La prudencia de Lula y el temor de los empresarios, luces de alerta en IDEA

Un sabor amargo dejó entre los empresarios que viajaron la semana pasada a Mar del Plata el 48 Coloquio Anual de IDEA.
La gran expectativa estuvo puesta en la presencia del ex presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y se notó: la institución congregó a una gran cantidad de líderes de importantes compañías en el evento y el salón de conferencias del hotel Sheraton rebosaba de dirigentes el miércoles por la noche.

Pero si bien para muchos el discurso del líder regional resultó contundente y digno de escuchar, para otros no reflejó lo que esperaban. Especialmente cuando expresó muy claramente su amistad con la presidenta Cristina Fernández y manifestó que tenían “muchos ideales comunes”, así como también cuando defendió sin tapujos y se enorgulleció de los gobiernos de Hugo Chávez en Venezuela y de Evo Morales en Bolivia ¿Qué esperaban los cientos de empresarios que lo escuchaban atentamente y que interrumpían con aplausos sus palabras? ¿Ansiaban que critique las políticas locales, la inflación, el control de cambios? Un estadista de las características de Lula no lo haría, y mucho menos en público. Es una “regla de oro” de la diplomacia brasileña no inmiscuirse en temas internos de otros países.

Pero tampoco se jugaron los organizadores del coloquio. Previamente convenido o no, lo cierto es que ninguna de las dos únicas preguntas, de las tantas que había recolectado el moderador, se refirieron a las problemáticas locales. Ambas estuvieron focalizadas en su persona y en sus ambiciones políticas hacia adelante.

También estuvieron cuidadas las fotos. Aunque mencionó públicamente al gobernador de Córdoba, José Manuel de la Sota –de quien es amigo–, Lula evitó la imagen con los mandatarios presentes, no alineados con el kirchnerismo. No logró hacerlo, sin embargo, con el sindicalista Hugo Moyano, quien se paseó por el coloquio como habitué y le robó una imagen al ex presidente brasileño.

Los CEOs de las empresas y algunos referentes de la dirigencia empresaria, como el titular de la UIA, José Ignacio de Mendiguren, huyeron del coloquio luego de participar de la cena de apertura. La jornada del jueves, que normalmente solía ser la de mayor concurrencia y protagonismo temático, mostró una sala semi vacía en algunos paneles y tampoco hubo mucha circulación de gente por los pasillos del hotel.

Algunas de las temáticas elegidas para los paneles no sedujeron a los asistentes, excepto exposiciones puntuales, como la del economista Ricardo Arriazu, quien planteó que el mundo “va camino a salir de la crisis, pero que si no se realizan cambios estructurales, en diez años podría volver a repetirse, probablemente con mayor gravedad”. La mesa elegida para hablar de energía, el viernes por la mañana, cautivó la atención de muchos, pero los expositores tampoco fueron del todo jugados con sus planteos.

Sí se escucharon las principales problemáticas que sufren los empresarios en las exposiciones sobre economía argentina a cargo del ex presidente del BCRA, Javier González Fraga; el diputado nacional de Unión Popular por el Frente Amplio Progresista, Claudio Lozano; y el presidente del Banco Ciudad, Federico Sturzenegger. En este caso, todos los hombres elegidos pertenecen a sectores opositores y, por lo tanto, cuestionaron ampliamente las políticas oficiales, al igual que el panel de contexto político, en el que hablaron Eduardo Fidanza, de la consultora Poliarquía; Marco Novaro, del Centro de Investigaciones Políticas (Cipol) y el director de la Carrera de Ciencias Políticas de la UBA, Luis Tonelli. Varios de los posibles expositores cercanos al oficialismo declinaron la invitación para disertar en el coloquio.

Los organizadores de IDEA intentaron, con algunos panelistas y la presencia en el coloquio de varios referentes de la oposición, mostrarse críticos y referentes de un empresariado que reclama el respeto por la diversidad de ideas. Pero en su afán por evitar las represalias del Gobierno –a los empresarios de forma individual–, ante un escenario político que por el momento no parece mostrar ninguna alternativa opositora consolidada de hacerle sombra al cristinismo, la dirigencia de IDEA volvió a quedarse a mitad de camino. Y generó un replanteo interno sobre la necesidad de concretar un cambio tendiente a lograr recuperar la personalidad que lo caracterizaba: la de ser un evento convocante, de amplia relevancia y que ningún dirigente empresarial se podía perder.

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