Desde este año, no podrá haber crucifijos ni imágenes religiosas en las escuelas públicas.
El desacuerdo salarial con los docentes y la falta de pago a proveedores de alimentos a comedores escolares, no son los únicos puntos cuestionados desde los frentes opositores en la provincia. Con la llegada del nuevo ciclo lectivo otra novedad ingresó al espacio escolar.
Se trata de una disposición aprobada por el Gobernador, Daniel Scioli en el marco del nuevo Reglamento General de Instituciones Educativas de la provincia, que prohíbe la exhibición de símbolos religiosos en las escuelas públicas.
La determinación incluye el retiro de crucifijos e imágenes religiosas de los establecimientos educativos. Desde la Iglesia sostienen que ”Scioli accionó en nombre de una mal entendida discriminación y no hace más que vaciar a la sociedad de sus valores religiosos, de su cultura y de su tradición, que hace a la identidad nacional”.
Además, señalaron que “la medida es inconstitucional y lejos de no ofender a los no católicos, agravia a la inmensa mayoría de los argentinos”. Desde varias agrupaciones religiosas, invitaron a padres y alumnos a unirse a una petición dirigida a las autoridades provinciales para dar marcha atrás con la ordenanza.
En el capítulo II del reglamento que se refiere al proyecto educativo, el artículo 193 dice textualmente: “Prohíbese la colocación de símbolos religiosos o de partidos políticos, en el ámbito de los edificios escolares, excepción hecha de las escuelas de gestión privada confesionales con relación a los símbolos religiosos”. Como ex consejero general, Cebey recorrió durante varios años el territorio bonaerense para visitar escuelas y recuerda que en numerosos establecimientos públicos hay imágenes de vírgenes y crucifijos en pasillos y patios, del mismo modo que las hay en colegios estatales en otras provincias.
Los artículos 200, 201 y 202 establecen que las ceremonias de inauguración de una escuela, o la celebración de un aniversario del establecimiento o del uso de una bandera nueva, no podrán recibir más una bendición –obligatoria hasta ahora y que solía ser bajo el rito católico, con un cura u obispo-, salvo que se trate de un acto ecuménico y que haya sido resuelto por la comunidad educativa.

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