Llegar fue como despertar de la pesadilla. Del terror que se desató en la noche cerrada del domingo al lunes a bordo del Mavi Mármara rumbo a Gaza, donde viajaba como un miembro más del pasaje de 550 civiles.
—¿Había terroristas a bordo del “Mavi Mármara” como asegura Israel?
—No éramos terroristas, éramos 550 pasajeros de 32 nacionalidades distintas, desde diputados europeos hasta dirigentes de derechos humanos, representantes de la comunidad árabe, cristiana y gente de todas las ideologías. Israel atacó un barco repleto de civiles en aguas internacionales. Lo que diga Israel me da igual, sus explicaciones las deberá reservar para la Justicia.
—¿Por qué enfrentaron a los militares israelíes?
—Cuando nos embarcamos, sabíamos que podíamos correr cualquier riesgo teniendo enfrente a Israel. Ya se ha visto las matanzas que han perpetrado. Y éramos plenamente conscientes de que una masacre así podía tener lugar. Pero nada te prepara para ese momento cuando uno piensa que es el final. Listo, acabarán con todos nosotros, me dije. Por eso luchamos, para mantenernos con vida.
—La misión a Gaza tenía un mensaje político que era romper el bloqueo. ¿Hubo una connotación política de Israel en esta acción?
—Ciertamente, el ataque de Israel fue un mensaje ejemplificador al mundo, a las personas que practican la solidaridad con los pueblos oprimidos, para desalentarlos de cualquier futura empresa como ésta. Pero a la amenaza de Israel, nosotros respondemos que volveremos a Gaza, una y otra vez, con muchas más personas y el doble de embarcaciones.
—¿Se subirá nuevamente a un barco?
—Por supuesto, esa es nuestra intención, no tengo dudas. Desde Barcelona, comenzaremos a trabajar junto a organizaciones de Bélgica para sacar un nuevo barco desde estas costas. Volveremos para ayudar a Gaza, que nadie lo dude.
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