Pronósticos más inciertos

Por: Néstor O. Scibona.

Si bien ya no puede valerse de la euforia que hubiera provocado un triunfo argentino en el Mundial, Néstor Kirchner desearía que la "foto" de la economía quedara congelada con los datos del último trimestre.

La actividad económica creció a pleno gracias a la cosecha récord de soja, la fuerte demanda brasileña y el boom de consumo interno (notorio en televisores, electrodomésticos y autos), mientras que la alta inflación descendió un escalón por varias razones, entre las que sobresale la quietud de los precios de la carne -que la había catapultado en la primera parte del año- y también del dólar, que aumentó sólo 2,3% en los últimos nueve meses.

El pago del medio aguinaldo seguramente prolongará la inercia consumista durante el mes de julio. En lo inmediato, además, la combinación de dólar "barato" con tasas de interés negativas hace que los billetes salgan de los colchones para volcarse a bienes durables o a inversiones inmobiliarias.

Sin embargo, los pronósticos económicos resultan más inciertos al vislumbrar la perspectiva para los últimos meses de este año y los primeros de 2011, cuando la campaña electoral tome más temperatura. Hay varios nubarrones en el horizonte que hacen que la "película" tienda a acelerarse en las escenas de precios y desacelerarse en las de actividad. Incluso este último efecto podrá verificarse en las estadísticas: el PBI en el segundo semestre deberá compararse con la base más alta del mismo período del año pasado, cuando la economía comenzó a reactivarse. Ello ocurrirá por más que el gasto público siga creciendo a un ritmo de 35% anual y nadie crea que el tipo de cambio en 2010 vaya a subir más que la mitad de lo que crezca la inflación real.

Precisamente la alta inflación -no reconocida por el Gobierno- es el factor que más complica los pronósticos. Según el economista Luis Secco, el IPC pasó de un promedio mensual anualizado de 28,8% en el primer trimestre a 23,9% en el segundo; y apunta a 25% anual en 2010. Esta tendencia provoca un efecto negativo por partida doble.

Por un lado, la clase media con ingresos fijos sufre la inercia de los últimos meses; hoy, los precios suben menos en las góndolas de los supermercados, pero más fuera de ellas (combustibles, por ejemplo); o en muchos rubros que buscan recuperar terreno (medicina prepaga, garajes, mantenimiento de automóviles y vivienda, expensas de departamentos, restaurantes seguros, comisiones bancarias, honorarios profesionales, etcétera). Incluso los aumentos salariales por encima de la inflación obtenidos por muchos gremios en paritarias corren el riesgo de quedar rezagados al aplicarse en forma escalonada hasta abril de 2011. Además, la inédita suba no retroactiva del mínimo no imponible de Ganancias hace que los incrementos en las escalas más altas vayan a los bolsillos de los asalariados desde este mes en adelante, sin que la AFIP reintegre los anticipos ya percibidos hasta junio.

Por otro lado, las empresas facturan más por el aumento de las ventas, la actividad y, en algunos sectores, las exportaciones; pero muchas -especialmente las de consumo masivo con precios regulados- se quejan porque les cuesta mantener los márgenes de rentabilidad frente a los mayores costos (en pesos y en dólares) de mano de obra, insumos, envases o servicios como fletes.

Como el horizonte es reducido ante la incierta perspectiva electoral, las inversiones van detrás de la demanda -con ampliaciones marginales de capacidad u horas extras- y brillan por su ausencia los proyectos a más largo plazo; sobre todo ante la proliferación en el Congreso de iniciativas que tienden a subir los costos laborales. En palabras de un industrial, que obviamente pide anonimato, "es como correr en la cinta aeróbica de un gimnasio; mucho movimiento, pero no vamos a ningún lado".

Sin mayores inversiones privadas, será más difícil mantener en los próximos trimestres el crecimiento del PBI que se registró en los últimos (8% anualizado), por más que aumente la inversión pública. Por ahora, la recuperación de la actividad es más notoria en el fuerte aumento de las importaciones que en la débil creación de empleos.

La suba porcentual de las importaciones por encima de las exportaciones no sólo encierra el riesgo de mayores controles o "comercio exterior administrado", como suele definirlos el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. También reduce el superávit comercial, que para este año apuntaba a un récord absoluto (16.500 millones de dólares) y ahora algunas consultoras privadas (Abeceb.com, Finsoport) ubican entre 12.000 y 14.000 millones. Esta cifra supera por muy poco a la fuga de capitales que se proyecta para 2010 si se mantuviera el ritmo del primer semestre. Buenas y malas noticias para el Banco Central: por un lado debe emitir menos para comprar el excedente de dólares comerciales, lo cual atenúa presiones inflacionarias; por otro, se ve más complicado para aumentar el stock de reservas ahora que prácticamente se las asimila de hecho a un recurso del Tesoro nacional.

Más confrontación, ¿menos caja?

Si todos estos factores agregan más incertidumbre al futuro, también habrá que considerar en los próximos meses lo que ocurra en el Congreso. Algunos proyectos de ley consensuados por la oposición apuntan directamente al corazón del poder político kirchnerista, como la limitación del uso de decretos de necesidad y urgencia (DNU); la eliminación de los "superpoderes", y la ampliación del Consejo de la Magistratura -que ya tienen media sanción en la Cámara de Diputados-, junto con la normalización del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) o la reforma de la Oncca, en este caso aún sin acuerdo.

El veto presidencial de cualquiera de ellos, en caso de ser sancionados, acentuará la confrontación política en un Congreso donde el juego a todo o nada sepulta la posibilidad de acuerdos entre oficialismo y oposición. Otro tanto puede ocurrir con la suba de las jubilaciones al 82% del salario mínimo, cuya financiación sigue en la nebulosa, aunque los recursos de la Anses se verán reforzados con los fuertes ajustes salariales de este año (si bien parte de ellos tienen carácter no remunerativo, con aval oficial).

La frutilla del postre será en agosto, cuando vencen las facultades delegadas al Poder Ejecutivo para fijar las retenciones, que volverían al Congreso, donde la oposición se dispone a meter mano aún sin acuerdo sobre cómo hacerlo. Individualmente, cada proyecto es razonable; lo que resulta una incógnita es bajo qué programa se podrán conciliar más gastos con menos ingresos, no sólo en 2011 sino en adelante, cualquiera que sea el partido que gobierne en el próximo período.

No en vano Néstor Kirchner se siente en jaque por estas iniciativas. Su apuesta a un alto crecimiento en 2010, aun con alta inflación (camuflada o indexada), es crucial para convencer a los gobernadores oficialistas de que no les ahuyentará votos en 2011. El problema es cómo seguir con más de lo mismo hasta octubre del año próximo, si tuviera que resignar margen político y caja fiscal para repartir discrecionalmente.

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