El análisis político debe hacerse con lógica, justamente lo que falta en la política catamarqueña.
Para entender cabalmente los desvaríos de la política local de los últimos años, se necesita decir la verdad; por ejemplo, que antes del 2 de marzo del 2003, un análisis correcto sentenciaba que Eduardo Brizuela del Moral no podría ser gobernador de la provincia (eso explica el desinteresado paso al costado de Oscar Castillo). Lo mismo pasaba hace un mes; nadie sensato hubiera dicho que Marta Grimaux podría ser la candidata de la UCR; pero lo es, y como Brizuela en agosto del 2003, seguramente será electa.
Es otra oportunidad desaprovechada, sin lugar a dudas, porque la titularidad de la UCR es un espacio político importante para hacer aportes a la política provincial. Desde allí, por ejemplo, podría pensarse y proponerse al gobierno una sustentable estrategia económica y social de crecimiento, con equidad desde ya; una justa y eficiente política educativa que genere una mejor ciudadanía, liderazgos y competitividad en todos los ámbitos. Grimaux no lo hará, justamente por eso es candidata, porque su figura garantiza más de lo mismo. Ella, con todo el respeto que se merece, apenas es candidata a presidir la comisión administrativa de un consorcio político.
Bien visto, el único sector del radicalismo que se anima a ir contra el status quo radical es el que orienta el intendente Gustavo Jalile. El intendente, a diferencia de los todos los candidatos a presidir la UCR, Sosa, Gigantino o la misma Grimaux, cree en la voluntad del poder, cree que una política mejor es posible, que es moldeable, pensable. Y si lo es, entonces es proyectable. Por eso, aunque no luzca nítidamente, tiene un plan; que entiende es inviable con el sector conservador que controla el partido del oficialismo.
El oficialismo, al menos ese núcleo duro que decide las candidaturas radicales a oscuras desde hace varios años, también opina lo mismo. Entienden que todo el que esté dispuesto a disputar poder en serio, es incompatible con esa soberana tranquilidad del régimen, eso que se denomina paz social. Esos merecen todos los ataques. Eso explica el conveniente apoyo que reciben las candidaturas de los que restaran los votos del descontento, de la bronca, de la indignación del radical que legítimamente apoyaba otra gestión.


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