Los vecinos llamaron a los Bomberos por la mañana. A las 13 el fuego ya había devorado varias carpas.Una carta enviada al Gobernador el 8 de este mes advierte sobre el peligro del fuego. No fueron escuchados.
El fuego que comenzó al mediodía se desplazó peligrosamente hacia el asentamiento, una línea de carpas, de unas cuatro cuadras de longitud.
En su mayoría mujeres, trataron de combatir las llamas con tierra, ya que carecen de agua.
A raíz del espontáneo foco ígneo, se quemaron las precarias instalaciones del comedor comunitario, donde se provee alimentos a unos 38 niños.
Posteriormente, las llamas atacaron después la parte baja del asentamiento y convirtió en cenizas dos precarias casillas de madera, chapas, cartones y plásticos, donde hasta ayer compartían dos familias.
En las instalaciones había dos chicos, uno de cuatro años y otro de meses que fueron evacuados.
Vamos fueron los esfuerzos de la gente por controlar las lenguas de flamas y los albergues fueron consumidos totalmente con todo lo que había adentro.
Vecinos del barrio colindante -San Silvestre, en San Martín al 3.000- se solidarizaron con los habitantes del asentamiento San Jorge y les acercaron la poca agua que tenían guardada en tachos, con lo que pudieron dominar el siniestro antes de que se extendiera a otras de las construcciones.
Daniela Cardozo, con lágrimas inocultables, se quejó de su desgracia. A El Tribuno comentó lo que vivió: “Ayer, al menos, tenía una choza; hoy estoy a la intemperie con mi hija, sin ropa ni dinero, sin siquiera una silla para sentarme. A mi lugar en el mundo hoy (por ayer) se lo llevó el fuego”.
En tanto, la encargada del asentamiento, Marina Zenteno (35), con tono denunciante dijo: “Porque vivimos en estas condiciones nos discriminan; no nos hicieron caso cuando llamamos por la quema de pastizales. Incluso le enviamos una carta al Gobernador para advertirle sobre el tema. Pero fue inútil, para ellos la necesidad no genera derecho”, se quejó la mujer.
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