El nuevo escenario político neuquino asiste a un inusitado fervor por el protagonismo, que tal vez se mantenga hasta las fiestas. En el Deliberante capitalino y en la Legislatura, todos quieren hacerse notar.
En la Legislatura se percibió en la singular puja retórica que hubo con motivo de la designación del vicepresidente segundo de la Cámara, cargo que finalmente fue ocupado, a instancias de la mayoría del MPN y aliados, por Darío Mattio. También en las expresiones post discurso de Sapag, tema en el que se anotó con cierta enjundia, por ejemplo, el radical y novel diputado Alejandro Vidal. Y hasta la izquierda vinculada al experimento proletario de Fasinpat se hizo notar, con el diputado Alejandro López, proponiendo una extensión de las sesiones ordinarias durante todo el verano, en función de la para ellos inestable situación socio-económica provincial.
En el Deliberante capitalino se asiste a una situación parecida. UNE, por ejemplo, salió a divulgar el hecho (sin demasiadas implicancias políticas reales) de que Mariano Mansilla ocupará la presidencia de la comisión de Obras Públicas. Antes, el PJ se había anotado con un reclamo para conocer el estado “real” de las cuentas públicas de la Comuna, dado las diferencias explicitadas entre la gestión que terminó (con Martín Farizano) y la que asumió (con Horacio Quiroga).
En ese mismo contexto, debutó la nueva integración del bloque del MPN. El partido provincial decidió solicitarle a la Sindicatura municipal que informe la situación de los números del Municipio, habida cuenta de la incertidumbre que, aseguran, existe sobre el particular.
Así las cosas, por ahora son fuegos de artificio. El debate político recién está por comenzar, y estos son apenas los prolegómenos de la pelea permanente que se verá durante 2012.

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