Atilio Borón afirma que el modelo que aplica el kirchnerismo contiene elementos típicos de la época neoliberal, por lo que se impone su cambio, no su profundización.
Una cuestión central que se plantea como desafío para este período de Cristina Presidenta, es la reforma económica, destacó Atilio Borón en el primer segmento de la entrevista exclusiva que LA MAÑANA le realizó días atrás en el Centro Cultural de la Cooperación "Floreal Gorini", enclavado en la porteña Calle Corrientes a casi cuatro cuadras del emblemático Obelisco.
"A esta altura, muchas de las interpretaciones que se han hecho sobre el rumbo del gobierno, han insistido en la profundización del modelo, lo cual a mi juicio es un error muy serio: el modelo contiene elementos que son propios de la época en que fue gestado, la época neoliberal, y por lo tanto de lo que se trata, más que de profundizar el modelo, es de rectificar el rumbo", definió el sociólogo y politólogo, director del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales (PLED).
"Este modelo supone una recompensa al capital financiero, que me parece absolutamente inconveniente y que debería ser al menos interrumpida, si no suspendida de lleno. La legislación tributaria argentina es arcaica, y responde al momento fundacional del modelo, que son los años noventa. La renta financiera está exenta del pago de impuestos, mientras que el salario de los trabajadores está sometido al impuesto a la ganancias", recordó Borón, durante este contacto periodístico que tuvo espacio en su oficina privada en el quinto piso del Centro Cultural.
A propósito de correcciones, "hay un proyecto del diputado Carlos Heller, que está ahí hace un par de años, y que me parece fundamental. Esa ley lo que haría no es profundizar el modelo sino cambiarlo", señaló Borón, en referencia a la ley de Entidades Financieras.
Acerca de reformas económicas, Borón criticó que "no tenemos un estado que controle la actividad minera. Las compañías pagan lo que quieren, y punto. Yo creo que eso constituye un error muy serio, y ahí se advierte el defasaje entre lo que la sociedad quiere y necesita, y lo que finalmente produce la gestión gubernamental".
Obviamente que la derecha empresarial no va a reclamar una reforma económica como la que usted enuncia. ¿El común de la sociedad, en líneas generales, sí la reclama?
-La gente sabe, aunque no hay toda la discusión que debería darse. La gente se queja de que le reduzcan su salario aplicándole el impuesto a las ganancias; la gente contempla con mucha bronca que las ganancias producidas por operaciones especulativas en la bolsa o en el sistema bancario no estén gravadas. No tienen la concepción teórica ni tal vez la arquitectura legal de lo que debería hacerse, pero la gente sabe que esto es injusto. Que es injusto que se pague el veintisiete por ciento de IVA en algunos rubros de la telefonía, siendo que la telefonía celular en la Argentina es mucho más importante que la otra. Al mismo tiempo, está la convicción en la gente, convicción que es correcta, de que las grandes empresas y las grandes fortunas en este país pagan mucho menos impuestos en relación a lo que deberían pagar. Los cambios requeridos no se lograrán profundizando este modelo, sino cambiándolo.
Minería: "la política del gobierno es dejar hacer"
Lo que sí ha tenido más prensa, y que es otra cuestión que se le señala como pendiente al kirchnerismo, es el manejo de los recursos naturales. El emblema han sido Famatina y la minería a cielo abierto. Tal vez porque a la derecha le convenga difundirlo, pero el tema sí ha hecho más carne en la sociedad.
-Yo creo que sí hay una política del gobierno al respecto: permitir la minería a cielo abierto, la megaminería con mínimas restricciones por parte del estado. Yo estoy a favor de la explotación minera, pero me pregunto: ¿por qué la Barrick Gold no utiliza en la Argentina las mismas técnicas extractivas que emplea en Canadá y en Europa? ¿Por qué allá no separa el oro con cianuro y aquí sí? Claro, acá es mucho más rentable hacerlo así, pero a la vez es mucho más dañino para el medio ambiente y la población. Yo hasta llegaría a apoyar la megaminería, pero en condiciones que hagan al respeto al medioambiente y a las poblaciones. Y eso no se cumple.
