La Corporación Puerto Madero, que convirtió el abandonado puerto de Buenos Aires y sus aledaños en un desarrollo urbanístico de lujo, transfiere a la Ciudad un distrito semideshabitado de rascacielos, parques y marinas.
Lo concreto es que en los últimos años se realizaron transferencias parciales de la Corporación Antiguo Puerto Madero Sociedad Anónima (Capmsa) al Gobierno de la Ciudad. Por ejemplo, la semaforización y los desagües pluviales están a cargo del Estado porteño. Según informó a Diario Z el Ministerio de Ambiente y Espacio Público, la Ciudad ya recibió la transferencia del alumbrado, arbolado, basura, bacheo, veredas y los espacios verdes. "Puerto Madero ya es un barrio incorporado totalmente a la vida porteña y su mantenimiento va pasando gradualmente a la órbita del Ministerio. Se trata de un sector muy amplio de la Ciudad y al que le pondremos especial atención por ser un enclave turístico y gastronómico", señaló Diego Santilli, ministro de Ambiente y Espacio Público.
Desde el Ejecutivo porteño, aseguraron que antes del 14 de junio continuará la transferencia con la cabecera de los diques, malecones, el espejo de agua 3 y todos los puentes. "Lo que todavía no fue transferido fueron las plazas Raquel Forner y Fenia Chertkoff, ambas del Dique 4; los espejos de agua 1, 2 y 4; el puente de la calle Cecilia Grierson y la playa de estacionamiento ubicada en Alicia Moreau de Justo (lindera de las vías del ferrocarril)", comunicaron.
Estos estacionamientos ubicados en Puerto Madero Oeste, entre las calles Huergo y Alicia Moreau de Justo, representan uno de los principales ingresos de la empresa. Son terrenos sobre los que pasaría la Autopista Ribereña, proyecto que permitiría unir la autopista Buenos Aires-La Plata con la Autopista Illia, por lo que no se pueden construir edificios allí. Se hacen concesiones a título precario y por un plazo de sólo 36 meses. Pese a los rumores de que los estacionamientos pasarían a ser controlados por la administración macrista, el traspaso -por lo menos hasta la fecha- no está en marcha. Los terrenos pertenecen a la Corporación y, en tanto Ciudad y Nación no decidan disolver la sociedad, seguirían a su cargo.
20 años no es nada
La Corporación Puerto Madero tiene como accionistas en partes iguales al Estado nacional y al de la Ciudad. Se rige por la Ley de Sociedades Comerciales, que determina que las sociedades anónimas tienen una duración de 99 años, excepto que los accionistas decidan disolverla antes. Es decir, legalmente, la Corporación no desaparece. Para que esto sucediera, las partes deberían acordar su cierre.
La Corporación fue creada por el decreto 1279/1989 de Carlos Menem, que aprobó un convenio suscripto entre el Ministerio de Obras y Servicios Públicos, el Ministerio del Interior y la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, por entonces gobernada por el intendente Carlos Grosso. El objeto de la Corporación fue la urbanización del área denominada Antiguo Puerto Madero, que luego se amplió en 1998. En el decreto mencionado, el gobierno nacional transfirió a la empresa 170 hectáreas del territorio de Puerto Madero que tenían jurisdicciones superpuestas entre la Administración General de Puertos, la Empresa Ferrocarriles Argentinos y la Junta Nacional de Granos, entre otras.
El Master Plan de Puerto Madero surgió de un Concurso Nacional de Ideas convocado por la empresa y la Sociedad Central de Arquitectos, en el que participaron 96 estudios. En octubre de 1992 se presentó el proyecto para la zona, a cumplirse en 20 años. La urbanización comenzó con la venta de los edificios del sector oeste, que incluía 16 galpones de ladrillo colorado. En total, se construyeron más de 1.412.000 de metros cuadrados. La Corporación Puerto Madero se encargó del trazado de bulevares, avenidas y parques, de la infraestructura de servicios del barrio y el recambio de los puentes giratorios.
