Antonio Saladino, un juez enjuiciado Foto ArchivoLa movida del vicepresidente dejó a un hasta ahora intachable Daniel Rafecas con una espada de Damocles sobre su cabeza. Jueces enjuiciados.
En estos días calientes en el ámbito político y judicial indudablemente la pregunta que surge -tomando la frase de Bayer como punto de partida- es "¿era Daniel Rafecas un juez del poder?".
"Lamento que parte del sistema judicial se involucre en estas cuestiones", dijo el vicepresidente Amado Boudou y aseguró: "Tenía un imagen muy distinta del juez Rafecas". Y arrojó una piedra tan punzante y pesada sobre el magistrado que puso su credibilidad en la picota.
La telaraña que rodea toda esta historia parece ceñirse cada vez más sobre ciertos personajes al punto de terminar devorados, como suele ocurrir con las arañas machos que son deglutidas por la hembra lactrocdectus hasselti australiana cuando el cortejo no fue de su agrado. Con un aditamento: lo que suelen tener este tipo de episodios es que terminan funcionando como una especie de dominó. En el caso puntual de Rafecas -un juez que era considerado intachable e incontaminado- se le imputa un diálogo vía chat con el representante del socio de Boudou acerca de la causa Ciccone.
Los mensajes de texto, chat o correo electrónico ya no son privativos de quienes se los envían. En el caso Rafecas, no fue necesario un rastreo a través de sistemas informáticos, como sí ocurrió para detectar los intercambios entre el juez olavarriense Antonio Saladino y el abogado asesinado Marcos Alonso. En el caso Rafecas simplemente bastó con que su interlocutor, el abogado Ignacio Danuzzo Iturraspe, se presentara a la Justicia a entregar todo el material. Si se es bienpensante, suena cuanto menos extraño. Porque en un dos más dos es cuatro, la conclusión fue servir en bandeja la cabeza del juez federal. El mismo que llevó valientemente a cabo y con una fundamentación impecable la causa por delitos de lesa humanidad del primer cuerpo del Ejército. El mismo que está investigando Papel Prensa. El que, en definitiva, ahora tiene en sus manos la causa contra Ciccone en la que podía salir cuanto menos malherido el vicepresidente con presente cuasirrevolucionario y pasado ucedeísta.
Todo este affaire puede ser observado con distintos prismas. Uno muy interesante es seguirlo con ojos de extrañamiento a través de la prensa oficialista y "de la opo". Y para esto, qué mejor que tomar como ejemplos las revistas Noticias y Veintitrés. "Ni justicia. Poder impune y obediencia total. Salvar a Boudou y disciplinar a los jueces" fue el título de la revista emblema y cabeza de la oposición más acérrima. "Daniel Rafecas. De los elogios al banquillo. Del bronce al barro", se lee en tapa de la revista Veintitrés, militante del oficialismo.
Si Rafecas -más allá del poco serio intercambio- es culpable o no de aquello de los que se lo está imputando no es algo que se pueda responder de manera automática. Habrá que dejar que mucha más agua corra bajo el puente para terminar de entender cuál es el completo entramado y estar en condiciones reales de contestar.
Hay -eso sí es indudable- una veloz respuesta si se aborda la cuestión desde otra perspectiva. ¿Esto mismo hubiera ocurrido si la causa Ciccone hubiese recaído en manos de jueces como Oyharbide, Bonadío o Servini de Cubría? Uhmmm...difícil.
Olavarría
De la sentencia por la causa que investigó el crimen del penalista Marcos Alonso surgieron varias instrucciones satélites. La primera fue la que puso en la mira al juez de Garantías Antonio Cayetano Saladino y que se abrió inmediatamente después del asesinato por un supuesto caso de coimas. A más de dos años de abierta y con un jury iniciado en su contra, todavía se encuentra todo en una nebulosa sin conclusiones. Lo único cierto -al menos en terreno especulativo- es que a Saladino se le bajó el pulgar. Pero no mucho más. Al menos, por ahora.
De las otras causas que se desprendieron hay una que apunta a investigar posibles irregularidades institucionales. No se puede perder de vista que en el transcurso del juicio hubieron otros nombres de representantes de la justicia, el ministerio público y la policía que aparecieron mencionados. Nada avanza. Todo se encaminó hacia un sendero de bajos perfiles que hacen más bien presumir que el olvido será el más claro destino. ¿Conviene, después de todo, a ciertos poderes que se ahonde en la investigación que podría dejar salpicaduras peligrosas?
Símbolos
A lo largo de la historia argentina es vasta la crónica de genocidios, persecuciones y corrupciones de los más variados tenores. La Justicia suele tomarse sus larguísimos tiempos para juzgar. Aunque todo depende, en general y más allá de los tiempos políticos, de la cara del imputado.
Bastaría, para una primera respuesta, buscar en el perfil del 90% de los detenidos en las cárceles bonaerenses: pobres, semianalfabetos y muy jóvenes.
Como contrapartida, hay crímenes eternamente impunes desde el genocidio de los pueblos originarios, pasando por patagonias trágicas o asesinatos de la triple A. También lo están las numerosísimas causas por corrupción.
Las desapariciones durante el terrorismo de Estado recién ahora y a más de 30 años están pudiendo ser juzgadas. Y en esta semana, y a más de dos décadas, el juez Ariel Lijo elevó a juicio la causa contra Armando Gostanian, ex titular de la Casa de la Moneda durante el gobierno de Carlos Menem, por el pago de sobreprecios en la compra de maquinarias a una compañía alemana. En un entramado que permitió a Gostanian embolsar beneficios en el orden de los 16 millones de dólares.
¿Es novedoso el sistema utilizado por Gostanian? En lo más mínimo. Un pequeño ejemplo se puede tomar como símbolo perfecto. Lo que es novedoso, en todo caso es que se lo lleve a juicio.
Una muestra de esa ausencia de originalidad se puede leer en el siguiente escrito histórico: "Haré, señor mío, cuanto de mí dependa en el sentido que usted me indica y me será permitido anticiparle que podré servirlo cumplidamente no sólo en esas negociaciones, sino en otras que pudieran presentarse. Respecto de lo que usted me dice de manifestarle lo que entiende que debe asignarme por retribución a mis servicios, creo que podemos fijar como base una cuarta parte de las comisiones o beneficios que usted perciba de las operaciones", escribió Victorino de la Plaza a la casa bancaria del barón Emile de Erlangher, de París. Y como si semejante síntesis de corrupción fuera poco, bastaría agregar que aún hoy sigue siendo una figura reivindicada -por ejemplo- a través de uno de los puentes más importantes que unen Capital y Provincia que lleva su nombre.
Ni la Justicia ni el poder político y menos aún el periodismo parecen transitar sus mejores tiempos en materia de credibilidad. Lejos, muy lejos de los entramados siguen caminando sus pasos cansados los hombres y mujeres de carne y hueso que continúan pagando por cada jugada espuria dentro de las instituciones. Es decir, el pato parecen pagarlo sistemáticamente los mismos. Y las espadas de Damocles se ciernen sobre determinados actores en el momento en que a otro poder le cuadre mejor a sus conveniencias. De lo contrario, aún las maniobras más oscuras y sucias no saltan a la luz pública y las cosas continúan como si nada de nada ocurriese. Y siguiendo una lógica temporal, si Gostanian va a ser juzgado a más de 22 años del delito de que se lo imputa, tal vez haya que esperar hasta 2034 para saber si Amado Boudou fue autor de una irregularidad o bien, víctima de una cama política como aseguran sus adláteres.





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