Quiénes son los indígenas que jaquean al gobierno de Evo Morales

Representaban su base electoral, pero ahora critican al presidente y exigen su renuncia. Una guerra con arcos y flechas por una ruta sobre la Amazonia boliviana.
¿Estado plurinacional? De las 36 etnias reconocidas en Bolivia, 34 apoyan la protesta contra Morales. El presidente juró su segundo mandato en enero de 2010, rodeado de aymaras, en un ritual indígena. La lucha de los aborígenes contra la policía, esta semana en la Amazonia.

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Según los opositores, un documento muestra cómo se realizó la feroz represión

La guerra entre indígenas en Bolivia está al rojo vivo. El conflicto desatado entre 34 de las 36 etnias que integran el Estado Plurinacional de Bolivia y el presidente Evo Morales tocó el punto máximo esta semana, con la represión policial a la marcha que se dirige hacia La Paz para protestar por la construcción de una carretera en la Amazonia. La feroz pelea esconde una histórica puja entre los pueblos del llano y los indígenas andinos, entre los que se destacan los quechuas y aymaras.

Los opositores, que apoyaron masivamente al primer mandatario para llegar al Palacio del Quemado en 2005 y ser reelecto en 2009, sienten que algo se quebró entre ellos y el jefe de Estado. Al inicio de la marcha querían dialogar con Morales. Ahora, exigen con amargura e indignación su renuncia. Y lo hacen a través de sus jefes más representativos: Adolfo Chávez, Fernando Vargas, Justa Cabrera, Pedro Nuni y Felipe Quispe.

“Esto es un etnocidio”, explica Cabrera, una líder guaraní, a PERFIL. Según la presidenta de la Confederación de Mujeres Indígenas de Bolivia –que agrupa a indígenas de “tierras bajas”, el Oriente boliviano–, la construcción de la carretera provocará la desaparición de ríos, de animales y el desplazamiento de pueblos originarios hacia las grandes ciudades, donde suelen tranformarse en víctimas de la drogadicción y la prostitución.

“No es más nuestro presidente, no lo reconocemos como jefe de Estado. Vamos a buscar que se vaya”, confió “la mujer de voz clara”, como llaman los guaraníes a Cabrera, en diálogo con este diario. El conflicto territorial es uno de los clivajes más fuertes de la política boliviana y enfrenta a los indígenas del llano con los productores cocaleros y de soja.

“La Pachamama es la vida misma. Tenemos miedo de que expulsen a comunidades indígenas. Ya hay muchos pueblos desplazados –asegura Cabrera–. Nos traicionó y decepcionó. Impulsó leyes muy bonitas, pero no se cumplen. Está violando a la madre tierra”, completó Cabrera, que vivió durante su infancia hasta los 9 años en condiciones de esclavitud. Sus palabras están en consonancia con el reclamo del resto de los líderes indígenas.

“Está rodeado por la misma casta criminal que gobernó siempre Bolivia”, disparó esta semana Felipe Quispe, el aymara marxista que a lo largo de los años se transformó en el eterno rival político de Morales, contra el que compitió en las presidenciales de 2005.

Aunque no participó de las marchas, Quispe alzó su voz contra el presidente: “El peor enemigo del indio fue el mismo indio. Nunca hubo este trato hacia los marchistas ni este tipo de enfrentamientos. El presidente debía bajar a las bases para llegar a un arreglo, esto es un suicidio político a nivel nacional e internacional”. Aunque está alejado del Ejecutivo, Quispe conoce a los hombres que gobiernan su país. Su militancia política lo llevó a ser compañero de armas del vicepresidente Alvaro García Linera en el Ejército Guerrillero Túpac Katari, una guerrilla indigenista y maoísta de los noventa.

Pero los más indignados con el presidente son los amazónicos, que denuncian que la carretera transocéanica partirá en dos sus territorios. “Queremos su renuncia”, apuntó Vargas, líder de los indígenas del Parque Nacional Isiboro Sécure (Tipnis), por donde se trazará la ruta de la discordia. “Sentí orgullo de que me reprimieran por defender a mi pueblo”, dijo quien fuera detenido por la policía durante un día y se destacara entre los marchistas por su fortaleza y valentía.

Adolfo Chávez, presidente de la Confederación de Pueblos Indígenas del Oriente (Cidob), marcha con el brazo derecho quebrado en tres partes. Con fierros sosteniendo el húmero, camina junto a sus hermanos. Es el más crítico: “Nuestra marcha es pacífica y no vamos a responder a las agresiones y amenazas de algunos sectores sociales, porque el gobierno quiere buscar enfrentamientos entre hermanos”, declaró el líder guaraní, y descartó que detrás del movimiento indígena estén los prefectos de Beni y de Santa Cruz, opositores a Evo.

Por su parte, Pedro Nuni, diputado del oficialista MAS y aymara como el primer mandatario, prometió que estará hasta las últimas consecuencias al lado de su pueblo. Además, reconoció que oponerse a una carretera impuesta por el gobierno podría costarle caro. Pero es también el que más puente puede tender con el gobierno. “Le temo a mi pueblo y no al partido político que me llevó de diputado”, explicó Nuni, el quinto líder de las etnias que piden la cabeza de Evo.

Aunque reformó la Constitución, otorgándoles mayores derechos a los pueblos originarios, y encarnó el mito de Tupac Katari, un cacique indígena ejecutado por las autoridades coloniales en el siglo XVIII, que prometió la llegada del “Jacha Uru”, el gran día de los aymaras, las etnias del llano no confían en él. Y, con arcos y flechas, exigen la renuncia del primer presidente indígena de América latina que reivindicó la Pachamama.

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