El directorio de la sociedad está compuesto por seis directores designados por el Poder Ejecutivo Nacional y por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. La presidencia es rotativa. El kirchnerista Iván Heyn, que falleció el 20 de diciembre de 2011, fue reemplazado en enero por Fernando Suárez, ex director ejecutivo del Organismo Nacional de Administración de Bienes (Onabe), también kirchnerista. Hace dos meses asumió el actual presidente, Eugenio "Chipi" Breard, cercano a Mauricio Macri. Desde entonces, la transferencia se aceleró. Además de Breard y Suárez, integran el directorio Néstor Peña y Alfredo Garay (Nación) y Daniel Dubinsky y Damián Sarquis (Ciudad). La empresa no recibe dinero de ninguna jurisdicción, a lo largo de todos estos años se mantuvo con los ingresos que obtenía a partir de la venta de valiosos terrenos públicos que le fueron cedidos.
Presente y futuro
La Corporación, que llegó a tener alrededor de 120 empleados, hoy tiene menos de 30. En 2011 se vendió uno de los últimos terrenos, ubicado en el Dique 4 sobre el bulevar Cecilia Grierson, la continuación de la avenida Córdoba. El terreno en cuestión se trata en realidad de dos parcelas. La primera posee una superficie de 1462,42 m2, mientras que la segunda tiene 1583,23 m2. La empresa ganadora de la licitación pública, convocada en septiembre, fue Conorvial -una constructora de Santiago del Estero- que habría ofrecido algo más de U$S 15 millones. La propuesta se impuso sobre las presentadas por otra constructora santiagueña, Mijovi, y la de la constructora de Nicolás Caputo, parte de la mesa más chica del gobierno porteño y contratista principalísima de la obra pública de la Ciudad.
Además de los terrenos entre Huergo y Alicia Moreau de Justo en donde funcionan los estacionamientos, la Corporación se aseguró otro predio. En marzo de 2012 se resolvió la disputa judicial que mantenía la empresa con la Universidad de Buenos Aires (UBA) por un terreno que el Colegio Nacional de Buenos Aires utiliza como campo de deportes. El predio quedó en manos de la UBA y la Corporación Puerto Madero, atendiendo especialmente a criterios políticos, no apeló el fallo. Sí quedó liberado para la empresa, culminado el litigio, un terreno de seis mil metros cuadrados en el que hoy no está permitido construir. Aunque, si la Legislatura aprueba una modificación al Código de Planeamiento Urbano, se podría.
La Corporación se encarga de la supervisión de obras -cuando hay demoras o incumplimientos es la encargada de cobrar las multas a las empresas que construyen- y vende su know how. Pero la cuestión central es que, por ahora, no tiene ningún proyecto urbanístico asignado, mientras que en Puerto Madero hay cada vez menos por hacer. Más complejo aún, fijar una nueva tarea de urbanización para la empresa requiere un acuerdo entre el gobierno nacional y el de la Ciudad, quienes difícilmente tengan interés en trabajar en conjunto. Una de las opciones era que la Corporación Puerto Madero trabajara en terrenos de ferrocarriles que pertenecen a Nación pero que se encuentran dentro del territorio porteño, en los barrios de Liniers y Chacarita, aunque la propuesta nunca se concretó.
El proyecto al que dieron inicio Carlos Menem, Roberto Dromi y Carlos Grosso en 1989 está prácticamente terminado. El traspaso avanza y no parece haber grandes obstáculos. La inexistencia de una nueva iniciativa para la empresa es uno de los argumentos que pesan a favor de su disolución. En caso de que esto suceda, el gobierno porteño se quedaría con el negocio de los estacionamientos de la calle Moreau de Justo. Si la Corporación sigue existiendo, la Ciudad podrá avanzar en la instalación de parquímetros.




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