El pueblo creyente celebró el tradicional Tinkunaco

El pueblo creyente celebró el tradicional Tinkunaco
Miles de católicos participaron de la tradicional ceremonia que desde hace mas de 400 años se celebra cada 31 de diciembre en la Catedral. Revive un hecho histórico que data del año 1.593, cuando los españoles y los aborígenes alcanzaron la paz. La palabra Tinkunaco es quéchua y significa “encuentro”.
La celebración fue presidida por el actual obispo Roberto Rodríguez y contó con la presencia de autoridades provinciales como Beder Herrera y municipales como Ricardo Quintela.

Como todos los años, el 31 de diciembre ha sido feriado provincial en La Rioja. Sin actividad pública ni privada, solo funcionaron con cierta normalidad los comercios y parcialmente los servicios.

Es el día del Tinkunaco, que el pueblo católico celebra a las 12 del mediodía en Plaza 25 de Mayo, bajo los fuertes rayos solares y una temperatura que, como todos los años, fue elevada.

La ceremonia, a la que asistieron las autoridades provinciales y municipales, fue presidida por el obispo Roberto Rodríguez y la única variación registrada este año la protagonizó el gobernador Luis Beder Herrera, quien usó por primera vez su bastón de mando, un símbolo incorporado en la última reforma constitucional nunca antes utilizado.

Por ello, lo ofrendó simbólicamente a la imagen de San Nicolás, como un gesto de fe y humildad ante el “verdadero poderoso”. El bastón de mando será, a partir de la reforma que lo creó, personal de cada Gobernador; en cambio la banda es hereditaria de un mandato al otro.

Luego de la ceremonia, el gobernador Beder Herrera expresó su deseo de que “esta noche los riojanos brinden en familia por un futuro venturoso, para que vivamos en paz y en tolerancia”.

En referencia a la entrega de los atributos a San Nicolás, Beder Herrera expresó que “el bastón y la banda son los atributos del poder y creo que es muy bueno dejarlos en manos de San Nicolás en esta fecha”.

La celebración del Tinkunaco

Pocas fiestas revisten un contenido de belleza, colorido y honda religiosidad como esta que se viene celebrando en La Rioja desde el siglo XVI.

Para el viajero, peregrino o turista, no deja de asombrar la cantidad de gente que llega desde todos los puntos cardinales a La Rioja y que se encuentran por las calles o que ingresan a la Catedral-Basílica, pues no solo los riojanos de la ciudad Capital sino también los del interior o de otras provincias, venidos a pie, a caballo o por otros medios, se suman a las Fiestas, que se inspiran en un hecho histórico: la fecha en que se renovaba el alcalde de la época española.

Es el Tinkunaco, el encuentro, entre San Nicolás de Bari, patrono de la ciudad, y el Niño Alcalde, el 31 de diciembre de cada año a las doce en punto, cuando el sol quema las calles pero no aplasta los espíritus.

San Nicolás y sus alféreces, con banda y bandera al estilo español, al llegar frente a la Casa de Gobierno, se encuentran ante el Niño Alcalde, que viene desde San Francisco, por su allis con escapulatorios y vinchas al uso indígena. Allí, San Nicolás hace tres genuflexiones a su Señor, y siguen juntos hasta la catedral, donde el Niño permanece tres días.

Esta procesión del Encuentro se funda en una antiquísima tradición que asegura el sometimiento de los indios sublevados en Las Pardecitas, por obra del violín de San Francisco Solano, y de la asunción del Niño Dios como Alcalde de la Ciudad de Todos los Santos de la Nueva Rioja. La historia figura en la Bula de canonización de San Francisco Solano, y en una carta del gobernador de La Rioja, conservada en el Archivo de Indias.

La historia religiosa

El hecho histórico de 1.593 es asumido en nuestra en nuestra capital con dos procesiones que se encuentran (Tinkunaco) frente a la Casa de Gobierno. Una procesión sale de la Catedral y la otra, del templo de San Francisco.

La primera con la imagen de San Nicolás. Concurren a esta procesión los alféreces, es decir los señores feudales, con los distintivos de sus feudos, de su propiedad. Marchan organizados como una cofradía, cuya comisión directiva está integrada por doce apóstoles y discípulos de Cristo. El Alférez Mayor haciendo las veces de San Pedro. Apóstoles y aspirantes van acompañados con su correspondiente estandarte como si fuese el escudo de armas. No hace falta explicar más sus significados, con solo verlos, se entiende que son los españoles.

La segunda procesión parte del templo de San Francisco. Concurren los diaguitas que llevan la imagen del Niño Dios Alcalde. El Jesús anunciado por Francisco Solano y aceptado por los diaguitas; van vestidos con sus vinchas o coronas y sus ponchos o escapularios.

Se llaman los Ailles, una palabra quechua que significa triunfo, victoria. Ellos también están organizados en una cofradía, presidida por el Inca.

El Inca está identificado por el arco y por la caja, el arco, como si fuese un trono. La caja chica como ritual para compañar el canto religioso, porque la caja grande es para la vidala y la chaya.

Con solo ver esta gente pasar, se entiende que son los diaguitas. Ya identificados los dos grupos que salen de lugares distintos, sabemos que se van a encontrar como aquel jueves santo de 1.593.

Pues bien, cuando las dos procesiones se encuentran, todo el mundo incluido San Nicolás se arrodillan ante el Jesús Niño Alcalde. Se igualan, toman una misma actitud para que haya fusión, y los alféreces inclinan sus banderas hasta el suelo, por que ya no cáben diferencias.

Para confirmar estas ideas todo el mundo aplaude contento, todos se confunden en un abrazo como el de Francisco Solano, aquel jueves santo.

Diaguitas y españoles han procreado y les ha nacido un hijo “El pueblo riojano”.

Esta ceremonia se realiza todos los 31 de diciembre a las 12 horas. Cuando los españoles renovaban sus autoridades. Año nuevo, autoridad nueva, por eso también la casa de gobierno; el reclamo era político, no religioso. Los diaguitas exigían el cambio de alcalde, no del sacerdote.

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