¿A quién le importa la austeridad? No a Cristina

PorTHE ECONOMIST Londres

A comienzos de 2010, Cristina F. de Kirchner aconsejaba a los gobiernos europeos ante la recesión y el pánico de los mercados. En esencia, recomendaba olvidarse del FMI y seguir gastando.

Eso es lo que ella y su esposo, el ex presidente Néstor Kirchner, practican desde 2003. Argentina es uno de los poquísimos países que rechaza todo trato con el FMI. Casi una década después de ir al default , en 2001, todavía sostiene algunos contactos financieros y apenas goza de crédito bancario. Pero contra los pronósticos agoreros de los economistas ortodoxos, su economía crece. O eso parece.

Las cifras están en debate: en 2007 el gobierno intervino el instituto Indec y ahora los números oficiales son poco creíbles. Según éstos, el PBI creció el 0,9 por ciento el último año, pese a la recesión mundial y la severa sequía que afectó a los mayores productores. Pero los economistas independientes, que afirman que la economía se contrajo cerca del 2 por ciento en este año, auguran un crecimiento del 8 por ciento. Igual que entre 2003-2009, esto se debe sobre todo a la buena fortuna. La sequía terminó y su industria automotriz se beneficia con el fuerte crecimiento de Brasil. El tercer elemento favorable son las políticas expansionistas de Fernández, que alientan un boom del consumo. Cuando la economía empezó a menguar, ella siguió gastando: dio ayuda a las automotrices multinacionales y subsidios para el empleo. Ante la caída de los impuestos, pagó estas políticas mediante la lotería nacional y el sistema de pensiones, que nacionalizó en noviembre de 2008. De acuerdo con un alto funcionario, estas medidas de emergencia salvaron empleos y el pago de ayudas. Los Kirchner han sido extraordinariamente afortunados de que sus períodos coincidieran con el aumento del comercio con Argentina.

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