RAMALLAH, Cisjordania.- El proceso de paz en Medio Oriente, que parecía estancado indefinidamente, se ha visto revitalizado de repente por la pretensión de Mahmoud Abbas, presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), de proclamar un Estado palestino en la ONU. Y en Ramallah, sede de la ANP, la tensión va en aumento.
"Llevamos 20 años en esto, desde que empezaron las conversaciones, y 18 años desde que se firmaron los acuerdos en Oslo", dice Amr Abdel Nasr, un veterano miembro de Al-Fatah, el principal partido palestino. "¿A dónde nos condujo todo esto? ¿Tenemos Estado, alguna forma de independencia? ¿Han dejado de construir asentamientos en nuestras tierras? Fue una gran trampa en la que caímos, y ahora nos están diciendo de nuevo que esperemos el diálogo. Como si esta vez sí quisieran ser serios."
El presidente de la ANP, Mahmoud Abbas, ha enfrentado presiones "como nunca antes", según sus propias palabras, por su pretensión de proclamar un Estado palestino en las Naciones Unidas (ver aparte).
Una encuesta publicada anteayer indica que el 84% de los palestinos apoya la solicitud ante la ONU, a pesar de que el 90% y el 87% creen que esto provocará "reacciones rigurosas" de Israel y de Estados Unidos, respectivamente.
"No nos pueden pedir que sigamos creyendo: quieren que tengamos fe en las piedras", afirma Tarek Yusuf Salah, un alumno de la Universidad Birzeit.
En el terreno, la tensión se incrementa. Los palestinos han convocado a una campaña de protestas para apoyar la solicitud de membresía. La plaza Al-Manara, centro geográfico de Ramallah, es escenario de eventos que hasta el momento parecen descoordinados y espontáneos: grupos de mujeres, de estudiantes, de trabajadores o de militantes de Al-Fatah aparecen por alguna de las calles y celebran pequeños actos que, aunque alteran el tráfico, reciben el apoyo a bocinazos de los conductores.
Además, ya se convocaron manifestaciones en los centros urbanos palestinos para mañana por la mañana, cuando se inauguren las sesiones en la Asamblea General, y el viernes por la tarde, mientras Abbas habla ante la Asamblea General, habrá actos masivos.
En otras partes de Cisjordania se suceden pequeñas escaramuzas con colonos israelíes, como la que ocurrió el viernes en la aldea árabe de Qusra. Un grupo de israelíes extremistas ingresó en el pueblo y, en el enfrentamiento resultante, uno de sus miembros fue herido de arma blanca, a lo que respondió disparando contra su rival. Ambos sobrevivieron.
Son sólo los primeros vientos que anticipan una tormenta muy anunciada.
El ejército israelí filtró a la prensa un documento en el que se dice que está entrenando y armando a los comités de seguridad de los colonos para que enfrenten posibles ataques palestinos, y que ha establecido dos líneas virtuales alrededor de los asentamientos: si los manifestantes cruzan la primera, serán atacados con gases lacrimógenos, granadas de aturdimiento y "agua de zorrillo", un líquido extremadamente apestoso que se rocía con cañones sobre la gente.
Si pasan la segunda, les dispararán en las piernas.
Las marchas han comenzado ya, sin embargo. Hasta el momento, sin víctimas: el sábado, mujeres árabes y otras judías realizaron una protesta conjunta en el control de Qalandia, una especie de puesto fronterizo entre Jerusalén y Ramallah. Las fuerzas israelíes se limitaron a cerrar el paso para evitar que los dos grupos se reunieran. "Es la primera manifestación en tres años de la que no regreso sofocado por el gas lacrimógeno", festejó el estudiante Salah.
Nadie espera que se mantenga el tono en los siguientes días. Los colonos israelíes han difundido fotos en las que se los ve realizando ejercicios de confrontación: jóvenes armados simulan darles palizas a otros disfrazados de palestinos. También anunciaron que, antes que esperar a que los palestinos se acerquen a los asentamientos, serán ellos quienes marchen sobre las poblaciones árabes.
Además, hay preocupación por la posibilidad de que grupos palestinos radicales traten de aprovechar las protestas para provocar enfrentamientos con los colonos y los soldados. La ANP ha dado órdenes de que la policía impida que los palestinos entren en zonas complicadas. Pero la experiencia indica que es bastante difícil conseguirlo.
A pesar del conflicto inminente, en las calles de Ramallah no se siente temor ni por las incertidumbres del futuro ni por la amenaza de la violencia. "Durante seis décadas nos han hecho todo lo que han podido", señala Nasr, el veterano miembro de Al-Fatah: "¿Con qué nos van a asustar ahora?"..

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