Quieren instalarse en un predio en Miami

El ingreso en auto por Rivera Sur, bordeando el Riachuelo, es complicado: el camino está muy deteriorado, se cruzan carros repletos de mercadería, caminan personas que cargan sobre la espalda bolsones que doblan su peso, instalan de improviso una mesa para jugar a encontrar la pelotita. Y en los laterales son cuadras y cuadras de puestos al aire libre.
Tal vez la mejor forma para tratar de comprender la magnitud de La Salada es subirse a uno de los pisos del estacionamiento que hay en una de las ferias cubiertas: cada lona de color es un puesto distinto. Y son miles de lonas, y cientos de miles personas que se mueven de un lado a otro sin cesar.

De donde se la vea, con todos sus vicios y virtudes, La Salada es un mundo aparte. En la semana, las dos veces que abre -antes sólo una- es durante la madrugada, para que los mayoristas no pierdan un día de trabajo, mientras que los domingos es de la mañana a la tarde.

Económicamente, puede llegar a obtener ingresos de hasta $ 200 millones en una sola jornada de feria, ya sea en vísperas de fiestas, o del Día de la Madre o del Padre. Legalmente, es cuestionada por su informalidad y la falsificación de marcas, reflejadas en los asiduos allanamientos que se llevan a cabo cada vez que abre. Y territorialmente, ese rincón en Ingeniero Budge, partido de Lomas de Zamora, a orillas del Riachuelo, tampoco parece suficiente. La Salada quiere clavar bandera en Neuquén, y también en el exterior. Nada menos que en los Estados Unidos.

Así lo sostiene Jorge Castillo, administrador de Punta Mogote, una de las principales ferias que conforman La Salada junto a Ocean y Urcupiña, quien hoy se pasea por las calles de Miami Beach en busca de una propiedad de más o menos dos hectáreas para instalarse allá. "Si venimos acá les damos una paliza. Sin truchar marcas ni nada, eh", dice por teléfono Castilllo a La Nacion, y se lo percibe muy entusiasmado con la idea. De hecho, se ilusiona con llenar un avión de American Airlines con posibles feriantes inversores y un puñado de periodistas para que puedan presenciar "el fenómeno".

Castillo asegura que se pagan todos los impuestos en su feria, Punta Mogote, pero reconoce que hay cosas que están mal. Eso sí, se ríe y dice que no son ellos los que las tienen que corregir sino que las autoridades deberían hacerlas cumplir. "No se ordena ni se reglamenta, existe una tolerancia gris. Y si hubiera tolerancia cero como en Estados Unidos nadie trucharía una marca. Pero acá todo es joda", dice.

Hoy, por un puesto dentro de Punta Mogote, se paga entre 350 y 450 pesos según la ubicación. Si se paga por mes puede salir unos 5000. Y las ganancias, si bien varían dependiendo de la época, oscilan entre los 3000 y 7000 pesos. Dentro de la feria hay una regla de oro: nadie roba ni a los feriantes ni a los compradores. Y para ayudar a que eso no suceda, sólo en Punta Mogote hay dos empresas de seguridad privada recorriendo constantemente la feria.

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