El ministro del Interior, Florencio Randazzo, no quedó ileso después de la batalla por la Jefatura de Gabinete que perdió ante Abal Medina. La decisión de Cristina de no elegirlo como su principal funcionario debilitó su estructura de poder y, desde allí, no para de accionar para retomar las riendas políticas que creyó tener en algún momento. Los constantes ataques a Scioli y la estrategia para ganar poder con la SUBE
Ese fue el primero, pero desde allí, se metió cada vez más en la cuestión política y tomó la bandera de actuar como el vocero del gobierno.
Randazzo respondió al partido de Scioli y Macri con dureza, a través de un discurso que golpeó al más insensible de los kirchneristas, mostrando la “frivolidad” de Scioli en medio de un momento delicado como la cirugía de CFK.
"La verdad, no me pareció oportuno que organicen un partido de fútbol el mismo día que la Presidenta está internada a partir de una operación tan importante", dijo en aquel entonces.
En las últimas horas, volvió a cargar contra el Gobernador al ponerle freno al acuerdo de conciliación que Scioli está impulsando con Hugo Moyano. "Yo soy de los que piensan que cuando uno presenta la renuncia a un lugar es para irse y no para quedarse", dijo Randazzo.
Estas declaraciones, tienden a desautorizar –públicamente- la estrategia de Scioli y generar –más- resquemores en todos los kirchneristas contra la figura del mandatario provincial y, como se dijo, seguir ganando sonrisas de los militantes de la causa cristinista.
Se SUBE a otra estrategia
“Schiavi siembra y Randazzo quiere los frutos gratis”, comentan en los pasillos de Balcarce 50. El secretario de Transporte de la Nación, Juan Pablo Schiavi, fue el responsable de llevar adelante las negociaciones con las empresas de colectivo y los concesionarios de trenes para la implementación de la SUBE y quien soportó las presiones del sector. Sin embargo, el ministro del Interior se quiere quedar con el manejo de la tarjeta
Una de las definiciones que le cabe al kirchnerismo es la de juego de tensiones. Constantemente el movimiento que encabeza CFK está en disputa con algún sector puertas afuera y en constante discusión puertas adentro. Los diferentes cuadros saben que la forma de crecer es plenamente personalista, imponiéndose.
Bajo este precepto se desató una lucha silenciosa por el control del nuevo Sistema Único de Boleto Electrónico, SUBE. Le gran implementador del proyecto es Juan Pablo Schiavi, secretario de Transporte de la Nación.
El responsable de Transporte se encargó de poner la cara ante el empresariado cuando comenzó con la discusión. Las negociaciones con los responsables de las firmas de colectivo y los concesionarios de trenes no fueron para nada fáciles, en una pulseada que le costó varias semanas para finalmente salir airoso.
Sin embargo, a Randazzo no parece importarle mucho estos esfuerzos. El ministro del Interior quiere quedarse con el control del sistema SUBE, con pocos argumentos, pero con varios motivos políticos detrás.
El porqué fundamental corre por la vigencia que le da por estas horas el hecho de manejar la distribución de un documento que resulta casi obligatorio en la zona metropolitana. Si se quedará con la administración de esta tarjeta, se transformaría en la cara visible un proyecto con mucha llegada a la sociedad.
El titular de la cartera de interior sabe que dar una solución tan ágil a un problema de años es ganancia pura.
La experiencia así se lo dicta: la gestación del nuevo sistema de confección y reparto de DNI y pasaportes le valió una constante aparición pública y un importante manejo de recursos. Esa fue una medida palpable por la opinión pública, en donde sumó en la consideración general.
El otro, y no menos importante, es la posibilidad que tendría de negociar con los caciques del conurbano. Los mandatarios resultaron claves para aceitar la distribución de las tarjetas y cualquiera que tenga una comunicación fluida con ellos puede ver crecer su capital político.



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