Desde El CairoLa oposición laica de Egipto se rebela contra el “nuevo faraón”. Decenas de miles de personas se lanzaron ayer a las calles de El Cairo y otras ciudades para protestar contra un “decretazo” del presidente Mohamed Morsi que lo coloca por encima de la Justicia y convierte a todas sus decisiones en “inapelables”. El mandatario reafirmó sus últimas medidas y asoció a sus detractores con el “antiguo régimen”, mientras que sus seguidores salieron en masa a apoyarlo.
El acta constitucional anunciada el jueves, por la que todas las decisiones presidenciales quedan fuera del alcance judicial, empujó a los grupos de la oposición no islamista y a organizaciones de la sociedad civil a convocar protestas que en algunos casos tuvieron derivaciones violentas. Jóvenes manifestantes incendiaron sedes de los Hermanos Musulmanes, grupo al que pertenece Morsi, en las ciudades de Alejandría, Port Said e Ismailia.
La mayor concentración, en la emblemática plaza Tahrir de El Cairo, transcurrió de manera relativamente pacífica, aunque también se registraron algunos choques entre las fuerzas de seguridad y los manifestantes. Según fuentes policiales, más de 200 personas resultaron heridas durante la jornada en la capital y otras setenta en Alejandría. El Ministerio del Interior señaló en un comunicado que ocho policías también sufrieron heridas en los enfrentamientos.
A primera hora de la tarde, el rais se dirigió a sus seguidores y a la nación a través de la televisión pública. “El antiguo régimen está pagando para que ataquen edificios gubernamentales y siembren el caos”, denunció Morsi, y pidió distinguir entre la oposición “verdadera” y la que no lo es. “No me gusta ni quiero utilizar procedimientos excepcionales, pero si veo que mi país está en peligro lo haré, porque es mi deber”, agregó el jefe de Estado.
Morsi afirma que su decreto es el único modo de barrer con elementos contrarrevolucionarios que perviven en el poder judicial. En efecto, la Justicia en Egipto sigue bajo dominio de magistrados pertenecientes a la era de Hosni Mubarak. Esos jueces permanecen fieles a la herencia del ex dictador y fueron quienes meses atrás disolvieron el Parlamento, controlado por la Hermandad Musulmana.
El mandatario presenta las medidas excepcionales como recursos a los que debe recurrir para garantizar la continuidad de la revolución. Sus detractores, en cambio, sostienen que Morsi pretende convertirse en un presidente con poderes ilimitados. “Ha nacido un nuevo dictador y después de la revolución del 25 de Enero esto no puede pasar: nadie tiene derecho a tomar todos los poderes”, comentaba en la plaza Tahrir un joven que se identificó como Nermin.
Mohamed El Baradei, líder de la oposición laica y Premio Nobel de la Paz, calificó a Morsi de nuevo faraón. “Ha usurpado todo el poder estatal: un golpe duro a la revolución que puede tener serias consecuencias”, escribió el ex diplomático en su cuenta de Twitter.
En cambio, los islamistas –desde el salafismo hasta los Hermanos Musulmanes– salieron masivamente a respaldar al presidente. Miles de ellos se congregaron frente a las puertas del palacio presidencial para expresar su apoyo a Morsi. Esta semana no termina bien para el egipcio, después de su rol en Gaza.
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