¿Cómo marchan la economía y las finanzas del país? Existen dos visiones total y absolutamente contrapuestas, lo cual sin duda lleva a confusiones que, más se profundiza el tema, menos se consigue aclararlas. ¿Tienen presente aquello de no aclaren que oscurece? Tal cual ocurre ahora. Parece que estuviésemos viviendo el tiempo del todo vale, pues con absoluta libertad y sin sonrojarse siquiera, sobre una misma figura unos dicen que es blanca, y los otros negra.
Confusión, infinita. Esa es al fin y al cabo la definición.
Pero bueno, superado el introito que nos puso en tema, el lector puede estar ávido por alguna develación respecto a la pregunta del inicio. Al fin de cuentas, ¿estamos bien o estamos mal? Si esperan un pronunciamiento, desde ya vayan pasándose a otra lectura. Sí en cambio podemos hacer un repaso de la visión que se nos ofrece desde las veredas opuestas. Cada uno tiene luego su propio poder de discernimiento, o bien las cuentas que hace según el contenido de su bolsillo.
Acorde a los anuncios, datos e índices que se formulan desde el Gobierno, con sus respectivos análisis y fundamentaciones, que encuentran siempre el respaldo de las estadísticas del INDEC, la Argentina vive un momento casi esplendoroso. Récord de producción de automotores, una cosecha que superará todo lo conocido, reservas nunca vistas en el Banco Central, la desocupación en retirada, baja el riesgo-país, alza la recaudación fiscal, asignación universal por hijo, aumentos a los jubilados. ¿Qué más puede pedirse?
Desde la oposición en cambio, aun cuando muchos de estos índices no puedan ser rebatidos con números, se tiene una visión absolutamente diferente. El economista Cachanosky, uno de los más ácidos críticos del Gobierno, asegura que las finanzas públicas están viviendo una especie de veranito y que se están acabando los recursos para sostenerla. ¿Cómo es que la economía va tan bien y la pobreza no baja?, es uno de los razonamientos de este tiempo, que casi no encuentra explicaciones. Se terminó el dinero de los jubilados y ahora se está recurriendo al Banco Central, y aun cuando se admite que las reservas están altas, deberían ser al menos el doble. Según ciertas visiones, la soja que es algo así como el salvavidas del Gobierno, pero claro, su duración no es indefinida y por ahora no tiene reemplazo.
Pero tal vez, la mayor objeción generalizada que se hace sobre este presente, es que no se ha logrado contener la inflación, y más temprano o más tarde, siempre se deberá pagar su costo. Eso lo sabemos muy bien.
Por el momento, quien mayor beneficio saca de la inflación es el propio Gobierno, pues logra sostener la incentivación del consumo, y de paso, quitarle asfixia a sus propias cuentas.
La emisión monetaria, que está teniendo una aceleración de alto riesgo, vive en permanente señal de alerta, casi anaranjado. Hace apenas unos días, dentro del fárrago de noticias, una información pasó sin mucho ruido: se emitieron 27.000 millones de pesos para comprar dólares y poder así sostener su cotización. Pero claro, es un recurso que aislado puede llegar a tolerarse, pero que cuando se hace costumbre termina volando por los aires el sistema. Lo hemos padecido tantas veces, que podría decirse que somos verdaderos expertos.
¿Cuál será el verdadero rostro entonces? Suele decirse que la verdad, en este caso el equilibrio, debe buscarse por el medio, nunca en los extremos. Ni todo está tan bien, ni tampoco tan mal. Hay índices oficiales que son irrefutables, que van más allá de los números mágicos del INDEC, y también hay advertencias bien sostenidas desde la oposición, asidas a la realidad. Por lo pronto, quienes estamos en el medio del bombardeo, no necesitamos nutrirnos de lo que nos digan, pues la realidad alcanza y sobra.
Conclusión: ojalá que se logren amalgamar objetivos, afianzar lo positivo y corregir lo negativo, superando ese abismo que a veces parece separar a la dirigencia. Es que, invariablemente, cuando hay desmadres, las consecuencias siempre las pagan los mismos: los que menos tienen. Una historia conocida y que no debería volver a repetirse, pues las frustraciones ya fueron demasiadas.
Comentá la nota