Fernando GonzalezEl Gobierno encontró una manera original de esquivar la discusión sobre el nivel de inflación en la Argentina.
En Mendoza fue la Presidenta la que le pegó al FMI en un acto de campaña electoral. Y en Buenos Aires fueron los jefes del Indec, Ana María Edwin y Norberto Itzcovich, los que descargaron munición contra el mismo organismo con cuyos técnicos acaban de trabajar durante dos días para darle a las estadísticas sobre inflación una magnitud algo más creíble a los ojos de la sociedad.
Pegarle al FMI es fácil. Sus directivos están lejos de la Argentina, más preocupados por el futuro de la economía mundial que por 15 puntos más o menos de la inflación criolla. Criticar a un organismo con sede en Washington hasta puede sumar electoralmente y dejar en el olvido la sospecha estadística que sobrevuela al Indec. Hace 65 años, Perón elegía como adversario al embajador de EE.UU. Spruille Braden. Después se supo que aquello fue una exitosa estrategia electoral que pasaría a la historia.

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