Y de tal manera, en estas épocas de urgencias y vértigo cuesta muchas veces contemplar lo que está ocurriendo en simultáneo, aunque repentinamente eclipsado.
El escenario sindical
Es el caso de lo que se está produciendo en el escenario sindical, donde todo el mundo habla desde hace largas semanas de la interna de la CGT, de Hugo Moyano, de Antonio Caló y, en definitiva, de la pléyade de protagonistas de una pulseada cuyo resultado se conocerá dentro de dos meses. O quizá antes, si unos y otros deciden destruir todos los puentes y continuar con centrales gremiales divididas.
Sin embargo, al mismo tiempo se desarrolla una intensa actividad en materia de paritarias, con el mes de mayo ya en franco crecimiento y sin acuerdos trascendentes.
Estos días las negociaciones por los sueldos volvieron a ser noticia, y los datos que se conocieron no fueron muy halagüeños, ya que en importantes actividades, como aquellas que suelen marcar el rumbo, hay una traba importante entre los sectores en pugna.
La UOM, la Bancaria, los ferroviarios y Luz y Fuerza, por mencionar algunos sindicatos, se encontraban hasta las horas más recientes complicados en sus tratativas y, con más o menos intensidad, en pie de guerra para el caso de que se extendiera la frustración en las discusiones.
Los metalúrgicos son mirados con especial atención, no solo porque están pidiendo un aumento que andaría -según sus propios dirigentes- en derredor de un 30 por ciento de punta a punta (con todas las variantes y los ítems a actualizar), sino por la dimensión política que adquirió el gremio en los últimos meses a partir de que su jefe, Caló, es el favorito de la Casa Rosada para presidir la CGT en lugar del camionero Moyano.
Caló, oficialista y cultor del bajo perfil y de los discursos con tonos y contenidos moderados, ya anunció que aspira a conducir la central sindical madre y que su gremio podría encarar acciones de protesta. Justamente, previo a su eventual combate con Moyano, debe atravesar el aro de fuego de la negociación salarial y la posibilidad de que tenga que salir a la calle a encabezar un plan de lucha si no obtiene resultados positivos.
No obstante, como se dijo, no es el único que está en esa situación, y son varios los colegas suyos que están estudiando y hasta decidiendo medidas de fuerza para las que darán vía libre en caso de que el camino comience a angostarse.
Las paritarias
Por otra parte, las paritarias, como ocurrió en negociaciones anteriores, siguen mostrando algunas particularidades, como la apelación a aumentos no remunerativos, aunque en esta ocasión de manera más intensa.
Esos montos que después de un período se incorporan a los salarios, suelen estar acompañados en varios casos por sumas fijas que se otorgan por única vez, como una virtual compensación o gratificación que al momento de ser cobradas son una carroza y en pocos días se convierten en calabaza.
Los aumentos no remunerativos están exentos de, por ejemplo, la tributación de cargas sociales. Ello le permite al empleador ejecutar un ahorro que le sirve para compensar otros tramos de la efectivización de los aumentos -la mayoría se pactan en cuotas- o al momento de su incorporación a los sueldos. E incluso le genera un margen para acceder al pago de aquellas sumas fijas dispuestas por única vez.
Con este mecanismo, los negociadores sindicales ven a la vez allanado su camino para pactar acuerdos en terrenos complicados.
Pero los trabajadores, aunque en principio pueden embolsar unos pesos más justamente porque tampoco deben efectuar ciertos aportes de su parte, afrontan al menos dos problemas, especialmente si el criterio sellado en paritarias se extiende como mecanismo durante varios meses: se encuentra disminuida su contribución para su jubilación y, al mismo tiempo -aunque la definición de no remunerativa pueda leerse en principio como "exenta de todo"- la suma sí es contemplada para la deducción del Impuesto a las Ganancias.
Paradójicamente, aunque acceden a firmarlos, también los sindicatos pagan los costos de estos acuerdos, ya que durante el período en que dura el carácter no remunerativo de los aumentos pactados, los montos resultantes no se contemplan para el aporte al gremio y a su caja principal, que son las obras sociales.
Un proyecto
en el Congreso
El punto en cuestión en este tema es que en el Congreso hay un proyecto, impulsado entre otros por el diputado Héctor Recalde, abogado de Moyano y de la CGT, mediante el cual a partir de las paritarias de 2012 ya no se iba a permitir el otorgamiento de sumas no remunerativas.
La iniciativa fue aprobada por el Senado y luego por las comisiones respectivas en Diputados. Pero tras la renovación de legisladores en la Cámara Baja luego de las últimas elecciones ese dictamen ya no tiene vigencia. Y el proyecto corre el riesgo de perder estado parlamentario si su tratamiento no es retomado en los próximos meses.
Claro que, tal como está embarrada la cancha por cuestiones políticas y con la interna sindical al rojo vivo, hay grandes dudas acerca de un clima favorable para abordar esa iniciativa.
Pero es necesario insistir con que no es un tema menor. Hubo mecanismos, como el de los aumentos de emergencia por decreto, las sumas fijas y los incrementos no remunerativos a los que se apeló con asiduidad en momentos económicos más críticos, como la etapa post 2001 y durante un breve tiempo, hasta que la actividad mostró signos de reactivación.
Por ello en el propio ámbito sindical reconocen -y por eso se impulsó aquel proyecto- que ahora la situación, aunque dista de ser ideal, es infinitamente mejor a la de aquellos tiempos de zozobra.
Por supuesto que para avanzar en esta y en otras materias hacen falta consenso y voluntad para establecerlos. Pero si estas condiciones no están presentes en torno a otros temas fundamentales del país, esperarlas también en este sería como enarbolar típicas pretensiones de ingenuos.



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