La realidad paralela de los Kirchner

Los estrambóticos actos oficiales de los últimos días pusieron de manifiesto lo alejado que está el matrimonio presidencial de la realidad que viven los argentinos. Scioli mandó nuevos mensajes de distanciamiento a la quinta de Olivos

Los actos políticos que encabezó la presidenta Cristina Kirchner, en lo que va de la semana, pusieron de manifiesto la fuerte dicotomía que afecta al Gobierno nacional, que lo aleja de la realidad que viven los argentinos.

Un breve repaso de lo ocurrido en los últimos días da cuenta de la dimensión desconocida (al mejor estilo de la famosa serie de TV homónima, que se emitió desde 1959 a 1964) en la que suele moverse la administración K. Primero, se llenó la Casa Rosada de grupos murgueros, para anunciar con bombos, platillos y matracas un proyecto para reinstaurar los feriados de Carnaval, como si fuese una política de Estado que apuntara a paliar los problemas estructurales que afecta a un país con un 40% de pobres. Obviamente, Cristina busca tapar esta situación con los dibujos que suele realizar el INDEC y con el accionar clientelar de los punteros encargados de repartir la ayuda social en función de las necesidades políticas del Gobierno.

Ese mismo día, la Presidenta participó de un foro iberoamericano de educación pública, en momentos en que desde la Casa Rosada, por su pelea con el macrismo, se incentivaba a que un grupo de adolescentes siguiera tomando las escuelas en la Capital Federal, y se impidiera así que miles de chicos pudieran concurrir a clases. Ignoró, en esta particular forma de comprender la realidad, que en varias provincias, especialmente en Buenos Aires, la mayoría de las escuelas se han convertido en comedores, relegando su función principal de ser centros de educación.

A eso se le sumó, el martes último, la puesta en escena que se realizó en el Luna Park, que tuvo el objetivo de hacer creer que Kirchner no tiene mayores problemas de salud, cuando la realidad es que padece una enfermedad crónica en sus arterias.

Además, se buscó inventar que el acto estaba colmado por jóvenes y trabajadores, y hasta la locutora llegó a decir que 5 mil personas habían quedado fuera del Luna Park. Pocos minutos después, cámaras indiscretas de la televisión mostraron que las calles estaban vacías y el comienzo del cónclave se demoró casi dos horas, a la espera que los militantes rentados llenaran las instalaciones del mítico estadio. Como es sabido, estos seudomilitantes desarrollan su actividad política por los recursos que suministra a diestra y siniestra el Gobierno nacional.

El corolario se produjo ayer, cuando la Presidenta intentó subirse al carro ganador de Las Leonas: se reunió con las integrantes del equipo nacional de hockey femenino, que se quedó con la Copa del Mundo disputada en Rosario. Lo llamativo es que la semana pasada, desde la Casa Rosada, le habrían mandado mensajes de “malestar” a la Asociación Argentina de Hockey porque Las Leonas recibieron, en la concentración, a Julio Cobos, que también parece vivir en una dimensión desconocida: sigue siendo el vicepresidente de un gobierno del cual dice ser opositor.

Fue precisamente en este contexto de actos insólitos que Scioli, por primera vez desde que asumió la conducción de la Provincia, decidió marcar distancia. No sólo se fotografió con enemigos confesos del kirchnerismo, como Mauricio Macri y Pablo Bruera, sino que también envió otro mensaje directo a la quinta de Olivos. Ayer recibió en su despacho a la periodista Magdalena Ruiz Guiñazú, una de las más acérrimas opositoras al kirchnerismo.

El gobernador no sólo dialogó con la periodista, sino que además se encargó de que este encuentro, fuera de agenda y sin anunciar, se conociera públicamente. Así fue como Magdalena recorrió el área de prensa de la Gobernación junto a funcionarios sciolistas, y luego se acercó a la sala de periodistas. “Es otro mensaje para Néstor”, comentó, por lo bajo, un estrecho colaborador del mandatario provincial.

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