La planta de empleados públicos crece pero el desempleo no baja. La pobreza cae pero no merma la ayuda social. Una población al cobijo del Estado.
El cruce de datos socioeconómicos ofrece un preocupante panorama en el corto y largo plazo y muestra la profunda y peligrosa dependencia del Estado, bajo cuyo paraguas vive el grueso de la población, ya sea a través del empleo público o la ayuda social que bajo distintas formas –bolsones, subsidios, planes sociales- otorga el Estado.
A eso se suman otros indicadores que dejan en evidencia que, pese al esfuerzo estatal por dar cobijo a sus ciudadanos, hay flagelos encarnados en la sociedad como la pobreza, la mortalidad, infantil, los suicidios, el embarazo adolescente, que avizoran un horizonte donde lo que se multiplica no es otra cosa que la marginación y la falta de oportunidades.
En una provincia con 335 mil habitantes y con alrededor de 200 mil en edad de trabajar, un 25,6% trabaja y vive del Estado. En empleo público, Catamarca puede sentirse ganadora: lidera el ranking de provincias y la media nacional.
A eso se suma que cada gobierno de turno asume casi como un compromiso de gestión el engrosamiento de la planta de empleados, siempre regidos por parámetros que tienen que ver con los favores, el amiguismo y olvidados de las leyes que obligan a concursar las vacantes que se abren. Por caso, entre 2004 y 2009, la planta de empleados provinciales incorporó 6.500 trabajadores, pese a que los mismos funcionarios reconocen que con un 30% del plantel actual se podría hacer funcionar la administración pública provincial.
Pero a ese cobijo oficial, se suman muchos otros. La Provincia tiene 9.000 personas con planes sociales de empleo, por los que reciben entre 120 y 180 pesos al mes. La Nación aporta su parte a través de programas de empleo. Sólo la Gerencia de Empleo de Catamarca tiene registrados 15 mil beneficiarios de programas de inserción laboral, de empleo comunitario y del seguro de capacitación y empleo.
Pero el mapa del empleo público no estaría completo si no se contempla a los becados, una figura legal no tan nueva que no hace sino encubrir una relación laboral precaria y a través de la cual miles de jóvenes pueblan las oficinas provinciales y municipales.
Pese a esa multiplicación de formas de empleo, la desocupación sigue en ascenso. La última medición –del cuarto trimestre de 2009- muestra que el desempleo creció 1,3% en Catamarca y llegó al 9.9% de la población económicamente activa (PEA). Si a eso se agrega la situación de los subocupados -4,8% de la PEA- se advierte que un 15% de las personas que está en condiciones de trabajar tiene problemas laborales, algo así como 30 mil catamarqueños.
De hecho el desempleo en alza es otro indicador que explica que la provincia encabece otro ranking: el de poseer más beneficiarios de la asignación universal por hijo. De hecho, el 56,6% de los menores de 18 años catamarqueños –unos 88 mil chicos y adolescentes- reciben ese beneficio porque sus padres están desempleados o en situación de informalidad laboral. Y se estima el número crecerá porque ANSES atiende a 200 personas diariamente por este tema.
El abanico asistencial
La asistencia social directa, en una provincia donde según el INDEC bajó la pobreza 3 puntos y alcanza al 17,2% de la población, parece desmesurada y, sin embargo, no para de crecer. Es que, según los últimos datos aportados por Desarrollo Social de la Provincia, 87 mil niños reciben una ración diaria de comida en comedores infantiles y escolares. De hecho, el 75% de las escuelas públicas da alimentos a sus alumnos. Por otro lado, hay 30 mil familias catamarqueñas que reciben ayuda socioalimentaria a través de bolsones, tarjetas o vales Pro Familia. Y unas 1.200 familias más obtienen alimentos a través del programa de hornos y cocinas solidarias.
El mapa de la asistencia social no está completo, falta registrar otros subsidios y ayudas que se otorgan desde el Estado Nacional a través de Desarrollo Social de la Nación. También la Legislatura y los municipios tienen sus propios planes de asistencia y subsidios que otorgan con menor transparencia. Por ejemplo, cada diputado y senador provincial dispone, por mes, de 5.000 pesos para subsidios que otorgan a discrecionalidad. Por eso, no sería sorprendente que llegue a manos de gente que no lo necesita o bien que una misma persona obtenga asistencia social de distintas fuentes porque, aunque debiera existir, el cruce de datos de beneficiarios no es una preocupación de algunos poderes y organismos del Estado. De esta forma, hay familias que reúnen, a través de distintos planes asistenciales –y sin trabajar- los recursos necesarios para cubrir sus necesidades básicas de subsistencia: alimentación, vivienda, vestimenta.
Si la asistencia social sigue creciendo es porque hay otros indicadores que se presentan como síntomas de una sociedad en problemas. En relación a la tasa de suicidios, Catamarca vuelve a posicionarse primera en un ranking preocupante con 13,5 casos cada 100 mil habitantes, cuando la media nacional es de 8,5. Sólo en lo que va de 2010 ya se registraron 12 suicidios y el año pasado, hubo 51 personas que se quitaron la vida.
El embarazo adolescente, otro problema que tiene arraigo en la pobreza y la falta de educación, también deja a Catamarca con la tasa mayor del noroeste argentino: el 20% de las madres son menores de 20 años y de ese universo, el 3,5% tiene menos de 15 años. No es de extrañar que también en mortalidad infantil Catamarca ocupe los primeros puestos. Concretamente el cuarto lugar entre las provincias argentinas, con una tasa del 15,3%.
Semejantes posicionamientos en índices socioeconómicos vitales deberían encender las alarmas del Estado para promover políticas que tiendan al desarrollo genuino que, si bien pueda alcanzarse por distintas vías, seguro que no se logra a través del engrosamiento del Estado ni de la multiplicación de planes de asistencia social.
El desempleo en alza explica que la provincia encabece el ranking de la asignación por hijo.
Hay familias que reúnen a través de distintos planes -y sin trabajar- los recursos para subsistir.
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