El programa estrella de Lula impulsa las chances de Dilma

El plan Bolsa Familia destina 1000 millones de dólares para erradicar la pobreza del país
GARANHUNS, Brasil.- Pernambuco nunca ha dejado de luchar contra la pobreza secular que ha mantenido a este estado del nordeste de Brasil en el vagón de cola del país.

Hace 100 años, las diferencias entre ricos y pobres se dirimían a balazo limpio. Eran los tiempos en que el famoso bandolero Lampião y las bandas de cangaceiros saqueaban a los hacendados que mantenían la región del sertão como un feudo medieval. Hoy, gracias a la política social del presidente Luiz Inacio Lula da Silva, la miseria va remitiendo en la zona más pobre y descuidada de Brasil.

Rosana do Nascimento tiene 27 años y un sueño en su vida: ser peluquera. En el barrio Heliópolis, de Garanhuns, en el Pernambuco natal de Lula, abundan las casas humildes como la de Rosana, una vivienda que comparte con sus dos hijos y otra familia de cuatro miembros.

"Gracias al programa Bolsa Familia he podido comprar cosas que antes no tenía, ahora recibo 112 reales [unos 70 dólares] mensuales y estoy aprendiendo el oficio de peluquera para poder tener un trabajo digno algún día", comenta Rosana, una de las 45.000 personas beneficiadas por los programas sociales del gobierno en Garanhuns (un tercio de la población).

Cuando Lula llegó al poder, se propuso como objetivo prioritario reducir la miseria y la pobreza en Brasil. Retomó algunos programas sociales que ya había puesto en marcha su antecesor, el socialdemócrata Fernando Henrique Cardoso, y multiplicó el presupuesto de ayudas sociales bajo la consigna de las tres comidas por día. "Vamos a garantizar que todo brasileño pueda, todos los santos días, desayunar, almorzar y cenar", fue su promesa apenas llegó al Palacio del Planalto en 2003.

Las condiciones

El programa Bolsa Familia -complementado por una serie de proyectos transversales de salud, vivienda y educación- beneficia a 12 millones de familias en todo Brasil, casi un tercio de la población.

A través de las agencias de Asistencia Social, las familias que tengan una renta per cápita por debajo de los 140 reales mensuales (85 dólares) e hijos menores de 18 años pueden pedir una ayuda que irán recibiendo mientras sigan en esa franja de renta mínima y cumplan con las condiciones que impone el programa. Dependiendo de su nivel de ingresos, una familia percibe entre 22 y 200 reales al mes en cualquier lugar del país.

"La familia tiene que cumplir requisitos relacionados con la salud, como el calendario de vacunas de los niños, y con la educación, con una asistencia a clase de por lo menos un 85%. Si no se cumplen esos requisitos, el gobierno suspende la transferencia de renta por unos meses o definitivamente si persiste la infracción", explica Mirtes Nunes, directora de Proyectos de la Secretaría de Asistencia Social de Garanhuns, en su oficina de esta ciudad del Nordeste brasileño conocida como la Suiza pernambucana, un vergel en medio del cuarteado paisaje del sertão .

Al ser un programa de transferencia directa de renta (con un presupuesto de cerca de 1000 millones de dólares), Bolsa Familia ha sido calificado de meramente "asistencialista" por algunos críticos, que alertan también sobre el fraude que puede generar si no se fiscalizan rigurosamente todos los ingresos de los solicitantes.

Para Nunes, esas críticas no tienen en cuenta que la mayoría de los beneficiados buscan, ante todo, insertarse en los mercados de trabajo y de consumo. "Nada es perfecto, pero estos programas tienen muchas más ventajas que desventajas. Los que lo califican simplemente de asistencialista olvidan que la ayuda económica no es lo más importante; los pobres, sencillamente, pasan a tener un reconocimiento social que antes no tenían", afirma.

Nunes recuerda que antes de que existiera el programa, si un pobre entraba en un banco para pedir un crédito, "lo echaban a patadas". "Ahora, ese pobre muestra su tarjeta de Bolsa Familia y le conceden un crédito sin problemas, y recibe, además, formación profesional para conseguir un empleo", explica la responsable local del Ministerio de Desarrollo Social.

Gracias a programas como Bolsa Familia, al crecimiento económico registrado en Brasil en los últimos años y al aumento significativo del salario mínimo, el número de pobres ha descendido un 10% anualmente, según la Fundación Getulio Vargas.

Hace ocho años, cuando Lula llegó al poder, había unos 50 millones de pobres en un país de más de 180 millones de habitantes. Cuando termine su mandato, habrá casi 20 millones menos, y se espera que para 2016, cuando Brasil organice los Juegos Olímpicos, la pobreza sólo afecte al 4% de la población, según varios estudios.

Dilma Rousseff, la candidata del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula, ha prometido que si gana las elecciones del 3 de octubre, no sólo mantendrá los programas sociales, sino que tratará de reforzarlos para seguir disminuyendo las tasas de pobreza.

En su casa de Garanhuns, doña Helena Oliveira espera que así sea. A sus 61 años, esta viuda lleva ocho años recibiendo ayudas gubernamentales. "A Dilma no la conozco, pero Lula es un santo y si él dice que hay que votar por ella, yo la votaré", cuenta entre risas. Como doña Helena, son principalmente las mujeres las que acuden a solicitar los beneficios de los programas sociales del gobierno.

El bandolero Lampião era considerado un Robin Hood por unos y un asesino despiadado por otros. Si viviera en el Pernambuco de hoy, es posible que cambiara las pistolas por las cartillas de asistencia social.

Seguramente, enviaría a su mujer, la legendaria María Bonita, a registrarse en el programa Bolsa Familia. Ambos murieron decapitados en 1938 tras una agitada vida fuera de la ley. Para su desdicha, en esa época Lula todavía no había nacido.

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