Racing venció en su estadio a San Martín de Tucumán por 4 a 3 en un partidazo. Los goles para el equipo de Ragusa llevaron a través de Luciano Vázquez en dos oportunidades (uno de penal), Bocchino y Ferrera. Para la visita, los tres tantos fueron de Gustavo Balvorín. Ambos finalizaron con diez por las expulsiones de Juan Berdún y Leonardo Hoyos.
Fue un 4-3 que pudo ser tener otros resultados, desde una goleada a favor con números históricos hasta la derrota. Quedará en la memoria la fenomenal tarea de Vázquez (ni hablar de su segundo gol) y la actuación superlativa de Scasserra en un marco colectivo con pocos puntos individuales que no se destacaron.
Los que pensaban que las tres caídas consecutivas (sin goles a favor y con una dolorosa goleada reciente) habían marcado el destino del equipo tendrán que revisar sus análisis y sus cuestionamientos tan contundentes como apresurados.
Más allá de lo que ocurra de aquí en más, el equipo se sobrepuso a una quincena de marzo complicada desde donde se mire y a una semana convulsionada por problemas internos que parecen haberse maquillado, o al menos poner a un costado porque inteligentemente se comprendió que todavía hay mucho en juego, individual y colectivamente.
No solamente a eso le puso el pecho el equipo. Casi desde el vestuario arrancó perdiendo. Al minuto cayó un córner en el punto del penal, Loeschbor anticipó de derecha, la pelota dio en el palo, nadie la pudo sacar y Balvorín estaba ahí
Racing siguió siendo superado por cerca de 20 minutos, aunque empató un frentazo perfecto de Emanuel Bocchino ganándole a Loeschbor en el segundo palo y clavándola en el primero. La circulación tucumana le ganaba a una presión Chaira que no acertó el momento.
Solaberrieta (en todo este mes no se lo percibe con la misma capacidad física) no encontró la marca y salió lejos descuidando su espalda, Scaserra no pudo con su soledad, Valente volvió más lento que su marca y el único que mantuvo el duelo equilibrado fue Berdún, con buena ayuda de García Lorenzo.
La prolijidad de Pérez y el “Arenero” López, el manejo de Beraldi a la espalda de Valente y ganándole a Santellán porque el “Ratón” Ibañez se volcó a esa banda, más la presencia inquietante de Balvorín fueron más en ese tramo. Si bien no molestaron a Mocoroa (estuvo atento toda la tarde), el arquero tuvo que esforzarse para desviar un remate bien direccionado de Hernán Pérez y para llegar a atorar a Lucas Oviedo en una pelota que se perdió en el medio.
Pasados los 25’ el equipo se hizo más corto, el doble contención (Solaberrieta-Scasserra) emparejó la pelea del medio y todos se comprometieron con la recuperación, que hizo jugar al Santo cada vez más incómodo en el control de la pelota.
A eso hay que agregarle el aporte de Abán (fue a todas, incluso las que cualquiera da por perdida) y especialmente de Luciano Vázquez, que pivoteó bien en el área, bajó a enganchar –casi siempre sobre la izquierda-, jugó e hizo jugar e incluso llegó a posición de gol.
El aplauso con el que despidió su público a Racing rumbo al descanso, marcó la conformidad con el rendimiento de los minutos finales, que se jugaron en campo tucumano, sin el poder de fuego necesario en los últimos metros ya que solamente insiuó con algunos centros y alguna pelota parada, como esa que peinó Ferreyra y salió cerca de la base del palo derecho.
El reinicio no fue el más alentador. Fue muy similar al del comienzo del partido. Con un minuto de diferencia entre ellas, en dos jugadas distintas, primero Ferreyra y después García Lorenzo la sacaron de la línea con Mocoroa vencido.
Pero enseguida, Racing mostró las uñas y que estaba dispuesto a dar batalla. Gran diagonal de Abán para ganarle a la defensa, eludió al arquero, al abrirse demasiado perdió un tiempo y cuando le dio al arco, el piso le jugó una mala pasada y la pelota se fue afuera. Un par de minutos después, apilada (se sacó de encima a tres) a pura potencia y habilidad de Vázquez y derechazo que Hoyos pudo amortiguar.
Pero llegó otro cross al mentón. A los 9’ Berdún fue imprudente con la pierna bien arriba contra Pérez. El riguroso (para algunas situaciones) árbitro Córdoba no dudó y lo mandó a los vestuarios. Había mucho por jugar y el hombre menos ya complicó a Racing varias veces. Pero aunque Solaberrieta quedó sólo en el centro, la posición de Valente por izquierda y, especialmente, de Scaserra por derecha terminó siendo clave.
El azuleño hizo una media hora final formidable, que empezó con una asistencia a otra diagonal de Abán al que el arquero Hoyos terminó derribando. Penal que convirtió Luciano Vázquez.
Ni tiempo para celebrar hubo. A la vuelta, el árbitro santafesino Córdoba vio falta de Bocchino contra Balvorín en el área y el propio goleador empató.
Pero, a la luz de lo visto, la obra de arte que fue el tercero de Racing, dos minutos después de la igualdad, marcó el rumbo del juego. ¿Por qué obra de arte? Cómo llamarle si no, a que Vázquez bajó una pelota que le llegó bien alta, en un movimiento le metió el sombrero al defensor y cuando Hoyos dio un par de pasos adelante, la mandó por encima y salió a gritarlo con un estadio al borde del colapso cardíaco.
Para los complicados con el “bobo” , hubo solamente cuatro minutos de descanso. Porque a los 23’ Claudio Ferreyra le dio como con la mano y la puso lejos de la estirada del errático Hoyos. ¡Sí, Racing la metió tres veces en ocho minutos! Inédito pero real. Las tribunas se movían…
El “Tigre” Amaya ya había mostrado sus intenciones de ganarlo al dejar tres en el fondo, metiendo al picante Nuñez por el lateral Vergara y tras sufrir los efectos del cambio en tres ataques de Racing, reemplazó sacó a los dos volantes de marca por un par de buen pie y pegada (Medina y Herrera). Pero nada le resultó ante un Chaira que no sólo no bajó el ritmo físico, si no que fue por más.
Ya sin Vázquez ni Abán en cancha, cada ataque olavarriense fue medio gol. Scasserra era indetenible por derecha; y en menor medida, lo mismo pasó con Valente por la derecha (en una corrida hizo expulsar a Hoyos). Rondando el área, Brandán y Piecenti estuvieron cerca de aumentar. El mendocino definió displicente una clara y el olavarriense no anticipó una que pudo ser.
Un San Martín herido pero con vida fue por el descuento. Mocoroa tapó una con la piernas y el árbitro le dio otro penal al Santo (consideró intencional la mano de Erramupe que detuvo un centro de Beraldi). Balvorín descontó tras rematar dos veces (el primero fue invalidado por invasión de área).
Ya era tiempo de descuento. Rápido llegó el pitazo que desató la euforia y el sin fin de abrazos. La tarea estaba cumplida. El temperamento afloró, la capacidad colectiva recordó los mejores tiempos y esta vez, hubo gol. Una actuación como para inducir a volver a los que fueron a ver el partido más que a Racing
El benjamín del endecagonal dio señales que dará lucha. Quedó claro que si no se caen soldados (por expulsiones o lesiones), es capaz de algunas hazañas más.
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