Hay una política tácita de dejar hacer. Acá hay una política absurda: permitir que salgan como escombros materiales y minerales estratégicos de enorme valor. Es un arreglo que hicieron la Barrick y las otras empresas, que les permite sacar del país una serie de minerales estratégicos sin pagar un centavo. Lo único que recibimos es un dos por ciento por la explotación del oro, como regalía. Eso debe corregirse de inmediato.
Un fenómeno político "muy paradojal"
¿Cómo ve al kirchnerismo enfrentando esos desafíos?
-Yo creo que el kirchnerismo es un fenómeno político muy paradojal. Porque tendría la posibilidad de producir cambios muy importantes que le permitirían dar una vuelta en las páginas de la historia argentina, y sin embargo no lo hace. Han hecho cambios muy importantes en algunos terrenos, como la modificación en la composición de la Corte Suprema, la asignación universal por hijo, la estatización de las AFJP. Sin embargo, en algunas cuestiones económicas han sido mucho más dubitativos. Por ejemplo el tema de la sojización, ese famoso yuyito que decía la presidenta, pero resulta que casi el sesenta por ciento de la tierra agrícola argentina está dedicada al yuyito, y no nos conviene. Primero, porque la expansión muy fuerte de un cultivo así tiene costos muy altos sobre la fertilidad de la tierra.
El kirchnerismo hizo cosas importantes, pero tiene que seguir haciendo cambios. La Argentina no tiene una política industrial, no tiene una política de desarrollo agropecuario, no tiene una política en minería. Toman medidas puntuales, bienintencionadas, pero lo que más cuenta son otros aspectos, que tengan que ver con la coherencia de un programa de gobierno y de transformaciones. Creo que tiene este gobierno una legitimidad muy grande como para hacer todos esos cambios, y el momento es el 2012, porque en 2013 estará muy complicado todo.
Por otra parte, no podemos seguir teniendo una mentira institucionalizada en el INDEC, esto es algo que como analista hasta me da vergüenza seguir marcando. (…) Así como está, el INDEC no le sirve al gobierno. Una de las primeras víctimas del fraude del INDEC es el propio gobierno, que no tiene números realistas sobre los cuales proyectar políticas económicas. Son cuestiones incomprensibles, por eso decía que es paradojal la situación del kirchnerismo: puede hacer grandes cosas, tiene legitimidad, tiene apoyo, la oposición no ofrece una alternativa real a este gobierno, cuenta con el respaldo por primera vez en muchos años de un amplio segmento de intelectuales argentinos… Hay medidas paliativas que son muy importantes, pero no hay medidas de fondo. El ataque la pobreza significa un plan de desarrollo nacional, ¿y cuál es ese plan?
(…) Este es un estado muy pobre. El CONICET, desde que se creó está en dos casas, dos edificios de departamentos en la zona de Congreso. Tendría que tener un edificio propio, no reformar las viejas bodegas Giol. En otros países, como México o Brasil e inclusive en un país más pobre que el nuestro, pero muy digno, como Ecuador, han hecho edificios impresionantes para albergar el núcleo del sistema científico. Nosotros estamos poco menos que remendando unos conventillos en la calle Godoy Cruz…
"Al kirchnerismo hay que exigirle mucho más que antes"
¿Ve alguna expresión política superadora del kirchnerismo, hoy?
-Hoy por hoy, hoy por hoy, no se ve. No hay una oposición de izquierda superadora al kirchnerismo. Lo cual no quiere decir que no pueda pensarse algo. Y yo creo que entonces la misión es impulsar fuertemente al gobierno, para que adopte algunas medidas que tiene que adoptar.
Es el momento de exigirle más que nunca, cree usted, porque ahora 'el enfermo está mucho más fuerte', no es el 2003.
-Mucho más que antes hay que exigirle, mucho más que antes.
También le pregunto porque desde espacios kirchneristas o afines a, suele sostenerse que si le pegás fuerte al kirchnerismo, le hacés el juego a la derecha.
-Nooo, eso es una tontería. Yo a ese chantaje no lo acepto, que nadie me lo haga personalmente porque pasaría un papelón.

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