El “progreso” asfixia a Kronfuss

Una barriada tradicional quedó atrapada por la Nueva Terminal. Las casas no se demolieron porque son patrimonio histórico.
Las casitas quedaron empotradas en la estructura vidriada (M. Paiz).

El edificio de la Nueva Terminal cambió para siempre el cielo del pasaje (M. Paiz).

Un metro es lo que separa al promocionado progreso schiarettista de la historia. La línea del tiempo nunca podría haberlos visto tan cerca. Una barriada diseñada por Juan Kronfuss y la Nueva Terminal Bicentenario se besan en el bulevar Perón. En esa recta que marca hitos, distan uno de otro en 90 años. La Terminal está al final de la línea, Kronfuss, en los años ‘20.

Obreros, trabajadores del molino Letizia y de las canteras, ferroviarios. Ellos habitaron las 90 viviendas de la barriada original de la Córdoba de principios de siglo XX. Esa misma clase social es la que a principios del siglo XXI levantó la Nueva Terminal, edificio que terminó asfixiando en un rincón a 12 casas de ese sector del antiguo caserío.

En el corazón del Kronfuss de bulevar Perón, el cielo es confuso: bien arriba es celeste, con nubes y el sol, como cualquier cielo. Pero cuando se baja la vista, una superficie lisa y sólida le roba protagonismo al firmamento, lo duplica, imita su luz: son los vidrios de la estación Terminal.

Una reja solemne protege la entrada a ese pedazo vivo de la historia de la ciudad. Las veredas cambiaron, pero el empedrado del pasaje se conserva intacto. No hay timbre, los vecinos entran y salen. El pesado portón rechina. El traqueteo de las obras en las vías del Ferrocarril Belgrano predomina en el ambiente. Se siente el fluir del tránsito y los bocinazos que provienen de la calle, la creciente humedad de noviembre, pero dentro de la vecindad se vive una pausa a esa vorágine actual.

Es mediodía. El aroma a comida recién hecha perfuma a las 12 estructuras. Don Ledesma sale a ver quién anda en el callejón. Cuenta que él y su mujer hace 40 años que viven en el barrio y que no le molestaron mucho las obras por la nueva Terminal pero que no le gusta hablar del tema. Que prefiere dejar todo así.

Adentro, algunas puertas de madera están franqueadas por helechos, cada casa tiene su color, su personalidad. En la número nueve vive Teresa Leguizamón. Ella es de Formosa y hace cuatro años que está en la ciudad. Cuando llegó se instaló en barrio Colón, pero la cadena de acontecimientos que marcaron su presente la llevaron a vivir a barrio Kronfuss con su marido, sus tres hijos y su nieto.

Teresa atendió a Día a Día adentro de su casa. Desde la puerta de ingreso que da al pasaje hasta la cocina hay un patio angosto de paredes blancas. Desde ahí, se imponen los vidrios de la estructura de la Terminal Bicentenario y se siente el olorcito a cebolla de la comida que la mujer está preparando.

Teresa llegó a Kronfuss dos meses antes que comiencen las obras que terminaron encerrando al barrio y asegura que lo peor, el proceso de construcción, ya pasó.

“Para nosotros fue impresionante ver el avance de la obra. Fue admirable el trabajo de los obreros, porque trabajaron día y noche para terminar la estructura. Eso fue lo que molestó un poco: los ruidos a toda hora y el movimiento de tierra, que se sintió mucho. A nosotros se nos descascaró el techo”, contó señalando un pedazo roto de revoque que deja al descubierto los ladrillos de su casa.

Cecilia es una de las hijas de Teresa. La mujer explicó que ella también padeció un poco el trabajo de los obreros: “Le gritaban muchas cosas cuando salía de casa, no se desubicaban tanto, pero eran muchos”.

La familia de Teresa vino de Formosa por la educación de sus hijos. Tienen la idea de que los chicos, cuando terminen el colegio, ingresen a la universidad. El desarraigo costó, porque el marido de la mujer, que es pintor, no consiguió trabajo fácilmente y los chicos extrañaban a sus amigos de la vida.

En barrio Colón, los asaltaron tres veces, por eso decidieron buscar otro lugar para vivir. En Kronfuss, la situación de estos hijos adoptivos de Córdoba mejoró y esperan que todo siga así.

“Yo vendo comida casera, todo por encargo, y nos va muy bien con eso y el trabajo de mi marido. Una vez intenté entrar a vender a la Nueva Terminal pero la gente de seguridad me paró en la puerta y me dijo que nada de esto está permitido”, contó Teresa.

Entre la Nueva Terminal, la vecindad de Kronfuss parece ajena a la ciudad. De noche, las luces que iluminan los vidrios le dan otro aspecto a la zona. Avanzando hacia la Bajada Pucará hay una reja negra, detrás, un revocado gris de cemento opacó para siempre los colores de las viviendas, y a menos de un metro se eleva el colosal edificio donde llegarán turistas de todo el país, ambos, como signos de los tiempos que transcurren, en los que el “desarrollo” marca de cerca a la historia. Tanto, que ya le hace sombra.

¿Quién fue Juan Kronfuss?

Nació en Budapest y estudió arquitectura en Alemania. Llegó a Córdoba en 1915 y trabajó para la Dirección Provincial de Arquitectura. Diseñó el Hospital Misericordia, la Cárcel de Encausados y el edificio del Museo Caraffa. Además, estuvo a cargo del primer plan de viviendas de la Provincia, levantando un barrio de 90 casas que hoy lleva su nombre.

Este barrio está ubicado sobre la calle Agustín Garzón, muy cerca del complejo Dinosaurio del barrio San Vicente. Entre la estructura de la Nueva Terminal quedaron 12 casas que fueron diseñadas por este arquitecto. El proyecto de la obra fue armado para no tocar ninguna de las viviendas que están a metros de lo que fuera el Molino Minetti, porque son consideradas patrimonio histórico de la ciudad.

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