Reapareció Houdini en Irak

Las voces que se levantan ahora para que Estados Unidos no abandone Irak en las ruinas sumaron una figura muy particular: la del ex canciller, ex viceprimer ministro y principal portavoz del régimen del dictador Saddam Hussein.
El inefable Tariq Aziz, conocido como el Houdini de la diplomacia , un hombre con cara de Groucho Marx, pidió esta semana desde la cárcel que no se vayan sus propios carceleros.

“No nos pueden dejar así. No nos pueden tirar a los lobos. Cuando se comete un error uno tiene que tratar de repararlo no hacer algo peor como lo que está haciendo ahora Obama”, le dijo Aziz a un reportero del diario The Guardian de Londres que logró visitarlo en la prisión de Kadhimiya. El hombre que apareció a toda hora en la CNN y cualquier otra pantalla del mundo por una década ocupa una modesta celda de esta cárcel ubicada a orillas del río Tigris. El mismo lugar donde fue ahorcado Saddam y donde funcionó bajo su régimen el tan temido servicio de inteligencia militar.

Aziz, que ahora tiene 74 años, fue siempre un hombre de gran influencia. Pertenece a la minoría cristiana caldea de Mosul, en el norte de Irak.

Tuvo siempre acceso a los círculos de poder tanto musulmanes como del Vaticano.

Los líderes europeos confiaban en él y hay rumores de que fue quien dio la pista al Pentágono de dónde se encontraba Saddam el día del primer bombardeo de la guerra. Estuve presente en una conferencia de prensa que Aziz dio dos días antes. Me sorprendió verlo tan tranquilo. Seguramente ya había hecho algún arreglo para su seguridad.

Todos los otros jerarcas saddamistas fueron sentenciados a muerte o a prisión perpetua. Él recibió apenas una condena de 15 años por haber firmado una sentencia contra 42 especuladores y contrabandistas después de la Guerra del Golfo de 1991. Ayad Allawi, el que fue primer ministro iraquí tras el retorno de la soberanía en el 2004 y que puede regresar muy pronto al poder, habla muy bien de Aziz. Dice que quiere que sea su asesor.

Y el mago de la diplomacia de la Antigua Mesopotamia sabe cómo hacer su acto magistral para regresar con gloria. Aparece de nuevo en el escenario y pide a sus amigos que se queden toda la función

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