El fiscal federal Omar Palermo es docente y fue juez de Instrucción. Fuerte protagonismo en el área de los derechos humanos.
Deja la impresión de que -si por él fuera- mantendría su silencio antes, durante y después de la audiencia pública que -inexorable- lo espera en el Senado provincial. Aún no ha terminado de digerir que es el candidato a ocupar el puesto vacante de Fernando Romano en la Suprema Corte de Justicia de Mendoza.
"Estoy actualizando el currículum y le he tenido que agregar algunas cositas", dice vagamente sin dar mayores precisiones de las "cositas". Sin duda, tiene muy presente ese "¡andá preparando el currículum!" con el que el gobernador Francisco Pérez le confirmó por teléfono que él era "el elegido".
El pliego ingresará mañana por la mesa de entradas del Senado.
Ya son las 14 (del jueves) y su oficina del cuarto piso del Palacio de Tribunales Federales (dando la vuelta a la izquierda a la salida del ascensor) se transformará en unos minutos de un ceremonioso ámbito judicial en el lugar de reunión familiar (esposa y tres hijos) antes de emprender el regreso a casa. El despacho es el punto de encuentro diario.
-¿Es cierto que perderá nueve mil pesos si deja la fiscalía federal y asume en la Corte Provincial?
-¿Quién les dijo eso?... Bueno? sí? los números son más o menos esos -responde entrecortado, cuando ya uno de sus niños se encuentra en la oficina-.
Incómodo, apura la despedida final que impide que el diálogo informal se convierta en la entrevista periodística que evita. Para la audiencia pública que viene, se muestra seguro en lo de "audiencia", pero parece incomodarlo eso de "pública".
Omar Palermo tiene 45 años, está casado con la defensora penal de menores Claudia Vallejo y es doble hincha del Atlético Club San Martín (la infancia tira) y de Boca Juniors. Es ganar plata segura apostarle a que hoy a las 15.30 Palermo se sumará al rito de otros miles y se ubicará como ellos frente a la pantalla de la TV más grande que esté a mano para no perderse detalles al choque de xeneizes y millonarios. Es difícil, no obstante, imaginarlo con el gorro azul y amarillo de tres puntas en su cabeza.
Juez y rehén
En tribunales provinciales intervino en las condenas por el motín vendimial, el asesinato de la maestra Claudia Oroná y el descuartizamiento en la Penitenciaría del penado Sergio Salinas. Cuando era un juez de 32 años se ofreció como rehén -junto al jefe de Policía, Adolfo Siniscalchi- a cambio de la liberación de otros "rehenes" que, en realidad, resultaron ser familiares y cómplices de unos delincuentes atrincherados dentro de una vivienda. Permaneció secuestrado en un vehículo desde un domicilio allanado de la Cuarta Sección hasta la Terminal de Ómnibus, donde finalmente lo liberaron.
En la Justicia Federal se destacó por impulsar el desarrollo de los juicios por delitos de lesa humanidad y por llevar adelante la causa contra Otilio Romano, tanto durante la destitución como luego de la fuga hacia Chile.
Su candidatura genera adhesión en todas las bancadas de la Legislatura y nadie habla de bolillas negras. La buena impresión alcanza a la propia Suprema Corte, a los gremios judiciales y ni hablar del oficialismo. Por eso, todo indica que pasará a integrar una Corte que equilibra a integrantes de origen radical con pares de postulación justicialista. Y cuando en el tribunal aparecen conviviendo un ala "senior" que se va achicando y otra "junior" en expansión que pasará a integrar.
Allí compartirá espacio con otro "junior" (el peronista Mario Adaro, de 43 años) con quien -según repiten las leyendas urbanas- disputó influencias a la hora de aportar nombres en el área de Justicia del actual Gobierno provincial.

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