El propietario de Neumáticos Margaría compró las instalaciones del Molino Fénix

El empresario adquirió lo que queda del histórico lugar, que dejó de funcionar en 1982 y hoy conserva en pié sólo la mampostería edilicia.
Margaría adelantó que tiene un proyecto inmobiliario en el que lo acompañarán otros dos inversores a los que no identificó. La novedad fue publicada en la edición del diario La Reforma.

Juan Carlos Margaría es conocido por su tarea al frente del comercio de venta y servicios en el rubro neumáticos. El pasado 14 de marzo terminó de concretar la operación en una inmobiliaria de San Isidro, que tenía a la venta las instalaciones en representación de la cerealera de origen suizo Syngenta, última propietaria del Molino Fénix.

Al ser consultado por La Reforma, Margaría reveló que “hace más de un año que estaba en negociaciones con esta gente y ya en ese momento firmamos un boleto de reserva. Hubo que sortear una serie de inconvenientes que había hasta que, finalmente, el 14 de este mes firmamos la escritura”, precisó.

En cuanto al proyecto a desarrollar en el lugar, Margaría contó que “en lo que han sido los silos del molino pensamos hacer departamentos y oficinas. Vamos a convocar a una presentación de proyectos de los que finalmente saldrá el definitivo”, añadió.

Asimismo, informó que “en esto me acompañan algunos inversores de General Pico, concretamente dos”, si bien se excusó de dar a conocer sus nombres.

“No viene al caso; además yo fui el que compró y los invité a los demás, y hasta podría ocurrir que eventualmente alguno de ellos pudiera llegar a cambiar de idea o dejara de interesarle el proyecto”, argumentó.

Tampoco informó sobre el importe de la operación. “No tiene sentido difundir cifras. Lo que puedo decir es que pagué el precio que pedían; no hubo posibilidades de negociar otras condiciones”, afirmó.

Margaría precisó que la superficie total del predio es de 15 mil metros cuadrados. “De eso hay 10 mil sin edificar, excepto los galpones que supongo habrá que levantar, no sólo por la antigüedad que tienen sino porque no podrían formar parte del proyecto final por razones estéticas y de funcionalidad”, evaluó.

“Mi idea -agregó- es no modificar en nada la vista de lo plantado, más allá de los galpones que habrá que sacar porque se supone que habrá que parquizar y hacer estacionamiento, entre otras cosas. Por ahora nos vamos a dedicar por lo menos un mes a la limpieza, y después ya empezaríamos con los proyectos para decidir qué se va a hacer. Yo supongo que en cuatro o cinco meses deberíamos estar empezando con las obras”, estimó Margaría.

La Reforma recordó que el Molino Fénix tiene una historia casi paralela a la de la ciudad. Su construcción comenzó en la segunda década del Siglo XX, y fue una de las numerosas plantas molineras que llegaron a pertenecer a don Emilio Werner, quien había llegado a la Argentina en 1885 como técnico de la firma Allis Chalmer Co., con el fin de modernizar un molino de la ciudad de Rosario.

Concluido el trabajo, decidió quedarse en el país y en 1918 fundó S. A. Molino Fénix, comenzando con alrededor de cinco molinos ubicados en ciudades y localidades de las provincias de Santa Fe y Córdoba. Poco después fue agregando numerosas plantas a su empresa, entre las que se contó la de General Pico que funcionó como molino hasta 1982.

Comentá la nota