Policía Judicial.
Por otro lado, volvió a poner el eje en “combatir particularmente el crimen organizado. Es fundamental para nosotros quitarle toda oportunidad de existir”, aseguró.
Por último, el gobernador soltó la otra novedad: el anuncio de lo que caracterizó como “el viejo mandato constitucional”, refiriéndose al juicio por jurados, que impulsará en esta gestión que acaba de comenzar.
La polémica con Mauricio Macri por la basura
En su discurso, el gobernador provincial sólo polemizó con el jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri. Cuando tocó el tema de la contaminación y la problemática de los residuos, Scioli se puso firme: “Solicito la colaboración del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires para que en un plazo razonable reduzca al mínimo los volúmenes de desechos que ingresan diariamente a la Provincia”.
Luego, para que no quedaran dudas, remató: “Este no es un problema técnico: la solución demanda decisión política”.
Previamente, había resaltado los logros de su gestión relacionados al medio ambiente: “Estos años erradicamos 230 basurales a cielo abierto y en esos lugares hoy contamos con playones deportivos y espacios públicos recreativos”.
EN FOCO
El primer capítulo de la pelea
La reasunción de Daniel Scioli ayer abrió una nueva etapa en la escena política nacional. El mandatario provincial está posicionado como la principal figura presidenciable del peronismo, dado a la imposibilidad constitucional que tiene Cristina Kirchner de ser candidata en 2015. Pero el kirchnerismo no está dispuesto, al menos por el momento, a dejarle el camino libre al mandatario provincial. Y ello se puso de manifiesto ayer: durante los actos de asunción del gobernador y sus ministros, se respiró un aire de confrontación. Los gestos de Scioli y Mariotto denotaron, en todo momento, una desconfianza mutua, y todos los indicios muestran que la convivencia entre ambos no será para nada pacífica.
Desde la Casa Rosada ayer enviaron señales de que la pelea es inminente. Ningún funcionario de primera línea asistió a la jura de Scioli, cuando en la asunción de 2007 el propio expresidente Néstor Kirchner acompañó al mandatario provincial. Incluso, en las tribunas de la Legislatura y del Pasaje Dardo Rocha hubo una competencia manifiesta entre las agrupaciones kirchneristas, que se convocaron para apoyar al vicegobernador Gabriel Mariotto (convertido en una suerte de comisario político de la Casa Rosada), y los sciolistas, que se vistieron y portaron banderas naranjas, color que representa al gobernador.
La Casa Rosada le está pagando de la peor manera a la persona que, hasta ayer, era su principal aliado político, quien no dudó en arriesgar su carrera política cuando acompañó como candidato testimonial a Néstor Kirchner, en las elecciones legislativas de 2009, cuando el oficialismo perdió por goleada. Desde sciolismo ven con preocupación cómo los K buscan condicionarle la gobernabilidad, rodeándole la manzana. Así es como, si bien ningún cargo ministerial es ocupado por un kirchnerista ortodoxo en la administración bonaerense, toda la línea de sucesión (vicegobernador, presidente provisional del Senado, titular de la Cámara de Diputados y vicepresidente de la Cámara baja) reporta, en mayor o menor medida, a la Casa Rosada. El sciolismo se quedó sin ningún cargo de conducción en las cámaras de la Legislatura, por lo que el año que viene no tendrá otra alternativa que sentarse a negociar con el kirchnerismo, o en su defecto con sectores que hoy son parte de la oposición, para que se puedan sancionar los proyectos de ley considerados claves por la gestión provincial.
Difícilmente en 2012 el Gobierno nacional cambie de actitud. El discurso de Cristina Kirchner del último sábado, ante la Asamblea Legislativa, mostró una clara radicalización, y el nuevo equipo de gobierno no es más que un rejunte de aplaudidores oficiales y obsecuentes.
Una herramienta cuasiextorsiva de la administración K con el gobierno provincial es el manejo discrecional de la caja. Ni siquiera se cumple con lo que establece la actual ley de Coparticipación y, como el Estado nacional es el principal acreedor de la deuda provincial, la administración bonaerense está siendo ahogada económica y financieramente. Se trata de un juego peligroso, ya que cualquier conflicto que se suscite en la principal provincia del país automáticamente tendrá un impacto nacional que terminará siéndole contraproducente al propio kirchnerismo.
No debería olvidarse el Gobierno nacional de que Scioli, al igual que Cristina, ganó por más del 50% de los votos en las últimas elecciones.










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