El Senado impulsó ayer una iniciativa que pretende quitar de las mesas de comedores y bares el clásico salero. A futuro propone acordar con las panaderías para que también reduzcan la dosis en sus productos. El plan pasó ahora a Diputados.
Se trata de la iniciativa que promueve el uso responsable de sal y establece que no deberá colocarse un salero en cada una de las mesas de un restó, por ejemplo. Sin embargo, confirma que, en caso de que el cliente lo solicite, el mozo deberá acercarle el condimento, no sin antes advertirle los efectos nocivos que trae al organismo si se usa en demasía.
El legislador autor de la norma comentó que los argentinos “tenemos una predisposición a hacer un uso más allá de lo aconsejable que la Organización Mundial de la Salud tiene establecido, que son 4 ó 5 gramos diarios”. En nuestro país, en tanto, consumimos hasta 15 gramos, lo que triplica la cantidad recomendada.
En idéntico sentido agregó que “si no está disponible el salero en la mesa del comensal, se podría evitar ese hábito de incorporarle rápidamente sal a la comida que viene de la cocina ya, tal vez, con la cantidad necesaria”. Así las cosas, “sólo a requerimiento expreso del comensal debería ofrecerse el común salero de mesa”.
Crosetti reconoció que “para que sea puesto en práctica creemos que se deben imponer algunas sanciones”. De este modo evaluó que “parece un proyecto menor pero, cuando uno lo analiza, contribuye a mejorar nuestra calidad de vida”.
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