Los discursos hicieron eje sobre el recambio generacional. El Gobernador inició una emotiva despedida.
Fue una noche de emociones en la sede del PJ, 24 horas después del aplastante triunfo del oficialismo en casi toda la geografía de San Luis.
Y no sólo por las lágrimas que derramó Liliana Negre de Alonso cuando le tocó tomar el micrófono en su condición de senadora nacional reelecta. Le puso emoción también Adolfo Rodríguez Saá, por lejos el más ovacionado, quien optó por un discurso que giró sobre el agradecimiento para los militantes de base. Sobre su regreso al Senado remarcó que junto con Negre van "a defender a San Luis sin banderías políticas. Seremos intransigentes con la pobreza, la corrupción y el clientelismo".
Lo mismo Claudio Poggi, obsesionado con remarcar bien fuerte el "ganamos" una docena de veces, para no dejar dudas de que Compromiso Federal había recibido otra vez el apoyo de la ciudadanía. Y lo tradujo en números: los dos senadores y diputados nacionales, los cinco senadores provinciales y la mayoría de las intendencias quedaron para el oficialismo, que además aumentó su caudal en la Cámara Baja local.
Pero ninguno captó la atención de la multitud como Alberto Rodríguez Saá. El gobernador, con su reconocida capacidad oratoria, comenzó lentamente a despedirse del cargo con sentidas palabras y un fuerte apoyo para su sucesor.
La cuestión del recambio generacional fue recurrente en la mayoría de los discursos. Pero nadie la sentirá tanto como Alberto el 10 diciembre, ya que será él quien entregue la banda. "El pase del liderazgo es algo difícil de resolver, porque el de Adolfo fue enorme", aseguró el actual mandatario. Y, con su mente ya transportada al día que dejará su despacho, imaginó lo que va a pasar y lo que sentirá en lo más profundo de su alma de político de raza.
"Se necesita mucho más que voluntad para resolver la cuestión del liderazgo. Hay que tener paz espiritual para poder pasar la banda y contar con dos sentimientos fundamentales: orgullo por el deber cumplido y felicidad porque voy a entregar el mando de la provincia a una nueva generación y a un compañero peronista", aseguró. Y no se privó de hablar de su futuro: "Me voy a Los Peñitos, a El Durazno, departamento Pringles. No me verán más por Portezuelo, no me quiero meter porque los que llegan saben lo que hay que hacer. Ya lo dijo Poggi, hay que ratificar lo que está bien y cambiar lo que haya que cambiar", dijo en un claro tono de despedida.
Antes el futuro gobernador y luego el propio Alberto se encargaron de mandarle "un afectuoso saludo a la compañera Alicia Lemme". La intendenta de San Luis, quien no pudo renovar su mandato, fue la gran ausente en el acto, sin dudas todavía golpeada por la derrota electoral. De fondo, ya sonaba la Marcha Peronista.



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