Quintana, el okupa de la CGT

Quintana, el okupa de la CGT
El titular de UPCN ocupa la sede de la CGT regional, cuando tiene vencido el mandato y cuando gran parte de los gremios conformaron una central obrera paralela.
Carlos Quintana es un oscuro personaje del sindicalismo bonaerense que busca un período más -que nunca renovó formalmente- como secretario general de la regional bonaerense de la Unión de Personal Civil de la Nación (UPCN), mientras sigue sitiando la sede regional de la Confederación General del Trabajo (CGT).

Su mandato venció a mediados de 2008 y en septiembre de ese año un grupo de 60 gremios de la regional (que abarca La Plata y ciudades aledañas) decidió autoconvocarse para definir las nuevas autoridades. Aquella vez consagraron como secretario general a Julio Castro, de Obras Sanitarias; y como adjunto a Miguel Forte, de Camioneros.

Recién semanas después Quintana convocó formalmente a la normalización de la central por indicación del entonces secretario de Interior de la CGT, Gerónimo Venegas, pero éste no pudo oficializar el trámite, ya que no acudió la cantidad de gremios necesaria para llevarlo a cabo.

Las peripecias políticas de 2009 impidieron que algo cambie. Y todo sigue igual: Quintana mantiene las llaves de la CGT, con su histórico edificio de calle 36, y los gremios que se autoconvocaron se reúnen semanalmente sin que el líder de UPCN se asome.

"Todos los intentos de unidad fueron fallidos porque Quintana no está dispuesto a ceder", reclaman sus detractores. Sólo lo apoyan algunos gremios como Comercio, Bancarios y Utedyc, pero es clara minoría en el sindicalismo platense.

La rebeldía de Quintana fue posible porque Venegas se apartó de la CGT luego de su divorcio con el kirchnerismo y de su retorno al duhaldismo. Eso dejó acéfala la secretaría de Interior de la central obrera, encargada de normalizar las regionales. Pero ahora la situación es diferente y sería inminente que desde la institución le bajen el dedo, en pos de la unificación del movimiento obrero en la región.

Además, el titular de UPCN fue, paradójicamente, el principal rehén de su rebeldía: por no tener unida la CGT, el intendente Pablo Bruera le negó el segundo lugar de la lista de candidatos a diputados provinciales y quedó cuarto, a dos lugares de ingresar.

También debió aceptar que Carlos Forte, titular del sindicato de Camioneros en La Plata, sea candidato a concejal en quinto lugar y pueda asumir como edil con lo justo. Hoy el camionero es parte del bloque kirchnerista que reprueba los gestos de independencia del intendente.

La debilidad y el desprestigio de Quintana repercute hacia el interior de su propio sindicato. Por primera vez, en 30 años de secretario general, deberá enfrentar una interna dentro de su gremio en las elecciones que se realizarán el 27 de mayo. Enfrentará a la lista Rojo, que encabeza el dirigente Fernando Marín, que ya ha anunciado que, en caso de ganar los comicios, impulsará la unificación de la CGT. "El principal escollo de la unidad del movimiento obrero es Quintana", aseguran sus detractores.

La duda es cuánto tiempo más Quintana seguirá sitiando la CGT, para la que no tiene mandato en vigencia. Todo indica que tiene los días contados.

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