Profundo dolor por la muerte del policía baleado en barrio Victoria

Profundo dolor por la muerte del policía baleado en barrio Victoria
El policía Miguel Roa recibió un balazo en la cabeza cuando perseguía a dos delincuentes, quienes lograron escapar en ese momento, pero luego, uno de ellos fue detenido. El cómplice del detenido es intensamente buscado.
Escenas de profundo dolor se vivieron ayer en la despedida del efectivo de la Policía Miguel Roa, quien falleció el martes por la noche, tras agonizar durante siete días, luego de recibir un disparo en la cabeza cuando perseguía a dos asaltantes en el barrio Victoria.

En la sala velatoria de Pasaje Padilla 22, sus jefes y compañeros no salían del estupor que produce ver partir a un colega. Roa fue herido de gravedad el último 31 de octubre, tras evitar el asalto a una mujer. Cuando perseguía a los sospechosos, a pesar de estar de franco, uno de estos le efectuó un disparo en la cabeza, lo que finalmente desencadenó en el trágico desenlace, que enlutó a la fuerza de seguridad provincial. En el adiós al efectivo abatido, sus amigos y compañeros de servicio destacaron el accionar heroico de Roa, quien tenía 33 años y dejó a una esposa y dos pequeños hijos de 10 y 8 años, respectivamente.

El día del hecho, Miguel Roa se encontraba en el fondo de su casa y al observar como una vecina era abordada por dos delincuentes para asaltarla, tomó su arma reglamentaria, su moto y haciendo lo que había aprendido y por lo que seguramente se sentía orgulloso, trató de detener a los malvivientes, a pesar de estar de licencia. El efectivo, quien se desempañaba como motorista en el Comando Radioeléctrico, se identificó ante los delincuentes, quienes lejos de detener la marcha de la motocicleta en la que circulaban, emprendieron fuga. Al llegar a la intersección de Malabia y Pellegrini, en Barrio Victoria, los sospechosos perdieron el equilibrio y cayeron de la moto, por lo que trataron de escaparse a pie. Roa volvió a dar la voz de alto. Fue entonces cuando uno de los malvivientes sacó un arma y le efectuó el mortal disparo.

El deceso de Roa, tras una semana de agonía en el hospital Angel C. Padilla de la Capital, se produjo pasadas las 22.00 del martes.

El doctor Jorge Valdecantos, subdirector del centro asistencial, conversó brevemente con los periodistas sobre el trágico desenlace. “Teníamos esperanzas, porque el paciente no había sufrido muerte cerebral, aunque la heridas que tenía eran graves”. El galeno agregó que al mediodía del martes su estado se complicó con una disfunción respiratoria. “Desde ese momento se hizo todo lo posible para compensarlo, pero falleció pasadas las 22.00”, indicó el facultativo, quien estuvo en permanente contacto con la víctima y con su familia.

Un detenido

La misma noche del 31 de octubre, personal policial de la comisaría Trece, del Comando Radioeléctrico, de la Dirección de Investigaciones, el grupo Cero e Infantería, a cargo de los comisarios Víctor Hugo Ledesma (jefe de la seccional Trece) y Antonio Quinteros y Luis Medida, jefes de la URC, realizaron operativos para dar con los autores del hecho.

En Bernabé Aráoz al 3.300, lograron aprender a uno de los presuntos autores, un tal "Jonita Orellana", quien tenía en su poder dos armas de fuego. Una de calibre 22 largo (podría ser la utilizada para el asesinato) y otra de 9 milímetros. El detenido tiene varias causas pendientes con la Justicia y, como muchos otros, andaba libre.

Luego de las primeras declaraciones del delincuente, se logró identificar a su cómplice, un tal "Mudo Rano", también de múltiples antecedentes penales, quien todavía es intensamente buscado por la Policía.

Ayer fue un día de luto para la Policía de Tucumán y, a juzgar por los comentarios de nuestros lectores y por la repercusión que tuvo la noticia en las redes sociales, causó indignación e impotencia en la sociedad, que sigue esperando respuestas por el tema de la inseguridad, de la que nadie parece estar a salvo.

El dolor por la muerte de Roa se hizo sentir primero en su sepelio y más tarde cuando el cortejo fúnebre recorrió las calles de su querido barrio Victoria, el lugar que había elegido para vivir con su mujer y sus hijitos, y que paradójicamente lo vio morir.

El agente asesinado fue enterrado minutos después de las 18.00 de ayer en el cementerio Parque de la Paz, con todos los honores de un héroe.

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