La Presidenta jurará hoy ante la Asamblea Legislativa. Inicia un nuevo mandato de cuatro años, sin reelección, con la incógnita de la sucesión y en un escenario económico dominado por la crisis global.
Cristina Kirchner fue hace cuatro años la primera mujer electa presidenta por el voto popular. Llegaba de la mano de su esposo Néstor Kirchner y como parte del proyecto de permanencia en el poder de la sociedad político-matrimonial que mantenían, y en la que él era el jefe indiscutido. El rotundo triunfo que le abrió las puertas de este segundo mandato, en cambio , le perteneció enteramente a ella, tras haberse sobrepuesto a la sorpresiva muerte de Kirchner en octubre de 2010, y haberse consolidado en la gestión y en el apoyo popular, contra la mayoría de los pronósticos posteriores a la desaparición de su esposo.
Después de muchas vueltas la propia Cristina decidió que Julio Cobos como titular del Senado presida la sesión en que asumirá, y donde estarán las más altas autoridades del país, mandatarios extranjeros y por supuesto, sus hijos Máximo y Florencia y familia más cercana. Aunque así lo establece la Constitución el vice estaba dispuesto a dar un paso al costado. Por eso un foco este mediodía estará puesto en si las barras kirchneristas exteriorizan su hostilidad hacia Cobos, a quien consideran un “traidor” desde que desempató en julio de 2008 volteando el proyecto oficial de retenciones móviles, en lo que fue e l peor momento del kirchnerismo en el poder.
Cristina ratificará en su discurso la orientación de su gobierno. En rigor ya lo hizo, cuando dijo esta semana: “Nada ni nadie nos hará cambiar el rumbo ”. Y confirmó a casi todo su Gabinete. Su promesa continuada es reindustrializar el país y ampliar el marco de inclusión.
En un país que pese a haber experimentado en el ochenio kirchnerista su crecimiento más importante en 200 años –según la Presidenta–, el 20 % de la población (según analistas kirchneristas serios) o el 30 % (la oposición) sigue bajo la línea de pobreza.
En este sentido la pregonada “profundización del modelo” si por esto se entiende mayor inclusión aparece desafiada por una coyuntura económica complicada.
Kirchner legó a Cristina en 2007 un país con crecimiento sostenido, superávit fiscal y alto nivel de reservas. En el escenario actual el crecimiento se ve amenazado por la c risis en los países centrales ; hay déficit en las cuentas públicas; y una inflación superior al 20 por ciento que genera tensiones sindicales y sociales (ver página 6). Consciente de estos problemas el Gobierno ya empezó a sentar las bases del segundo mandato con la eliminación de subsidios multimillonarios que gozaron aún sectores económicos poderosos que obtuvieron rentabilidad extraordinaria estos años.
Cristina asume en la cúspide de su acumulación de poder, pero su mandato vence en 2015 sin otra reelección y la lucha por la sucesión –que suele afectar la gobernabilidad– aparecerá en el mediano plazo. Tendrá control del Congreso desde hoy. Pero el principal desafío a su enorme concentración de poder no proviene de la oposición desmembrada que aún lame sus heridas, sino de sectores de la coalición oficialista como el sindicalismo de Hugo Moyano.




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