Radarización, una vieja deuda que comienza a saldarse con la seguridad

Argentina sufre de una severa falta de control del espacio aéreo. Hasta 2005, solo había siete radares en operación y se necesitan màs de 30 para un control eficaz
E

l radar militar que está siendo instalado en Posadas y el que se va a destinar a San Pedro o Bernardo de Irigoyen representan el cierre de una larga historia de improvisaciones y demoras inexplicables. La Argentina tiene hoy la mayor parte del espacio aéreo sin control y durante casi 30 años, estuvo abierta una licitación para contar con radares, que no avanzaba por sucesivas impugnaciones y la mirada displicente del Estado.

Recién en 2005, después de dos años de batallas legales, el ex presidente Néstor Kirchner logró romper la licitación en marcha y decidió la compra al Invap -empresa argentina de base tecnológica en Río Negro, que se dedica al desarrollo de tecnología de avanzada en varios campos diferentes- de un prototipo y una primera serie de radares que permitirá mejorar la situación.

Pero hasta ese año, la falta de control de la frontera aeroespacial era dramática. Solo había siete radares funcionando, de los cuáles uno era back up de otro: operaban Ezeiza, Córdoba, Mendoza, Paraná, Mar del Plata, San Fernando y Merlo, éste último como sostén del de Ezeiza si tenía alguna falla. Este sistema resultaba insuficiente, provocando restricciones y demoras en los vuelos, con dificultades crecientes frente al incremento del tránsito aéreo registrado en nuestro país.

Para controlar todo el espacio argentino, se estima que hacen falta 37 radares. Desde la primera operación con el Invap, al que el ministerio de Defensa le compró el prototipo y diez unidades -más la patente-, el sistema de radarización pasó a depender de la Administración Nacional de Aviación Civil, que decidió la fabricación de otros once radares dos dimensiones. Así, con los dos radares donados por el Reino de España -uno se instalará en Posadas- se estaría cubriendo para el año 2012, entre el 90 y 95 por ciento del espacio aéreo. En cuanto a los radares secundarios para el control del tránsito aéreo, a la fecha se han instalado ocho unidades en los aeropuertos de Quilmes, Santa Rosa, Neuquén, Bariloche, Córdoba, San Luis, Tucumán y Bahía Blanca, completando la red de 22 radares secundarios en 2011.

El salto a la modernidad no representa únicamente una ventaja en materia de Defensa de las fronteras, si no un respaldo a las operaciones aerocomerciales.

Además, Argentina se convertirá en el único país de Latinoamérica en contar con tecnología propia en el sistema de radares, lo que elimina la dependencia con las potencias militares y baja ostensiblemente los costos de operación y mantenimiento. De hecho, un radar en el mercado mundial cuesta entre 20 y 22 millones de euros, mientras que el construido por el Invap, tendrá un costo de 18 millones de dólares.

“Es un sueño hecho realidad. Lo que estudiamos toda la vida en papeles, ahora lo estamos palpando”, aseguró el brigadier Juan Carlos Biassi, entrevistado por este diario. Biassi es jefe del sistema de implementación del Sistema Nacional de Vigilancia Aeroespacial.

Además, por primera vez, toda la información de los radares irá a un control unificado que dependerá del ministerio del Interior y de Defensa. La información estará on line para tomar decisiones en tiempo real, en cuanto a acciones sobre violaciones al espacio aéreo o contrabando, como en la zona de Misiones.

Sin embargo, esta posibilidad también abre interrogantes sobre quién tomará las decisiones, ya que hay un vacío legal sobre la jurisdicción en caso de que se cometa una violación al espacio aéreo. Puede detectarse en Misiones, pero el centro de control está en Buenos Aires y son fueros federales distintos.

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