La quimera venezolana

Por: Ricardo Kirschbaum.

Julio De Vido dice que está orgulloso por haber incrementado veinte veces el comercio con Venezuela. El aumento de las cifras de la relación con Chávez es muy importante.

Pero lo que está en investigación no es eso sino el modo en que se hicieron los negocios, si hubo o no que pagar comisiones para que esas ventas a Venezuela pudieran concretarse, y si en ese presunto trapicheo algún dinero fue a parar a bolsillos de funcionarios argentinos y venezolanos.

El caso tuvo un vuelco dramático por la declaración del ex embajador en Caracas, quien informó a la Cancillería en 2005 que había empresarios que se quejaban por el sistema de "peajes" que había que pagar para acceder a ese mercado y, además, que se usaba el dinero de un fideicomiso para intervenir en el mercado de dólares venezolano y hacer fuertes diferencias, antes de reponer el efectivo en la cuenta oficial. En una operación, hubo una ganancia de 13 millones de dólares, afirman.

Rafael Bielsa, canciller de entonces, admitió que conocía ese informe y que, preocupado, se lo informó en persona al presidente Néstor Kirchner, quien no adoptó medida alguna, salvo fulminar al embajador que había enviado la información. Ahora, Bielsa le pide a Dios que las versiones de coima sean falsas.

Vuelve ahora la cuestión de la valija con 800 mil dólares que se encontró en manos de Antonini Wilson cuando llegaba de Caracas, episodio que le costó el cargo a Claudio Uberti, mano derecha de De Vido y operador todoterreno de las especiales relaciones con el presidente venezolano.

El reportaje que hoy publicamos al venezolano Antonini Wilson muestra, desde adentro, cómo era el procedimiento obligado para negociar con Venezuela, con qué autonomía se movía Uberti y de cómo Kirchner removía a los que preguntaban demasiado sobre los negocios.

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