La sentencia se leerá el 31 de octubre, a las 12,30, en Santa Rosa. La fiscal consideró que no pudo probarse la existencia de una picada pero recordó que Molina conducía "totalmente alcoholizado" y pidió cinco años de prisión efectiva.
El debate oral había comenzado el lunes, en la Ciudad Judicial de Santa Rosa, donde el imputado prefirió no declarar. El resto de las audiencias se desarrolló en 25 de Mayo, donde la Cámara Criminal Nº 1, integrada por Hugo Díaz (presidente), Carlos Vitale Novaretto y Miguel Vagge (vocales) escuchó distintos testimonios, ordenó dos careos y realizó una inspección ocular antes de escuchar los alegatos de las partes. El tribunal anunció que la sentencia será leída en la Ciudad Judicial, el miércoles 31 de octubre, a las 12,30. Pocas horas después, se cumplirán cuatro años de la muerte de Serraino.
Tres alegatos.
Para ayer estaba prevista la presencia de los últimos cuatro testigos del juicio, pero el tribunal sólo escuchó a dos, porque los otros no se presentaron. El testimonio más sorprendente fue de la médica María Figueroa, que estaba de guardia aquella madrugada, quien advirtió que padece amnesia desde hace varios meses. El otro testigo que declaró fue Rubén Serraino Zinki, hermano de Adán. Luego de estos testimonios hubo un cuarto intermedio de dos horas, previo a la lectura de los alegatos.
Finalmente, a las 12, la fiscal Susana Alvarez expuso su caso. Hizo un relato sobre cómo sucedieron los hechos y advirtió que a partir de las pruebas, declaraciones y pericias no es posible probar que existiera una picada entre dos automóviles. Destacó el testimonio del vecino Luciano Portugal, que minutos antes del accidente fue sobrepasado por el automóvil de Molina sobre la ruta provincial 34, a medio camino entre Puente Dique y 25 de Mayo, a elevada velocidad y fuera de control, y recordó que frecuentemente circulaba a alta velocidad en esa localidad. Agregó que las pericias midieron 40 metros de derrape hasta el paredón donde el vehículo terminó incrustado, que el Fiat corría a más de 80 kilómetros por hora y que los análisis comprobaron 2 gramos de concentración alcohólica en la sangre del conductor: "conducía en estado de ebriedad total", dijo.
Recordó también que los peritajes no verificaron la presencia de un segundo automóvil, aunque hay testimonios que así lo señalan. Alvarez consideró que Molina pudo circular a contramano "mientras intentaba sobrepasar a otro vehículo" y prefirió calificar la conducta del imputado como "un accionar imprudente, encuadrado en el segundo párrafo del Artículo 84 del Código Procesal Penal". Solicitó una condena por "homicidio culposo y lesiones leves culposas", a cinco años de prisión y el doble de inhabilitación, eximiéndolo del pago de costas.
Querellantes.
Luego fue el turno de la querella, representada por José Eduardo Fernández, quien pidió la nulidad de las declaraciones ofrecidas por los policías Pino, Rosane y Larrazáal, a quienes la familia Serraino les iniciará una demanda penal. A diferencia de la fiscal, el abogado (asesor legal de la fundación Estrellas Amarillas) encuadró la conducta de Molina como "homicidio con dolo", aseguró que además de alcohol ingirió bebidas energizantes, y pidió que sea condenado a una pena de 9 años de prisión efectiva y el doble de inhabilitación para conducir.
Finalmente, alegó el defensor de Molina, que pidió la absolución. La defensa reconoció que el imputado "obró con imprudencia" , pero consideró que las circunstancias y el escenario permiten atenuar su responsabilidad, porque existía baja visibilidad (dijo que el alumbrado público en ese sector es insuficiente y que había polvillo suspendido en el aire). Recordó que las víctimas caminaban por la calle, no por la vereda, y explicó que cuando el vehículo comenzó a derrapar, el conductor no tuvo posibilidad de evitar de el trágico desenlace. Advirtió que no hay pruebas de que Molina haya ingerido energizantes y consideró que debe ser absuelto.
La amnesia de la doctora.
La audiencia de ayer comenzó a las 9, con una lista de cuatro testigos que debían declarar ante el tribunal. Pero Jesús Rocco y María Santi no se presentaron porque se encuentran fuera de la provincia, y sólo se escucharon dos testimonios, el de Rubén Serraino Zinki (hermano de Adán) y María Figueroa, la médica que el 1º de noviembre de 2008 estaba de guardia en el hospital de 25 de Mayo.
La declaración de la doctora causó notable sorpresa a jueces y abogados, porque advirtió que después de la muerte de Serraino ella padeció "una amnesia grave, al punto de no poder reconocer a mis propios hijos". La profesional aseguró que actualmente sigue bajo tratamiento e informó que renunció al hospital y se radicó en Plaza Huincul (Río Negro) donde ejerce su profesión.
Testimonios recogidos entre fuentes cercanas confirmaron que la amnesia existió y no fue una estrategia destinada a eludir su responsabilidad como testigo. Varias fuentes recuerdan que hace unos dos meses, Figueroa mantuvo una fuerte discusión con el director del hospital, doctor Datri. El cruce de palabras fue tan violento que otro profesional (de apellido Carusso, y que ya no ejerce en esta localidad) tuvo que salir en defensa de la mujer.
La doctora sufrió un shock que le hizo perder la memoria, aunque una fuente aseguró que padeció un ACV. Frente al tribunal la médica reconoció su firma en un informe sobre el día accidente, pero aclaró que no era su letra y señaló que probablemente fuera escrito por otro profesional que la acompañó aquel día.
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